El Corazón de Jesús está transfigurando las almas. Bibliografia

“Y se transfiguró” (Mt 17, 2)

He meditado el misterio de la Transfiguración de nuestro Señor Jesucristo delante del Sagrario, y ante mi alma han desfilado sus cuatro transfiguraciones.

Os las voy a expresar deseoso de que aprendáis a decir más oportunamente que san Pedro. “¡Qué bien se está aquí, Señor!”.

 

La transfiguración de la pobreza

Es la primera que observo en Jesucristo hombre. ¿Quién adivinará al Jesucristo Verbo y Sabiduría de Dios, majestad y grandeza infinita, en el Niñito desnudo de Belén, abrigado con las pajas que no han querido comer las bestias y acostado en un pesebre abandonado?

¿Quién acierta a descubrir grandezas de Rey y magnificencias de Dios en aquellas escaseces de la media noche de Belén?

Es que la pobreza, llevada a un rigor cual nadie la había probado, está transfigurando a Jesús.

 

La transfiguración del dolor

Y en la calle de la Amargura y en el Calvario a las tres de la tarde del Viernes, ¿quién se atreverá a asegurar que aquella llaga viva desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza, aquel gusano y no hombre, era el Hijo bello de la hermosa Nazarena y el más hermoso de los hijos de los hombres?

Es que el dolor, concentrado en una acerbidad inaudita, está transfigurando a Jesús.

 

La transfiguración de la humildad

En Belén, aun a través de los pañales y las pajas de la pobreza, se veían unos ojos del cielo y se besaban unas manos tiernas y blancas… En el Calvario, por entre los labios cárdenos y la lengua seca por la calentura, se escapaba un aliento, debajo del pecho lastimado y desgarrado se sentía palpitar un Corazón.

En la sagrada Eucaristía ni se ven los ojos, ni se besan manos, ni se perciben alientos ni palpitaciones…

El Hermoso no se ve… , la Palabra de Dios no se oye, el Poder de Dios no se mueve, el Amor no suspira… y, sin embargo, el Hermoso, el Verbo, el Poder, el Amor, está allí, como estaba tiritando de frío en Belén, como estaba sediento de amores en la Cruz… Sí, sí, me lo dice mi fe, mi conciencia, hasta este mismo silencio del Sagrario me dice que está ahí Jesús transfigurado por la humildad.

Sí, sólo una humildad infinita ha podido tener perpetuamente callada en la tierra la Palabra viva de Dios.

 

La transfiguración de la gloria

Es la que a todos nos gusta más meditar: Jesucristo en lo alto de la montaña, resplandeciente el rostro como el sol y blancas, con blancura de nieve, las vestiduras, ¡qué atrayente, qué claramente Dios aparece!

Y mirad lo que hacen los hombres con ese Jesucristo transfigurado.

Cuando el Evangelio va presentado las tres primeras transfiguraciones o desfiguraciones, ¡el silencio! es el único comentario que van poniendo los hombres; cuando describe la transfiguración de la gloria, entonces sí, y con una prisa que contrasta con el silencio de antes, prorrumpen por boca de Pedro en ese grito:

¡Aquí sí que se está bien, Señor, quedémonos aquí para siempre…!

¡Qué hermanos son aquel silencio y este grito!, ¿verdad?

El Maestro no ha respondido nada a la invitación de Pedro; como se calla delante de todos los que sólo están a gusto con Él cuando les regala dulzuras.

El Maestro sólo responde, y con respuestas de dulzuras inefables y de bendiciones de fortaleza y de esperanzas, a los que, transfigurados como él en la tierra por la pobreza y el dolor, se van al Sagrario de las transfiguraciones de su humildad y, con el mismo ardimiento y la misma prisa que san Pedro, le dicen:

¡Bien se está así, Señor, déjame estar transfigurado todo el tiempo que tú quieras!

Y allí se quedan, en espíritu por lo menos, repitiendo el “Bien se está aquí” y saboreando con el ala la palabra de esperanza de San Pablo:

“Nosotros aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo, Él transformará nuestro cuerpo humilde según el modelo de su cuerpo glorioso” (Flp 3,20-21). ¡Bendito el Sagrario de nuestras transfiguraciones!

Beato MANUEL GONZÁLEZ, obispo
Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario

Anuncios

Celebrar el cumpleaños de la Madre de Dios. Bibliografia


Como Iglesia festejamos el cumpleaños de la Virgen el día 8 de setiembre. Sin embargo, en apariciones como Medjugorje y otras, Ella ha manifestado que la fecha real fue un 5 de agosto. María nos expresa así su deseo de que se festejen ambas fechas, y siendo Ella una Madre Celestial, ¿cómo podríamos no acceder a su pedido?

Lo curioso es que es la propia Madre de la Iglesia la que nos hace un regalo, festejando su cumpleaños. Ella nos trae al Niño Jesús, nos lo ofrece como signo de Maternidad Divina, porque es en Él en que nos hacemos hermanos del Unigénito del Padre, e hijos de Su mismísima Madre. ¿Y cuáll es el regalo que le haremos entonces? La Virgen sigue invitándonos a seguir sus pasos, pasos de amor que nos mueven a su Hijo, Niño Dios, Hombre Dios, Amigo y Compañero, Hermano y Verbo Divino.

Jesús Señor nuestro, danos la alegría de poder hacer sonreír a Tu Madre, haznos niños pequeños que muevan sus corazones hacia Tu Sagrado Corazón, a través del Inmaculado Corazón de la Reina del Cielo y la tierra.

P. Claudio Bert. (1962-2017)

Fé, Oración y confianza.


“A Dios le pedimos muchas curaciones de problemas, de necesidades concretas, y está bien hacerlo, pero lo que debemos pedir con insistencia es una fe cada vez más sólida, para que el Señor renueve nuestra vida, y una firme confianza en su amor, en su providencia que no nos abandona. ”

Debemos mirar y admirar a la Santísima Virgen María, Ella Es modelo de amor, de confianza y de Esperanza, Maestra de Fe y de Amor.!

Que La Señora del Cielo, habite en nuestros corazones y sembre este amor y Fe que necesitamos para caminar en la Vida de todos los días.! 

Trabajar!

” Nuestro trabajo consiste en amar a los demás, sin detenerse a preguntarse si son, o no son, dignos de ese amor. Eso no es asunto nuestro y, de hecho, no es asunto de nadie.
Lo que se nos pide hacer, simplemente, es amar, y es este amor, precisamente, lo que nos hará dignos a nosotros mismos y a nuestros vecinos.”

 

THOMAS MERTON

En cuerpo y alma.

 

“Como el cuerpo está envuelto en la ropa y la carne en la piel y los huesos en la carne y el corazón en el cuerpo entero, así nosotros estamos revestidos en cuerpo y alma en la bondad de Dios, y envueltos en ella.

Nuestro Amante desea que nuestra alma se adhiera a Él con todas sus fuerzas y que nos aferremos a su bondad sin soltarnos jamás. Pues esto, por encima de todo, agrada a Dios y fortalece el alma.”

JULIANA DE NORWICH. Revelaciones del amor divino. Inglaterra, siglo XIV.