“Pídeme por el Corazón de mi Madre, y alcanzarás lo que deseas”.

En estos tiempos es urgente que nos consagremos al Inmaculado Corazón de María para ser defendidos y consolados en todo lo que pueda ocurrir en nuestra vida y en el mundo. La Virgen desde Fátima nos viene pidiendo esta consagración.

Consagrarse a la Virgen María significa ponernos en sus manos, a su servicio y disposición. Y Ella nos guiará hacia Jesús. Consagrarnos a Ella significa dejarse llevar sin condiciones, sabiendo que Ella conoce mejor el camino y que podemos dormir tranquilos en sus brazos de madre. Consagrarse a María significa vivir permanentemente en su Inmaculado Corazón, dentro del Corazón divino de Jesús. Es dejar que Ella actúe por medio de nosotros. Es como prestarle nuestra lengua para que hable por nosotros y nuestro corazón para que ame a los demás por nuestro medio. En una palabra, es vivir en unión total con la Virgen. para que podamos llegar a decir: Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí por medio de la Virgen María. Por eso, un consagrado a la Santísima Virgen María debe confiar plenamente en Ella y dejarse llevar por Ella sin condiciones.

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