San Pantaleón. Patrono de los médicos y de los Enfermos

San Pantaleón fue mártir y médico que dedicó su vida a sanar a los pobres. Murió a corta edad no sin antes realizar una serie de milagros. Hoy en día se le considera el patrono de los médicos y enfermos siendo venerado en varias partes del mundo acudiendo a él miles de personas para pedir mejoría.

 

San Pantaleón, su nombre significa “el que se compadece de todos” fue un joven que murió a corta edad; lo poco que se sabe de él es gracias a un manuscrito del S. VI que habla de como se dedicó a sanar a los enfermos. Fue médico y se convirtió en mártir santo al morir cerca de los 29 años un 27 de julio del año 305.
En su historia se menciona cómo curó a miles de personas e incluso con la sola imposición de sus manos devolvió la vista a un ciego, también se dice que sanó a un paralítico antes de morir como un acto de demostración de su fe cristiana.
Su vida no fue fácil, fue torturado de la peor manera, entre ellas se menciona que intentaron quemarlo, ahogarlo con una piedra atada a su cuello pero logró salir, lo torturaron en la rueda e incluso lo tiraron a las fieras pero nada resultó hasta que lo decapitaron, cuando eso ocurrió, de forma inmediata, floreció un árbol de olivo que se encontraba en el mismo lugar ante el asombro de todos.

 

El milagro de su sangre

Hoy en día una porción de su sangre se guarda en el Altar Mayor del Real Monasterio de Austrias en Madrid, España. Ésta fue donada junto a un trozo de hueso del santo.
Su sangre se mantiene en estado sólido todo el año; Sin embargo, se licúa en la víspera del aniversario de su muerte el 27 de julio. Muchos son los estudios que se han realizado para explicar este fenómeno, pero los científicos no han obtenido respuesta, por lo cual la Iglesia lo definió como el “Milagro de su Sangre”.

 

                 Invocación a San Pantaleón para pedir sanación a un enfermo

“Tú que sufriste en carne propia la injusticia de los hombres y conoces el secreto de la enfermedad y la muerte. Ayuda a los enfermos y necesitados. Cura sus llagas, cicatriza sus heridas para que la salud vuelva a ellos y no los abandones jamás. Que así sea”. Amén

A Nuestra Madre. Bibliografia

Cuando las tentaciones pongan en peligro tu salvación y la tristeza te quite las fuerzas y los deseos de seguir trabajando por conseguir la santidad, acuérdate de María y llámala en tu ayuda; llámala insistentemente como el niño aterrorizado pide ayuda a su madre y Ella, que es causa de nuestra alegría, correrá a ayudarte. Te desafío a que hagas la bnprueba. No te fallará ni una sola vez (San Bernardo)

Santos Joaquín y Ana. bibliografía

La antífona de la misa de hoy dice: “Alabemos a Joaquín y Ana por su hija; en ella les dio el Señor la bendición de todos los pueblos”.

La madre de nuestra Señora, la Virgen Maria, nació en Belén. El culto de sus padres le está muy unido. El nombre Ana significa “gracia, amor, plegaria”. La Sagrada Escritura nada nos dice de la santa. Todo lo que sabemos es legendario y se encuentra en el evangelio apócrifo de Santiago, según el cual a los veinticuatro años de edad se casó con un propietario rural llamado Joaquín, galileo, de la ciudad de Nazaret. Su nombre significa “el hombre a quien Dios levanta”, y, según san Epifanio, “preparación del Señor”. Descendía de la familia real de David.

Moraban en Nazaret y, según la tradición, dividían sus rentas anuales, una de cuyas partes dedicaban a los gastos de la familia, otra al templo y la tercera a los más necesitados.

Llevaban ya veinte años de matrimonio y el hijo tan ansiado no llegaba. Los hebreos consideraban la esterilidad como algo oprobioso y un castigo del cielo. Se los menospreciaba y en la calle se les negaba el saludo. En el templo, Joaquin oía murmurar sobre ellos, como indignos de entrar en la casa de Dios.

Joaquín, muy dolorido, se retira al desierto, para obtener con penitencias y oraciones la ansiada paternidad Ana intensificó sus ruegos, implorando como otras veces la gracia de un hijo. Recordó a la otra Ana de las Escrituras, cuya historia se refiere en el libro de los Reyes: habiendo orado tanto al Señor, fue escuchada, y asi llegó su hijo Samuel, quien más tarde seria un gran profeta.

Y así también Joaquín y Ana vieron premiada su constante oración con el advenimiento de una hija singular, Maria. Esta niña, que había sido concebida sin pecado original, estaba destinada a ser la madre de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado.

Gloriosísimos padres de María Santísima, amados abogados míos: me alegro con vosotros de aquel consuelo que tuvisteis cuando, después de muchos ruegos y oraciones, os avisó el Ángel que habíais de tener una hija tan santa. Miradme aquí postrado a vuestros pies, os suplico me recibáis por vuestro humildísimo siervo para que como tal os reverencie y ame. Es verdad que no merezco esta gracia, pero confío lo haréis por el amor de María Santísima, vuestra benditísima hija, y por los méritos de Jesús. Acordaos de mi ahora, y sobre todo en la hora de mi agonía; asistidme entonces, junto con Jesús, María y José. Amén.

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Palabras de Benedicto XVI.

“La causa fundamental de la crisis que atraviesa el cristianismo tiene un elemento general: la debilidad del ser humano, una fe débil, incluso de los Sacerdotes. Para remediar estos aspectos, es necesario una conversión a una fe profunda con una vida de oración y de sacramentos y con una enseñanza moral clara en conexión con la enseñanza que la Iglesia ha recibido del Espíritu Santo”. (24 Agosto 2003)

Apóstol Santiago. Bibliografia

“Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: “Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir”. Él le respondió: “¿Qué quieren que haga por ustedes?”. Ellos le dijeron: “Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria”. Jesús les dijo: “No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?” “Podemos”, le respondieron. Entonces Jesús agregó: “Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados” (Mc 10, 35- 40)

No fueron reprendidos en su deseo, pero sí encaminados hacia un orden

Dos discípulos de nuestro Señor, los santos y magníficos hermanos Juan y Santiago, según leemos en el evangelio, desearon que el Señor les concediese el sentarse en su reino uno a la derecha y otro a la izquierda. No anhelaron ser reyes de la tierra, no desearon que les otorgase honores perecederos, ni que los colmase de riquezas; no desearon verse rodeados de numerosa familia, ni ser respetados por súbditos, ni ser halagados por aduladores; sino que pidieron algo grande y estable: ocupar unos asientos imperecederos en el reino de Dios. ¡Gran cosa era la que desearon! No fueron reprendidos en su deseo, pero sí encaminados hacia un orden. El Señor vio en ellos un deseo de grandeza y se dignó enseñarles el camino de la humildad, como diciéndoles: «Daos cuenta de lo que apetecéis, daos cuenta de que yo estoy con vosotros; y yo, que os hice y descendí hasta vosotros, llegué hasta humillarme por vosotros». Estas palabras que os narro, no aparecen en el evangelio; sin embargo expreso el sentido de lo que en él se lee. Os invito ahora a leer las palabras exactas que allí se hallan, para que veáis de dónde han salido las que os he dicho. Una vez que el Señor escuchó la petición de los hermanos, les dijo: ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber? (Mt 20,22). Vosotros deseáis sentaros a mi lado, pero debéis contestarme antes a lo que os pregunto: ¿Podéis beber el cáliz qué yo he de beber? ¿No os resulta amargo el cáliz de la humildad, a vosotros que buscáis los puestos de grandeza?

Donde se impone un precepto duro, hay siempre un gran consuelo. Los hombres se niegan a beber el cáliz de la pasión, el cáliz de la humillación. ¿Anhelan las cosas sublimes? Amen ante todo las humildes. Partiendo de lo humilde se llega a lo sublime. Nadie construye un edificio elevado, si no ha puesto bien los cimientos. ¡Hermanos míos! Considerad tranquilamente estas cosas; instruíos y afianzaos en la fe para que veáis el camino que debéis recorrer hasta alcanzar lo que deseáis. Conozco y sé sobradamente que ninguno de vosotros rechaza la inmortalidad, la eterna sublimidad, así como el llegar a conseguir la compañía de Dios. Todas lo deseamos.

Veamos, pues, por dónde hemos de llegar hasta ellas, ya que amamos el lugar a donde nos encaminamos. Dije, pues: el que ha de edificar una casa de heno, temporal, no se preocupa de cavar un cimiento firme. Si, por el contrario, desea levantar un gran edificio, de gran consistencia y larga duración, ante todo pone su mirada y atención en los cimientos que ha de cavar y no a la altura que ha de alcanzar; y cuanto más elevada haya de ser la cúspide del edificio, tanto más profundas han de ser las zanjas de los cimientos. ¿Quién no quiere ver sus mieses altas? Antes de conseguirlas, debe remover la tierra profundamente para echar la simiente. El que ara surca las profundidades de la tierra. El que ara profundiza el surco para que crezca la mies. Cuanto más altos y más esbeltos son los árboles, tanto más profundas tienen las raíces, porque toda altura procede de la profundidad.

¡Oh hombre! Tú tenías miedo a soportar las afrentas de la humillación. Te conviene beber el cáliz amargo de la pasión. Tus vísceras están irritadas, tienes inflamadas las entrañas. Bebe la amargura para conseguir la salud. La bebió el médico sano, y ¿no la quiere beber el enfermo debilitado? El Señor dijo a los hijos de Zebedeo: «¿Podéis beber el cáliz? No les dijo: ¿Podéis beber el cáliz de las afrentas, el cáliz de la hiel, el cáliz del vinagre, el cáliz amarguísimo, el cáliz repleto de ponzoña, el cáliz de toda clase de dolores?». De haberles dicho eso, los hubiera atemorizado en vez de animarlos. Donde hay participación hay también consuelo. ¿Por qué desdeñas ese cáliz, ¡oh siervo!? El Señor lo bebió. ¿Por qué lo desdeñas, ¡oh hombre débil!? El sano lo bebió. ¿Por qué lo desdeñas, oh enfermo? El médico lo bebió. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?

En aquel momento, ellos ávidos de grandeza, ignorando sus fuerzas y prometiendo lo que todavía no tenían, responden: Podemos. El Señor les replica: Beberéis ciertamente mi cáliz, ya que yo os concedo el que lo bebáis, ya que os convertiré de débiles en fuertes, os concedo la gracia de padecer para que bebáis el cáliz de la humildad; pero no está en mi poder el sentaros a mi derecha o a mi izquierda, pues mi Padre lo ha dispuesto para otros (Mt 20,23). Si no se les concede a ellos, ¿a quiénes otros se les concede? Si los apóstoles no lo merecen, ¿quién lo merece?… ¿Para quiénes otros, ¡oh Señor!? Si no lo recibió Juan que descansó sobre el pecho del Señor; si no lo recibió el que traspasó el mar, el aire, el cielo y llegó hasta la Palabra (Jn 1,1); el que traspasó tantas cosas y consiguió llegar hasta ti, en cuanto eres igual al Padre; si no recibió lo que pidió, ¿quién lo recibirá? El Señor es consciente de lo que había dicho: Está dispuesto para otros. ¿Para qué otros? Para los humildes, no para los soberbios; luego será también para vosotros, si os hacéis como esos otros, si deponéis la soberbia y os vestís de humildad.

San Agustín
Sermón 20 A, 6-8.

A María del Buen Amor. Bibliografia

Santísima Virgen María del Buen Amor,  que has guardado tu corazón en el océano de misericordia del Corazón divino de tu Hijo, no apartes tus manos de nosotros, y haz que las caricias de tu compasiva ternura nos limpien de tanto…y nos haga resplandecer para gloria del Cielo en el que tú habitas. Amén.
P Claudio

Manantial de un corazón sacerdotal.

Dios diferente….Bibliografía

 

Dios diferente

 

Te esperábamos grande…y vienes como un Niño pobre.

Te esperábamos  en otro momento…

y vienes a tu hora, en el silencio del tiempo.

Te esperábamos en un lugar…y escogiste el último rincón.

 

Te esperábamos como Dios…

y  vienes, Dios, hecho hombre débil.

Te esperábamos, y no sé si te esperábamos,

porque nos cuesta reconocerte…

 

Porque no eres el que creíamos…

Porque eres “el que eres”.

Dios que viene.

Dios que está.

Dios-con-nosotros.

Dios humilde.

Dios diferente.

Dios, siempre Dios, sorprendente.