San Agustín de Hipona.

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!

Y ves que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo mas yo no lo estaba contigo. reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no serían.

Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y abraséme en tu paz.

 

Mística de la Eucaristía. Bibliografía


“En la Sagrada Escritura la palabra cena se usa mucho. Ha quedado con un sabor profundo; por ejemplo, la cena del Apocalipsis: “He aquí que estoy a la puerta y llamo. Si tú me abres la puerta, yo entraré y cenaré contigo, y tú cenarás conmigo”. Es invitación de entregas mutuas. Jesucristo pide que se le invite. El va a invitar. Yo te voy a dar de lo mío y tú me das de lo tuyo. Vamos a fundirnos. Esa cena tiene un sabor profundo de Eucaristía. No puede haber banquete que pueda superar al de la Eucaristía. Tener como alimento al Hijo de Dios, como anfitrión al Hijo de Dios, como aderezador de todo al Hijo de Dios, como acomodador al Hijo de Dios. Él tiene todos los papeles en este Banquete; da la vida, el aguan, el pan… Sacia, nutre, mantiene, da vida eterna, invita, llama, prepara… Él todo. Estamos tan acostumbrados a este misterio que casi no caemos ni en la cuenta de él. Hay que estar bien despiertos a la realidad profunda de este misterio. Nos hemos familiarizado con él como con el aire que respiramos”.

“La Eucaristía tiene la dinámica de Dios, y Dios se mueve con toda su libertad eterna y mira a los hombres y maneja el mundo desde la Eucaristía. Hace falta mucho amor para haber inventado este don; un amor fuera de serie, que nos desborda.

Si los hombres tiene miedo al misterio de la Eucaristía, es porque no tienen capacidad de amar”

Madre Teresa María de Jesús, OP, sierva de Dios