Pedir la Gracia de sobrepasar el desprecio humano

 

“Hija mía, cuando estaba ante Herodes he obtenido para ti la gracia de saber elevarte por encima del desprecio humano y de seguir fielmente mis pasos.
Calla cuando no quieren reconocer tu verdad, ya que así eres más convincente.” (D. 1164)

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Practicad pues la Misericordia terrena y recibireis la Misericordia celestial . Bibliografia

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.”Dulce es el nombre de misericordia, hermanos muy amados; y, si el nombre es tan dulce, ¿cuánto más no lo será la cosa misma? Todos los hombres la desean, mas, por desgracia, no todos obran de manera que se hagan dignos de ella; todos desean alcanzar misericordia, pero son pocos los que quieren practicarla.

Oh hombre, ¿con qué cara te atreves a pedir, si tú te resistes a dar? Quien desee alcanzar misericordia en el cielo debe él practicarla en este mundo. Y, por esto, hermanos muy amados, ya que todos deseamos la misericordia, actuemos de manera que ella llegue a ser nuestro abogado en este mundo, para que nos libre después en el futuro. Hay en el cielo una misericordia, a la cual se llega a través de la misericordia terrena. Dice, en efecto, la Escritura: Señor, tu misericordia llega al cielo.

Existe, pues, una misericordia terrena y humana, otra celestial y divina. ¿Cuál es la misericordia humana? La que consiste en atender a las miserias de los pobres. ¿Cuál es la misericordia divina? Sin duda, la que consiste en el perdón de los pecados. Todo lo que da la misericordia humana en este tiempo de peregrinación se lo devuelve después la misericordia divina en la patria definitiva. Dios, en este mundo, padece frío y hambre en la persona de todos los pobres, como dijo él mismo: Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. El mismo Dios que se digna dar en el cielo quiere recibir en la tierra.

¿Cómo somos nosotros, que, cuando Dios nos da, queremos recibir y, cuando nos pide, no le queremos dar? Porque, cuando un pobre pasa hambre, es Cristo quien pasa necesidad, como dijo él mismo: Tuve hambre, y no me disteis de comer. No apartes, pues, tu mirada de la miseria de los pobres, si quieres esperar confiado el perdón de los pecados. Ahora, hermanos, Cristo pasa hambre, es él quien se digna padecer hambre y sed en la persona de todos los pobres; y lo que reciba aquí en la tierra lo devolverá luego en el cielo.

Os pregunto, hermanos, ¿qué es lo que queréis o buscáis cuando venís a La iglesia? Ciertamente la misericordia.Practicad, pues, la misericordia terrena, y recibiréis la misericordia celestial. El pobre te pide a ti, y tú le pides a Dios; aquél un bocado, tú la vida eterna. Da al indigente, y merecerás recibir de Cristo, ya que él ha dicho: Dad, y se os dará. No comprendo cómo te atreves a esperar recibir, si tú te niegas a dar. Por esto, cuando vengáis a la iglesia, dad a los pobres la limosna que podéis, según vuestras posibilidades.

Autor: San Cesáreo de Arlés. Sermón 25,1

San Pío Pietrelcina

Hay que asistir a los funerales y hay que celebrar una Santa Misa por el difunto; es necesario ser respetuosos con el cuerpo muerto y con el alma inmortal.

Muchos amaron a San Pío de Pietrelcina y, algunos de la misma Iglesia Santa, lo odiaron hasta no dar veracidad en sus informes ante el Papa Pío XI. Pero todo se llega a saber en este mundo y los Santos sólo viven para Dios y, mientras son castigados por el hombre, ellos, en su penitencia sin pecado, ayudan a salvar al mundo, y Dios lo permite todo para el bien de la Santa Madre Iglesia Católica.

La Historia nos muestra una vez más que Dios gana, como siempre va a ganar, y que las fechorías de los que no obran bien, siempre las aprovecha Nuestro Señor Jesús para dar más bendiciones al mundo.

Aprendemos de San Pío de Pietrelcina que sufrir por Dios siempre lleva su gratificación: Es Santo. ¡Aleluya!

P. Jesús