Nuestra Madre, la Santísima Virgen en la lucha cotidiana……

Hace varios años, Anton Böhm escribió un libro en el que designa a nuestra época como la «era del diablo». Con razón. Pero allí donde hace su aparición Lucifer, también se presenta María. Nuestra Señora tiene que reñir las batallas de Dios según el plan divino de Salvación. Sabemos por qué: Lucifer el dios del orgullo, será más gravemente humillado si esto sucede a través de una humilde y sencilla Mujer, Ella es «la Vencedora de todas las batallas de Dios»

Satanás es sutil, y se introduce de soslayo: en la imaginación creando figuras e imágenes de odio o de sensualidad; en el deseo, incitando a todo pecado desde el robo hasta la pereza: en la vida, tratando de apartarla del camino de la salvación que señala Jesús. Sólo quien no tenga fe o la tenga floja o débil, o que prefiere no pensar en Satanás porque así puede actuar libremente según sus pasiones, negará la exigencia y el poder del Demonio.

Satán triunfa sobre todo cuando consigue sembrar el error y la mentira, o al menos la duda y la oscuridad, sobre graves cuestiones de las que se ocupan la filosofía y la teología: la existencia y la naturaleza de Dios, del alma humana, de nuestro fin último, de las leyes morales, de nuestra vida concreta y real, la de todos los días…..etc. En el arte de engañar y mentir, de sembrar la confusión y turbación en estas materias, adquirió una habilidad desconcertante, como lo atestiguan, por ejemplo, el número casi infinito de sistemas filosóficos y teológicos que ha suscitado desde hace más de un siglo.

Para las almas fuertemente perseguidas por el demonio San Luis María de Montfort posee una saludable medicina: la Verdadera Devoción a María. Recomienda en su «Libro áureo» la entrega total a Jesús por María.

Dice el Santo, que Satanás teme extremadamente a María Santísima: 1) porque es orgulloso y le duele enormemente que sea derrotado por una sencilla mujer; 2) porque Dios ha concedido tanto poder a la Virgen María, que los demonios tienen más miedo a un solo suspiro de María en favor de una persona, que a las oraciones de todos los santos; a una sola amenaza suya contra los demonios, más que a todos los tormentos3) en el Cielo, María ha conquistado con su humildad y sumisión a Dios, lo que Satanás perdió por su orgullo, autosuficiencia e independencia.

Con su acostumbrada claridad enseña Montfort: Dios ha hecho y preparado una sola e irreconciliable enemistad, que durará y se intensificará hasta el fin. Y es entre María, su digna Madre y el diablo; entre los hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y secuaces de Lucifer. De modo que el enemigo más terrible que Dios ha suscitado contra Satanás es María… a quien dio tanta sagacidad para descubrir la malicia de esa antigua serpiente y tanta fuerza para vencer, abatir y aplastar a ese orgullo impío, que el diablo la teme no sólo más que a todos los ángeles y hombres, sino en cierto modo más que al mismo Dios

Para darnos algún contexto del punto en que estamos en la historia de la salvación, la Hermana Lucía nos dice: La Santísima Virgen no me dijo que nos encontramos en los últimos tiempos del mundo, pero me lo dio a demostrar por tres motivos. El primero, porque me dijo que el demonio está librando una batalla decisiva con la Virgen y una batalla decisiva es una batalla final, en donde se va a saber de qué partido es la victoria, de qué partido es la derrota. Así que ahora, o somos de Dios, o somos del demonio; no hay término medio.

                   …..Llegará el momento en que lo malo no será tan malo…a tal punto que lo malo será bueno…… jl

 

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Madre…..

 

Madre mía: Desde que amanece el día, bendíceme;
en lo rudo del trabajo, ayúdame;
si vacilo en mis buenas decisiones, fortaléceme;
en las tentaciones y peligros, defiéndeme;
si desfallezco, sálvame y al cielo llévame.
Amén.

Digámosle hoy a nuestra Madre …PRÉSTAME MADRE

Préstame, Madre, tus ojos, para con ellos mirar, porque si por ellos miro, nunca volveré a pecar.

Préstame, Madre, tus labios, para con ellos rezar, porque si con ellos rezo, Jesús me podrá escuchar.

Préstame, Madre, tu lengua, para poder comulgar, pues es tu lengua patena de amor y de santidad.

Préstame, Madre, tus brazos, para poder trabajar, que así rendirtrabajo una y mil veces más.

Préstame, Madre, tu manto, para cubrir mi maldad, pues cubierto con tu manto al Cielo he de llegar.

Préstame, Madre a tu Hijo, para  poderlo yo amar, si Tú me das a Jesús, ¿qué más puedo yo desear?
Y esa será mi dicha por toda la eternidad.

Novena a la Santísima Virgen María del Buen Amor

Modo de rezar la novena a la Virgen. La podemos realizar delante de una imagen de la Santísima Virgen y encender una vela .

En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Señor ten piedad de mí.

Cristo ten piedad de mí

Señor ten piedad de mí

 

Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor. Amén.

 

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.
Nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, todopoderoso.
Desde allí va a venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia católica
la comunión de los santos, el perdón de los pecados,
la resurección de la carne y la vida eterna. Amén

 

Pedimos las gracias a la Santísima Virgen María del Buen Amor.

 

Padre Nuestro, que estás en los Cielos,
Santificado sea Tu Nombre,
Venga a nosotros Tu Reino,
Hágase Tu Voluntad,
así en la tierra como en el Cielo.
El pan nuestro de cada día dánoslo hoy,
y perdona nuestras ofensas,
así como nosotros perdonamos a quiénes nos ofenden,
y no nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos del mal. Amén.”

 

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.

 

Oración a María del Buen Amor

A Ti, nuestra Santísima Madre, María del Buen Amor

dirigimos nuestras plegarias, en las horas felices y tristes de nuestra vida.

En tu rostro de Madre y tu mirada llena de compasión

encontramos la caricia bendita del Padre de los cielos.

Tú estás siempre con nosotros, en compañía de tu amoroso Hijo.

Confiamos en tu intercesión todopoderosa ante el trono de la gracia.

Te rogamos nos dispenses tus bendiciones para el alma y el cuerpo,

hasta que alcancemos la perfecta comunión contigo en el buen amor del Cielo.

Amén.

Comienza la novena a María del Buen Amor.

Queridos amigos y hermanos míos, hoy comienza la novena a la Santisima Virgen María del Buen Amor.


María del Buen Amor. Fiesta 25 de Febrero

Cuántos nombres y títulos para evocar a la Madre de Dios, la santísima Virgen María.

En el calendario universal de la Iglesia y en la religiosidad de los pueblos esparcidos por el mundo, siempre encontramos un extenso catálogo de nombres que describen la grandeza y hermosura de esta Virgen y Señora de cielos y tierra.

No obstante, como sabiamente decían los santos Padres de la Iglesia, “De Maria nunquam satis”, es decir, de María nunca sabemos demasiado.

Muchos nombres para intentar expresar el misterio de una doncella virgen, a quien Dios le reservó la gracia inaudita de engendrar en la carne al Hijo de Dios, engendrado eternamente por el Padre.

Todas las advocaciones de la Virgen María son como vías de acceso para entrar en la hondura de su misterio. Cada una de ellas nos asoma, desde la admiración, al santuario de su Corazón Inmaculado que cautivó la mirada del Creador, pues Ella es la obra de sus manos y así nos la dejó para que la cuidemos y ser cuidados por Ella: “Ahí tienes a tu madre”, palabras del Hijo que muere a los hijos que vendrán…

María aparece en el escenario de la historia como la joven engalanada por la gracia de Dios. Es María su nombre, lo refiere Lucas en su evangelio. Sin embargo, el Ángel que la visita nos mostrará definitivamente el alcance de ese nombre: “llena eres de gracia, el Señor está contigo”. El mensajero de Dios da testimonio del misterio de María, nos revela su grandeza, nos lleva al centro de su Corazón.

María del Buen Amor es la Virgen agraciada por la plenitud del divino amor que la creó, redimió y santificó desde su concepción. En el alma de la Virgen mora el misterio del Dios trinitario y Ella se dejó habitar hasta el punto de que el buen amor de Dios se entrañó en su seno virginal, y en Ella la Palabra del Padre quedó revestida de humanidad.

El buen amor del Padre la miró y eligió para hacer maravillas en la pequeñez de esta hija. El buen amor del Hijo se encarnó en ella haciéndola Madre de Dios. Y el buen amor del Espíritu Santo se derramó en su corazón quemándola en su fuego de luz y haciendo fecunda su virginidad.

María del Buen Amor es María toda de Dios. Ella es la feliz porque creyó en el buen amor que la visitó y la hizo depositaria de santas promesas.

 

El buen amor de Dios la convierte a María en la Madre misericordiosa y compasiva, la Madre que nos trae el dulce consuelo de la gracia.

 

Este 25 de febrero miremos su Inmaculado Corazón para que el consuelo de su Gracia Y el Buen Amor de su Inmaculado Corazón nos haga puros y nos llene de Dios para vivir en este mundo fieles a los principios evangélicos de Cristo, Único Dueño y Señor de nuestras almas. 

 

 Padre Claudio Bert (1964/2017)   Publicado por José Luis Puig  Presidente de la Fundación OPSME 

 

 

San Claudio de la Colombière

 

En la Iglesia Católica hay 12 santos que se llaman Claudio, y éste es el más moderno. Tiene el honor de haber sido el director espiritual de la propagadora de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, Santa Margarita María Alacoque.

El año en que fue declarado santo San Francisco de Sales (1665) los superiores encomendaron a Claudio de la Colombiere que hiciera el sermón del nuevo santo ante las religiosas Salesas o de la Visitación. Y en aquella ocasión brillaron impresionantemente las cualidades de orador de este joven jesuita, y las religiosas quedaron muy entusiasmadas por seguir escuchando sus palabras.

El Padre Claudio preparaba con mucho esmero cada uno de sus sermones, y los escribía antes de pronunciarlos. No los leía al público, porque la lectura de un sermón le quita muchísima de su vitalidad, pero antes de proclamarlos se esmeraba por ponerlos por escrito. En Avignon, en Inglaterra, y en París impresionó muy provechosamente a los que lo escuchaban predicar.

Uno de los más provechosos descubrimientos de su vida fue el de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, tomado de las revelaciones que recibió Santa Margarita. Cuando Claudio cumplió los 33 años (edad en que murió Cristo) se propuso, después de hacer un mes de Retiros Espirituales, morir al mundo y a sus vanidades y dedicarse totalmente a la oración, a la vida interior, a la predicación y a la enseñanza del catecismo, y a dirigir cuantas más almas pudiera, por el camino de la santificación.

 

Acto de Confianza en Dios
Esta es, sin duda, una de sus oraciones más bellas.
Es la conclusión del discurso 682, que trata precisamente de la confianza en Dios (O.C. IV, p. 215).

 

Dios mío, estoy tan persuadido de que veláis sobre todos los que en Vos esperan y de que nada puede faltar a quien de Vos aguarda toda las cosas, que he resuelto vivir en adelante sin cuidado alguno, descargando sobre Vos todas mis inquietudes. Mas yo dormiré en paz y descansaré; porque Tú ¡Oh Señor! Y sólo Tú, has asegurado mi esperanza.

Los hombres pueden despojarme de los bienes y de la reputación; las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de serviros; yo mismo puedo perder vuestra gracia por el pecado; pero no perderé mi esperanza; la conservaré hasta el último instante de mi vida y serán inútiles todos los esfuerzos de los demonios del infierno para arrancármela. Dormiré y descansaré en paz.

Que otros esperen su felicidad de su riqueza o de sus talentos; que se apoyen sobre la inocencia de su vida, o sobre el rigor de su penitencia, o sobre el número de sus buenas obras, o sobre el fervor de sus oraciones. En cuanto a mí, Señor, toda mi confianza es mi confianza misma. Porque Tú, Señor, solo Tú, has asegurado mi esperanza.

A nadie engañó esta confianza. Ninguno de los que han esperado en el Señor ha quedado frustrado en su confianza.

Por tanto, estoy seguro de que seré eternamente feliz, porque firmemente espero serlo y porque de Vos ¡oh Dios mío! Es de Quien lo espero. En Ti esperé , Señor, y jamás seré confundido.

Bien conozco ¡ah! Demasiado lo conozco, que soy frágil e inconstante; sé cuanto pueden las tentaciones contra la virtud más firme; he visto caer los astros del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de esto puede aterrarme. Mientras mantenga firme mi esperanza, me conservaré a cubierto de todas las calamidades; y estoy seguro de esperar siempre, porque espero igualmente esta invariable esperanza.

En fin, estoy seguro de que no puedo esperar con exceso de Vos y de que conseguiré todo lo que hubiere esperado de Vos. Así, espero que me sostendréis en las más rápidas y resbaladizas pendientes, que me fortaleceréis contra los más violentos asaltos y que haréis triunfar mi flaqueza sobre mis más formidables enemigos. Espero que me amaréis siempre y que yo os amaré sin interrupción ; y para llevar de una vez toda mi esperanza tan lejos como puedo llevarla, os espero a Vos mismo de Vos mismo ¡oh Creador mío! Para el tiempo y para la eternidad. Así sea.

 

Hoy jueves recemos por nuestros sacerdotes

Jueves sacerdotal.

 

La Eucaristía siempre ha sido el blanco preferido de los ataques de quienes odian a la Iglesia. De hecho, la Eucaristía es una síntesis de la Iglesia.

Como observa un teólogo pasionista, «compendia todas las verdades reveladas, y es la única fuente de gracia, un anticipo de la bienaventuranza, un resumen de todos los prodigios de la omnipotencia divina» (Enrico Zoffoli, Eucarestia o nulla, Edizioni Segno, Udine 1994, p. 70).

La Virgen María ya había prevenido de los actuales ataques contra el sacramento de la Eucaristía. En Cova de Iría exhortó a los tres pastorcillos a «rezar a Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la Tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que se lo ofende».

Ya antes, en la primavera de 1916 , el Ángel se había aparecido a los niños con un cáliz en su mano izquierda, sobre el que estaba suspendida una hostia. Dio de comulgar con ella a Lucía, y con el vino a Jacinta y Francisco, que permanecieron de rodillas mientras el ángel decía: «Comed y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, terriblemente ultrajado por la ingratitud de los hombres. Reparad sus transgresiones y consolad a vuestro Dios».

No hay Eucaristía sin sacerdotes! Hoy jueves como todos los jueves de mes, recemos por nuestros sacerdotes queridos y amigos, vivos y difuntos y pidamos que se sostengan y perseveren junto a la cruz de Cristo. Jl