En memoria de San Ignacio de Loyola. Bibliografia

 

Consejos de San Ignacio a San Francisco Javier

A grandes empresas vas y no hay peligro más cierto que éste de que, arrebatado por el afán del suceso, se te derrame por fuera lo que debes guardar dentro.
La vida interior importa más que los actos internos; no hay obra que valga nada si no es del amor reflejo.
La rosa quiere cogollo donde se agarren sus pétalos. Pídele a Dios cada día oprobios y menosprecios, que a la gloria aun siendo gloria por Cristo, le tengo miedo.
Cada mañana tendrás, con la Señora, algún tierno coloquio, donde le digas esos dolores secretos que a la Madre se le dicen de modo más desenvuelto, que no al Padre, que por ser el Padre, da más respeto.
Mézclame, de vez en cuando, en el trabajo requiebros y jaculatorias breves, que lo perfuman de incienso. Ni el rezo estorba al trabajo, ni el trabajo estorba al rezo.
Trenzando juncos y mimbres se pueden labrar a un tiempo, para la tierra un castillo, y un rosario para el cielo.
Escríbeme, por menudo, tus andanzas y sucesos: ni los agrandes por vano, ni los calles por modesto, que de Dios serán las glorias y tuyos todos los yerros.
De “El Divino Impaciente”: José M. Pemán (1897-1981)

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San Ignacio de Loyola. 31 de Julio. Bibliografia

De una carta del Santo a sor Teresa Rejadell (Venecia, 18 junio 1536)

(…) “de dos lecciones que el Señor acostumbra dar o permitir. La una da, la otra permite; la que da es consolación interior, que echa toda turbación, y trae a todo amor del Señor; y a quiénes ilumina en tal consolación, a quienes descubre muchos secretos, y más adelante. Finalmente, con esta divina consolación todos trabajos son placer, y todas fatigas descanso. El que camina con este fervor, calor y consolación interior, no hay tan grande carga que no le parezca ligera; ni penitencia, ni otro trabajo tan grande, que no sea muy dulce. Esta nos muestra y abre el camino de lo que debemos seguir, y huir de lo contrario; ésta no está siempre en nosotros, mas camina siempre sus tiempos ciertos según la ordenación [ divina]; y todo esto para nuestro provecho; pues, quedando sin esta tal consolación, luego viene la otra lección, es a saber: nuestro antiguo enemigo poniéndonos todos inconvenientes posibles por desviarnos de lo comenzado, y tanto nos veja, y todo contra la primera lección, poniéndonos muchas veces tristeza sin saber nosotros por qué estamos tristes, ni podemos orar con alguna devoción, contemplar, ni aún hablar, ni oír de cosas de Dios Nuestro Señor con saber o gusto interior alguno; que no sólo esto, mas, si nos halla ser flacos, y mucho humillados a estos pensamientos dañados, nos trae pensamientos, como si del todo fuésemos de Dios Nuestro Señor olvidados; y venimos en parecer que en todo estamos apartados del Señor nuestro; y cuanto hemos hecho, y cuánto queríamos hacer, que ninguna cosa vale; así procura traernos en desconfianza de todo, y así veremos que se causa nuestro tanto temor y flaqueza, mirando en aquel tiempo demasiadamente nuestras miserias, y humillándonos tanto a sus falaces pensamientos. Por donde es menester mirar quién combate: si es consolación, bajarnos y humillarnos, y pensar que luego viene la prueba de la tentación; si viene la tentación, oscuridad o tristeza, ir contra ella sin tomar resabio alguno, y esperar con paciencia la consolación del Señor, la cual sacará todas turbaciones, tinieblas de fuera”.

Obras Completas de San Ignacio de Loyola, Cartas, pp 661-662 (BAC)

La perfección que es amor. Bibliografía

 

“La perfección no es para quienes se esfuerzan por sentir, parecer y actuar como si fueran perfectos: es únicamente para quienes son plenamente conscientes de que son pecadores, como el resto de los seres humanos, pero pecadores amados, redimidos y cambiados por Dios. La perfección no es para quienes se aíslan en las torres de marfil de una imaginaria impecabilidad, sino únicamente para quienes se arriesgan a empañar su supuesta pureza interior, sumergiéndose plenamente en la vida como hay que vivirla inevitablemente en este imperfecto mundo nuestro: la vida con sus dificultades, sus tentaciones, sus decepciones y sus peligros. La perfección no es tampoco para quienes viven sólo para sí mismos y se ocupan únicamente del embellecimiento de sus almas. La santidad cristiana no es meramente un asunto de recogimiento u oración interior. La santidad es amor: el amor de Dios por encima de todos los demás seres, y el amor a nuestros hermanos en Dios. Tal amor exige, en último término, el completo olvido de nosotros mismos”

Thomas MERTON, “LA VIDA SILENCIOSA”

Oración de la Madre Teresa a la Santísima Virgen

“Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio y reclamando Vuestro Socorro, haya sido desamparado por Vos.
Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las Vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos.
Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas ante la necesidad, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.”

María y Marta….la mejor escucha Es la palabra del Señor

 

“Marta y María son dos hermanas; tienen también un hermano, Lázaro, quien en este caso no aparece. Jesús pasa por su pueblo y —dice el texto— Marta le recibió (cf. 10, 38). Este detalle da a entender que, de las dos, Marta es la mayor, quien gobierna la casa. De hecho, después de que Jesús entró, María se sentó a sus pies a escucharle, mientras Marta está completamente ocupada en muchos servicios, debidos ciertamente al Huésped excepcional. Nos parece ver la escena: una hermana se mueve atareada y la otra como arrebatada por la presencia del Maestro y sus palabras. Poco después, Marta, evidentemente molesta, ya no aguanta y protesta, sintiéndose incluso con el derecho de criticar a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Marta quería incluso dar lecciones al Maestro. En cambio Jesús, con gran calma, responde: «Marta, Marta —y este nombre repetido expresa el afecto—, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada» (Lc 10, 41-42). La palabra de Cristo es clarísima: ningún desprecio por la vida activa, ni mucho menos por la generosa hospitalidad; sino una llamada clara al hecho de que lo único verdaderamente necesario es otra cosa: escuchar la Palabra del Señor; y el Señor en aquel momento está allí, ¡presente en la Persona de Jesús! Todo lo demás pasará y se nos quitará, pero la Palabra de Dios es eterna y da sentido a nuestra actividad cotidiana”.

Papa Benedicto XVI, Angelus 18 de julio 2010

Santa Marta de Betania. Bibliografía

Memoria de santa Marta, que recibió en su casa de Betania, cerca de Jerusalén, a Jesús, el Señor, y muerto su hermano Lázaro, proclamó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que has venido al mundo».

Hermana de Lázaro y María. La primera vez que aparece en el Evangelio parece una mujer decidida. Algunos historiadores piensan que era la mayor de los tres hermanos, sencillamente porque san Lucas dice que “por el camino entró Jesús en una aldea, y una mujer de nombre Marta lo recibió en su casa”. En esta ocasión Marta se convertirá en el símbolo de la persona que se atarea en las cosas. “Señor, ¿no te importa nada que mi hermana me deje sola para hacer todo? ¿Por qué no le dices que me ayude?…”. “Marta, Marta, te inquietas y te agitas por mucho, por demasiadas cosas. Sólo una tiene valor, María ha elegido la parte mejor, que no le será quitada”.

La segunda vez es cuando había muerto Lázaro y le pidió a Jesús que resucitase a su hermano (Lc 10,38, Jn 11,2). Ante la incredulidad de Marta de que Jesús pueda resucitar a su hermano, Jesús le dijo: “¿No te he dicho que si crees, verás?”. Y del corazón de Marta brotó una profunda confesión de fe: “Si, Señor; yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir al mundo”.

La tercera vez aparece de nuevo sirviendo. Dice san Juan que “seis días antes de la Pascua fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quién había resucitado de la muerte. Le ofrecieron allí una cena. Marta servía”. La tradición dice que se fue a Marsella, con sus hermanos y santa María Magdalena, y terminó en Provenza, donde se creyó que su cuerpo fue encontrado en Tarascón y de aquí surgió la leyenda. Patrona de Tarascón. MEMORIA OBLIGATORIA.

 

Oración litúrgica en la memoria de Santa Marta

“Dios todopoderoso y eterno, cuyo Hijo quiso aceptar la hospitalidad que santa Marta le ofreció en su casa, haz que nosotros, por intercesión de esta santa, estemos siempre dispuestos a servirte en cada uno de nuestros hermanos y así merezcamos ser recibidos por ti en las moradas eternas, al final de nuestra vida. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén”.