San Cayetano. 7 de agosto. Bibliografia

Celebrar a San Cayetano (7 de agosto) es traer a la memoria y al corazón la realidad de un Dios Padre que quiere para nosotros el pan de cada día, como se lo pedimos en la conocida oración del Padre nuestro.

“Pan y trabajo” es el reclamo que nos atrevemos a poner en las manos de San Cayetano: “pan”, para que sosteniéndonos en esta vida nos dé la fortaleza para el trabajo; y el “trabajo humano” que nos haga experimentar que nuestra dignidad sigue intacta, y con el cual podamos amasar el pan para nuestro hogar.

Cuando entre nosotros queremos hacer mención de la bondad exquisita de alguien, solemos decir: “es una pan de Dios” o bien “es bueno como el pan”.

Bendecimos el pan antes de consumirlo para que ese pan, acariciado con la gracia de Dios, nos enseñe a ser pan bueno que esté siempre al alcance de quien más nos necesite. Si a nadie se le niega un trozo de pan, a nadie le escondemos la mano de nuestra ayuda generosa.

Pidamos, por la intercesión de San Cayetano, que no se ponga viejo el pan de nuestra vida, para que la frescura de lo que somos, alegre el corazón de Dios y a nuestro pueblo.

P. Claudio Bert

 

De las cartas de San Cayetano, presbítero, a Elisabet Porto
Cristo habite por la fe en nuestros corazones

Yo soy pecador y me tengo en muy poca cosa, pero me acojo a los que han servido al Señor con perfección, para que rueguen por ti a Cristo bendito y a su Madre; pero no olvides una cosa: todo lo que los santos hagan por ti de poco serviría sin tu cooperación; antes que nada es asunto tuyo, y, si quieres que Cristo te ame y te ayude, ámalo tú a él y procura someter siempre tu voluntad a la suya, y no tengas la menor duda de que, aunque todos los santos y creaturas te abandonasen, él siempre estará atento a tus necesidades.

Ten por cierto que nosotros somos peregrinos y viajeros en este mundo: nuestra patria es el cielo; el que se engríe se desvía del camino y corre hacia la muerte. Mientras vivimos en este mundo, debemos ganarnos la vida eterna, cosa que no podemos hacer por nosotros solos, ya que la perdimos por el pecado, pero Jesucristo nos la recuperó. Por esto debemos siempre darle gracias, amarlo, obedecerlo y hacer todo cuanto nos sea posible por andar siempre unidos a él.

Él se nos ha dado en alimento: desdichado el que ignora un don tan grande; se nos ha concedido el poseer a Cristo, Hijo de la Virgen María, y a veces no nos cuidamos de ello; ¡hay de aquél que no se preocupa por recibirlo! Hija mía, el bien que más deseo para mí lo pido también para ti; mas para conseguirlo no hay otro camino que rogar con frecuencia a la Virgen María, para que te visite con su excelso Hijo; más aún, que te atrevas a pedirle que te dé a su Hijo, que es el verdadero alimento del alma en el santísimo sacramento del altar. Ella te lo dará de buena gana, y él vendrá a ti, de más buena gana aún, para fortalecerte, a fin de que puedas caminar segura por esta oscura selva, en la que hay muchos enemigos que nos acechan, pero que se mantienen a distancia si nos ven protegidos con semejante ayuda.

Hija mía, no recibas a Jesucristo con el fin de utilizarlo según tus criterios, sino que quiero que tú te entregues a él y que él te reciba, y así él, tu Dios salvador, haga de ti y en ti lo que a él le plazca. Éste es mi deseo y a esto te exhorto y, en cuanto me es dado, a ello te presiono.