Solemnidad de Corpus Christi. Bibliografía

La promesa de Cristo de estar junto a nosotros hasta el fin del mundo encuentra un modo de realización inaudita en el acontecimiento sacramental de la Eucaristía. Para nuestro cansancio, para saciar el hambre y la sed del hombre caminante hacia la tierra prometida, el Señor se queda entre nosotros como Don de Sí mismo en su cuerpo entregado y en su sangre derramada.

Si cada domingo la Iglesia celebra la Eucaristía y recibe a Cristo como Palabra viva y Pan de vida eterna, hoy, fiesta del Corpus Christi, queremos celebrar con mayor solemnidad esta realidad cotidiana y luminosa de la proximidad del Señor en el sacramento del Pan eucarístico.

Porque eso es la Santa Eucaristía: el Sacramento de la proximidad y cercanía de Dios. Pareciera que a Dios no le bastó con el descenso de su Encarnación en el seno de santa María Virgen. Él sigue descendiendo en la fragilidad minúscula de la hostia consagrada, para internarse en el centro de nuestra vida.

Cuando llevamos a Jesús sacramentado por nuestras calles… deberíamos tomar conciencia de que Él es el Camino de la Verdad y de la Vida por el cual hemos de transitar. El Camino se hizo carne para empalmarse en los caminos oscuros de nuestra existencia y mostrarnos el fin del camino que es la comunión en su Misterio…

Como dijo alguna vez el papa Benedicto XVI: “La Eucaristía es el sacramento del Dios que no nos deja solos en el camino, sino que se pone a nuestro lado y nos indica la dirección”.

Celebramos el Santísimo Sacramento, cautivos por la mirada de Aquél que lo habita con la plenitud de su misericordia y nos mira desde este “sacramento admirable”, como lo llama la oración colecta del día.

Día de oración contemplativa… que nos lleva a “venerar de tal manera los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que podamos experimentar siempre en nosotros los frutos de tu redención…”, como le expresa con sonora belleza la oración litúrgica de la solemnidad.

Si el cristiano se define como aquél que ha sido alcanzado por el amor desbordante del Cristo que pasa, la Eucaristía celebrada cada vez con mayor fervor y lucidez creyentes, nos permitirá experimentar la actualidad de este Amor revolucionario que nos llega en el altar como Cuerpo y como Sangre entregados…

Como enseña Santo Tomás: “el efecto propio de este Sacramento es la conversión del hombre en Cristo, para que diga con el apóstol: “vivo no yo, sino Cristo vive en mí”. Entonces, si la Eucaristía nos transfigura en aquello que recibimos, es decir, nos hace ser pan bendito para el hermano… entonces, podemos afirmar que esta celebración del sacrificio eucarístico es también un compromiso: don y compromiso.

El evangelio de la multiplicación de los panes, en la versión de Lucas, nos mueve también a esta reflexión: miramos al Señor presente en el Santísimo Sacramento del altar, pero sin distraernos del mirar a esas otra presencias sacramentales del Señor, arropado con la pobreza, el dolor, la enfermedad de tantos que pasan por la misma vereda de nuestra casa.

Por tanto, celebrar la Eucaristía y venerar la majestad del Dios abajado en los nuevos pesebres del altar, nos implica e involucra en ese dinamismo de entrega y de servicio con el que vivió Jesús hasta el calvario.

P. Claudio Bert

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s