La Comunión. Bibliografía del P. Bert

El Santo Cura de Ars decía un día a su auditorio: “¿Hemos meditado en el amor por el cual ha sido devorado el corazón del viejo Simeón? Él había suplicado al buen Dios de ver al salvador de Israel… Pasó 50 años en esta espera… Cuando José y María llevaron al templo a Jesús, Dios le dijo: ¡Aquí está! Tomando al Niño Jesús en sus brazos, lo estrechó sobre su corazón inflamado y abrasado de amor. Dijo entonces a Dios que ya estaba pronto a morir. Después entregó a Jesús a su madre. Lo pudo sostener sólo un instante.

Pero nosotros hermanos, ¿no somos mucho más felices que Simeón? No lo sostenemos solamente un instante: nosotros podemos guardarle siempre, si lo deseamos.

Él no viene únicamente a nuestros brazos, sino a nuestro corazón. ¡Hombre, qué feliz eres, pero qué poco comprendes tu felicidad! Si tú la comprendieras, no podrías vivir, tú morirías de amor… ¡Oh inmensa felicidad!

Alma mía, ¡qué grande eres, porque no existe nada fuera de Dios que te pueda colmar! ¡El alimento del alma, es el Cuerpo y Sangre de un Dios! ¡Qué bello alimento! Es algo que si uno pensara en ello, podría uno perderse eternamente en este abismo de amor.

El que comulga se pierde en Dios como una gota de agua en el océano. Se le podría preguntar: ¿a quién te llevas a tu casa? Podría responder: ¡Me llevo al cielo!

¡No hay nada más grande que la Eucaristía, hijos míos! Coloquen todas las obras del mundo frente a una comunión bien hecha, eso sería como un grano de arena delante de una montaña.

¡Comulguen, vayan a Jesús con amor y confianza! ¡Vayan a vivir de Él para vivir para Él!”

 

 

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