Modelo de amor en la Santidad. San Luis Gonzaga.

Altisimo  fue el grado de santidad que había alcanzado en la vía de la inocencia. No le atraía nada terrenal, vivía en contemplación y todas sus acciones eran plenamente conformes con los designios divinos.

“Al atardecer de esta vida, te examinarán en el amor”.4 Es a este amor, en una total entrega, al que Dios nos llama desde nuestra juventud, tal como lo hizo con el joven rico del Evangelio: “Ven y sígueme” (Mt 19, 21). Que la juventud actual —tan carente de modelos a seguir y tan confundida acerca del amor— no tome la actitud del joven rico, que se entristeció por tener que desapegarse de las cosas de este mundo, sino que se encuentre con el ejemplo de su patrono, San Luis Gonzaga.

A eso incentivó el recordado Papa Juan Pablo II, al dirigirse a los jóvenes de Mantua: “San Luis es sin duda un santo a ser redescubierto en su alta estatura cristiana. Es un modelo indicado también para la juventud de nuestro tiempo, un maestro de la perfección y un experimentado guía hacia la santidad. ‘El Dios que me llama es Amor —se lee en uno de sus apuntes—, ¿cómo puedo circunscribir este amor, cuando para hacerlo sería demasiado pequeño el mundo entero?’”.5

(Revista Heraldos del Evangelio, Junio/2010, n. 102, pag. 34 a 37)

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Tu Amor lo puede todo.

“No me preocupa nada, Dios mío; lo único que sé es que deseo amarte. Deseo que mi voluntad desaparezca en la tuya. Deseo ser un solo espíritu contigo. Deseo llegar a ser tus propios deseos y pensamientos. Deseo vivir en medio de tu Trinidad y alabarte con las llamas de tu propia alabanza. Sabiendo todo esto, Dios mío, ¿Por qué me dejas sólo en mi autosuficiencia, en mi vanidad y en mi orgullo, en lugar de arrastrarme al centro mismo de tu amor? No te demores más, Dios mío, en hacerme santo y una sola cosa contigo, en vivir en mí. Y si ello exige sacrificio, Tú me darás el coraje necesario para hacer todos los sacrificios del mundo. Tú me consumirás en tu propio e inmenso amor. No te asuste, pues, mi debilidad, oh Dios, porque Tú lo puedes todo. Yo creo en tu amor por encima de todas las cosas y he olvidado todo lo demás (es decir, quisiera olvidarlo). Vivo para tu amor, con tal de que Tú lo quieras”.

                                                                               Thomas Merton “Diálogos con el silencio”

El compañero del Camino.

“Después de que los dos discípulos reconocieron a Jesús en la posada de Emaús, Jesús <desapareció de su presencia> (Lucas 24,31). El reconocimiento y la desaparición de Jesús son uno y el mismo acontecimiento al mismo tiempo. ¿Por qué? Porque los discípulos cayeron en la cuenta de que Jesús… vivía en ese momento EN ellos…que se habían convertido en portadores de Jesús. Por tanto, Jesús no está ya sentado al otro lado de la mesa, como un extraño… Ha llegado a ser UNO con ellos. Les ha dado su propio Espíritu de Amor. El compañero de viaje se ha convertido en el compañero del alma. Ellos están vivos, pero no son ya ellos mismos, sino Cristo viviente en ellos.”

HENRI NOUWEN