La Obra de Dios

“La vida no consiste en realizar alguna obra especial, sino en acceder a un grado de conciencia y libertad interior que esté más allá de todas las obras y de todos los logros”.

“Nuestra vocación no consiste simplemente en “ser”, sino en trabajar junto con Dios en la creación de nuestra vida, nuestra identidad, nuestro destino. Esto significa que no debemos existir pasivamente, sino participar activamente en Su libertad creadora, en nuestra vida y en la vida de los otros, eligiendo la verdad”.

“Mi intención consiste en entregarme por entero y sin reservas a cualquier obra que Dios quiera realizar en mí y a través de mí”.

Thomas Merton.

Buscar el origen de tu soledad

“La tarea espiritual no es escapar de tu soledad, ni dejarte ahogar en ella, sino descubrir su origen. No
es sencillo hacerlo, pero cuando, de alguna manera, puedas identificar el lugar del cual emergen estas
sensaciones, perderán parte de su poder sobre ti. Esta identificación no es una tarea intelectual; es una tarea del corazón. Con el corazón, debes buscar sin temor ese lugar”.

Henri Nouwen

Oración compuesta por Santo Domingo de Guzmán.

Señor, dignaos concederme una caridad verdadera, un celo capaz de procurar la salvación de los demás, a fin de que, consagrándome todo entero y con todas mis fuerzas a la conversión de los pecadores, llegue a ser verdaderamente un miembro de Aquel que se ofreció enteramente a su Padre para salvar a los hombres.

Santo Domingo de Guzmán. 8 de agosto.

» Fue un hombre de infinito amor y compasión hacia los otros; capaz de sentir y de vibrar hasta el extremo a la vista de los sufrimientos y alegrías del prójimo; era capaz también de gestos muy concretos para acudir en ayuda del prójimo.

» Fue un gran contemplativo, muy atraído por la oración en todas sus formas.

» Fue un religioso de espíritu misionero, fascinado por el deseo de consagrar su vida a la evangelización de los pueblos paganos y no civilizados del norte de Europa. Este fue su primer impulso como joven canónigo de Osma y el último ardiente deseo de su vida de fundador, poco antes de morir.

» Fue un valiente predicador, deseoso de iluminar y convertir a los herejes valdenses, albigenses, cátaros, que encontró en su viaje misionero por el Mediodía de Francia. Fue, como llamó el mismo beato Jordán, un “vir envangelicus”, un varón evangélico, decidido, igual que su contemporáneo Francisco de asís, a hacer de las bienaventuranzas evangélicas, de los consejos y normas, en su pureza y radicalidad, la orientación de su vida.