La primacía de la Oración.

 

“La oración es en muchos sentidos el criterio de nuestra vida cristiana. La oración exige que nos pongamos en la presencia de Dios con las manos abiertas, desnudos y vulnerables, diciéndonos a nosotros mismos y a los demás que sin Dios no podemos nada. Esto resulta difícil en un clima en el que el consejo predominante es: “Da lo mejor de ti y Dios hará el resto”. Cuando la vida queda dividida en “lo mejor de nosotros” y “el resto de Dios”, hemos convertido la oración en el último recurso para usar tan sólo cuando todas nuestras capacidades se encuentren ya agotadas. Entonces, incluso el Señor habrá sido víctima de nuestra impaciencia. El discipulado no significa usar a Dios cuando ya no podemos manejarnos solos. Al contrario, significa reconocer que nosotros no podemos hacer absolutamente nada, pero que Dios puede hacerlo todo sirviéndose de nosotros. Como discípulos, en Dios encontramos no sólo algo de nuestra fuerza, esperanza, coraje y confianza, sino la totalidad de todo esto. Y, por tanto, la oración debe ser nuestro primer asunto”

Henri NOUWEN

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