En el buen trabajo de la Fundación y de la obra

Queridos amigos, hoy sábado hemos vuelto a visitar a nuestros amiguitos, ellos vienen de San Juan, Santa Fé, Misiones, Salta y de nuestra pcia de Buenos Aires.

Son familias que tienen sus hijitos en el departamento de oncología y trasplantes de Htal Garrahan., algunos trasplantados, otros operados varies veces y otros en pleno tratamiento oncológico.

las necesidades son muchas y básicas,  desde la Obra y Fundación tratamos de asistirlos.

Aqui algunos fotos que compartimos.

 

 

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Una reliquia del Santo Padre Pío fue el vehículo para la curación.

UNA RELIQUIA DEL PADRE PÍO FUE EL VEHÍCULO PARA LA CURACIÓN DE UNA NIÑA

Reliquia del Santo Padre Pío que se encuentra en la sede de la Obra

 

Este es un testimonio de Ann Wilkinson, del Condado de Louth en Irlanda, quien describe, con sus palabras, la cura de su hija por intercesión del padre Pío en la década de los ‘70.

Cuenta Ann Wilkinson:

Mi historia comienza el 5 de diciembre de 1975, cuando estaba a punto de dar a luz a mi hija.

Su corazón latía tan rápido antes de que naciera que pensaban que yo estaba esperando gemelos, pero un examen de rayos X demostró que no era así.

Decidieron inducirla. En el momento en que empezaron a hacerlo, su corazón comenzó a fallar.

Lo siguiente que recuerdo es que estaban tratando de despertarme para decirme que la niña estaba gravemente enferma y que necesitaba bautizarla.

Sabía que las cosas estaban mal.

Recuerdo que pensé: ‘si me quedo con los ojos cerrados y no despierto, no voy a tener que enfrentar esto o tratar con esto’.

A la mañana siguiente, la consultante nos vino a ver a mí y a mi esposo, Jim.

Ella nos dijo que nuestra hija había nacido con un corazón mal formado, tenía sólo tres cámaras en lugar de cuatro, tenía un solo ventrículo y su hígado estaba agrandado enormemente.

La consultante también dijo que no se esperaba que viviera y nada se podía hacer.

Más tarde, me dijo uno de los médicos que ella estaba lo suficientemente bien como para que nos la llevaramos a casa. Fue en ese momento que llegó el Padre Pío primero en una imagen.

 

LE HABLAN DEL PADRE PIO

Una noche, mi madre me dio una reliquia en una pequeña tarjeta de oración y decía:

‘Ora a este hombre’. Le dije: ‘¿Quién es?’
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Ella dijo: ‘Es el Padre Pío. Él tenía los estigmas de Jesús’.

Entonces ella dijo:

‘Era un hombre maravilloso. Podía mirar en tu alma y ver qué tipo de persona que eres’.

Una especie de frío se apoderó de mí. Pensé:

‘Sé que necesito un milagro, pero si mira en mi alma, pecadora de mí, no va a hacer nada por mí’.

Después de eso, volvimos a nuestros controles mensuales.

Nos dijeron que lo más que un niño había vivido con la condición de Kelly eran cuatro años.

Dijeron que finalmente su corazón fallaría y ella probablemente sólo se quedaría en su sueño. Sabíamos que llegar hasta cuatro años era crucial.

 

LA BENDICIÓN CON EL GUANTE DEL PADRE PÍO

Poco antes del cuarto cumpleaños de Kelly, el Padre Pío volvió a entrar en el cuadro.

Una persona me dijo:

‘¿Alguna vez pensaste de conseguir que Kelly fuera bendecida con el guante del padre Pío?’

Ella me habló de una mujer que tenía un guante.

El día antes de Kelly tuvo que ir al hospital, fuimos a ver a la mujer.

Sacó el guante y la bendijo con él.

Esa noche fue la primera vez que le pedí a él.

Unos 20 minutos después de terminar la oración, Kelly estaba de pie al lado de mi cama. Ella dijo:

‘Mami, tienes que entrar, hay un hombre en mi dormitorio’.

Le dije: ‘Kelly, no hay nadie allí’.

Pensé que estaba soñando o tenía fiebre.

Yo la traje de vuelta a su habitación y la metí en la cama.

Mientras lo hacía, miró por encima del hombro y señaló hacia la esquina y me dijo:

‘Mira, mami, me está sonriendo’.

Y yo le dije: ‘No hay nadie allí’.

El Padre Pío nunca se me pasó por la cabeza en ese momento.

A la mañana siguiente, le pedí a Kelly que entrara en la sala de estar y sacara mis cigarrillos de mi bolso.

Cuando ella entró, le oí gritar:

‘¡Mamita! ¡Mamita!’ y corrí.

Kelly había visto algunas revistas que la mujer me había dado el día anterior.

El frente de una de ellas tenía una gran imagen del Padre Pío.

’Mira, mami –dijo-. Ese es el hombre que estaba en mi habitación la noche anterior’

 

EN EL HOSPITAL LE CONFIRMAN LA CURACIÓN INEXPLICABLE

Fuimos al hospital después de eso. Se la llevaron y mi corazón se rompía.

Alrededor de una hora más tarde, la trajeron de vuelta y ella estaba mortalmente pálida. Le pregunté a la enfermera:

‘¿Cómo le fue?

Ella dijo: El médico querrá hablar con usted’.

Fuimos a ver al doctor. Él dijo:

‘Yo tengo las pruebas que se hicieron a Kelly al nacer.
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También tengo las pruebas de hoy que muestran que el corazón de Kelly es completamente normal.
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En lugar de un ventrículo, que ahora tiene dos y su hígado se reduce en tamaño.
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Puedes llevarla a casa. Tienes un milagro y yo no sé cómo lo has hecho’.

Le dije:

‘Sé exactamente de quien lo conseguí’.

El resto es historia. Kelly no tiene problemas del corazón en absoluto y no hay repercusiones de la condición de que una vez tuvo.

Siempre le pasa algo, siempre se vuelve al Padre Pío y siempre sabe que está allí.
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Él es la única constante en su vida.
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También es el que la trajo de vuelta a mí y le dio su vida.

betty y paul walsh fondo

23 de Septiembre. Memoria del Santo Padre Pío

El Padre Pío, aquel fraile capuchino que nació en Italia, es uno de los santos cuya vida extraordinario le hace ser conocido en todo el mundo, conquistando el corazón de millones de devotos. Su vida le hace ser uno de los más grades místicos de nuestra Iglesia y un gran ejemplo para nuestro tiempo. Nuestro santo nació en Pietrelcina el 25 de mayo de 1887 y murió en San Giovanni Rotondo el 23 de septiembre de 1968.

Su vida, de 81 años, no sobresalió por una maravillosa inteligencia ni por logros humanos claramente medibles. Su vida fue obra de la gracia excepcional de Dios y de su respuesta admirable y continua, manifestada a través de signos sobrenaturales como los estigmas en pies, manos y costado que le acompañaron visiblemente durante 50 años.

Cómo fue la vida del Padre Pío?

El Padre Pío, San Pío de Pietrelcina, no hizo sino recibir las gracias de Dios y dar respuesta a ellas mediante su vida de oración, sufrimiento y caridad. La grandeza de su vida, que le llevó a ser un gran hermano capuchino no fue otra que vivir el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. En concreto lo que encaminó al Padre Pío a vivir el amor radical a Jesús y a su iglesia fue:

Vivió su vocación de franciscano capuchino en una entrega total. Desde niño, vivió una vida de oración y penitencia, de éxtasis y apariciones iluminada por la figura de San Francisco de Asís. El 6 de enero de 1903, con la bendición de su madre y un rosario que ésta le regaló, partió al noviciado de los Capuchinos. La pluma del P. Pío nos refiere que “había sentido desde los más tiernos años un fuerte vocación al estado religioso”. Fue un fraile ejemplar, tenía un gran amor a la oración y servía a sus hermanos como una madre. El P. Pío escribió: “¡Oh Dios! No dejes de hacerte oír cada vez más a mi pobre corazón y cumple en mí la obra comenzada por ti… Que Jesús me conceda la gracia de ser un hijo menos indigno de San Francisco; que pueda ser ejemplo para mis hermanos, de manera que el fervor continúe sin cesar creciendo en mí, y me haga un perfecto fraile capuchino”

Tuvo a María como gran intercesora. La Stma. Virgen María recibía continuas muestras de afecto de Padre Pío. Desde niño rezaba el santo rosario y esta práctica le acompaño durante el resto de su vida. Pero no sólo rezaba él, sino que invitaba a otros a rezarlo con él. María se convirtió en la estrella que guío su vida y en la gran intercesora para llegar a su hijo, Jesús. El 21 de marzo de 1912, estando en Pietrelcina, a causa de la vista deteriorada, es autorizado a celebrar todos los días la Misa votiva de la Virgen María y sustituir el rezo del Oficio Divino por el rezo del Rosario. Cuántos rosarios rezaba el P. Pío? Difícil saberlo, pero por los testimonios, diríamos que de 12 a 15 horas las pasaba rezando el rosario. El P. Pío decía: “¡Amad a la Virgen y hacedla amar! Rezad el Rosario, rezadlo siempre. ¡Rezadlo cuantas veces podáis! El Rosario es la oración que hace triunfar sobre todo y a todos. Ella, María, nos lo ha enseñado así, lo mismo que Jesús nos enseñó el Padrenuestro”.

Siguió a Jesucristo en su “misión corredentora”. Desde temprana edad y más claramente en el noviciado el P. Pío veía que su destino era la “misión grandísima” que el Señor le había encomendado. Y para conseguirlo, creía que su principal apoyo habría de ser su consagración a Dios mediante los tres votos religiosos y la ordenación sacerdotal. Su trato íntimo con Dios le proporcionó una profunda convicción de lo que era esa “misión grandísima”. Para el P. Pío su misión recibida era: ”Liberar a mis hermanos de los lazos del pecado”; “Conducir a los hombres a la santidad”; “Poner fin a la ingratitud de los hombres hacia su gran Benefactor”. Cumpliendo la tarea recibida confesaba de la mañana a la noche, ofreciendo la misericordia de Dios. Celebraba humildemente la eucaristía, en cada misa celebrada, él subía al Calvario con Cristo crucificado. Recibía un sin número cartas y peticiones que atendía desde el amor de padre. Un punto culmen de haber aceptado la misión que el Señor le encomendó, fue la aparición de las llagas de Jesucristo en su cuerpo. El P. Pío fue otro Cristo que vino a salvarnos entregando su vida. El P. Pío escribió: “Cuando Jesús me quiere dar a entender que me ama, me hace probar las llagas de su pasión, las espinas, las angustias… Cuando quiere que goce, me llena el corazón de ese espíritu que es todo fuego, me habla de sus delicias. Pero cuando quiere ser amado Él, me habla de sus dolores, invitándome con una voz que es a la vez oración y mandato a ofrecerle mi cuerpo para aligerarle las penas”.

Experimentó la confianza y el amor de Dios Padre. El P. Pío es atraído a Dios por el soplo del Espíritu Santo y él se adhiere generosa y constantemente en fidelidad a este llamado. El P. Pío es un portento de la gracia de Dios, da gracias por su vocación y alaba a Dios por la misión encomendada. Vive como elegido y amado por Dios. Desde los cinco años se consagra personalmente a Dios, ofreciéndose sin reversas al Reino. A pesar de haber tenido una vida llena de enfermedades y sufrimientos, Dios fue su único Bien y supo cumplir la voluntad divina. Confianza y amor definen su relación con Dios. Y desde aquí quiso guardar a todas las almas de no caer en el pecado de no experimentar el amor y la misericordia de Dios. A cada persona que venía a él, le brindaba una palabra de consuelo, recomendando la oración y la vivencia sacramental. Desde la intención de ofrecer a los hombres el amor de Dios podemos entender mejor sus fenómenos místicos: son manifestaciones divinas para hacer presente el amor del Padre. El P. Pío escribió: “Ser elegidos y señalados de entre una muchedumbre y saber que esta elección ha sido hecha sin ningún mérito nuestro por Dios desde toda la eternidad “ante mundi constitutionem”, con el único fin de ser suyos en el tiempo y en la eternidad, es un misterio tan grande y dulce que el alma, a poco que lo penetre, no puede sino licuarse toda de Amor”.

Dos grandes obras del P. Pío , que hoy en día siguen, son: 1) la “Casa Alivio del Sufrimiento”, considerada por nuestro santo como “la expresión de la caridad de Cristo a los enfermos” y 2) Los grupos de oración, “un hogar de amor, en el que Cristo está presente cada vez que los hermanos se reúnen para orar”.

Conocer la vida de San Pío nos lleva a la conclusión de que Dios lo ha colocado en nuestra vida como faro de luz, como vela en la cima, para iluminar nuestro caminar por este mundo. Profundicemos en la vida del santo de Pietrelcina y acojámonos a su intercesión para vivir nuestra fe en la gracia de Dios, que nos llama a ser santos. Aprendamos del Padre Pío que desde la sencillez de vida podemos llegar a hacer grandes cosas por nosotros y por nuestro prójimo.

Fr. Néstor Wer, OFMCap

Los ángeles en la iglesia y en la Santa Misa.

Sabemos que al menos hay tantos ángeles en la Iglesia como personas asisten.
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Ya que cada uno tiene su ángel de la guarda a su lado para ayudarle en sus oraciones y a adorar a Cristo presente en el Altar.

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Además de los Ángeles de la Guarda, miles de espíritus celestes de los más altos coros de ángeles asisten a la misa, reverentemente adorando a su Señor y Dios en este misterio sublime.

Reveló a Santa Matilde que tres mil ángeles del séptimo Coro y los Tronos, están siempre presentes en devota atención al Tabernáculo, donde está reservado el Santísimo Sacramento.

Sin duda un número mucho mayor están presentes en la Santa Misa, que no es solo un sacramento, sino también un sacrificio.

San Gregorio ha dicho: “Los cielos se abren y multitudes de ángeles vienen a asistir al Santo Sacrificio”

San Agustín dijo: “Los ángeles rodean y asisten al sacerdote cuando celebra la misa”

San Juan Crisóstomo agregó: “Cuando se celebra la misa, el santuario está lleno de innumerables ángeles, que adoran a la Víctima divina inmolada en el altar”

El valor de la misa es tan maravilloso, y la misericordia y la generosidad de Dios son tan ilimitados, que no hay ningún momento tan propicio para pedir favores como cuando Jesús se sacrifica en el altar.

Es casi seguro que recibiremos lo que pedimos, y lo que no se obtiene en la misa lo podemos esperar recibir por todas las demás oraciones, penitencias o peregrinaciones.

Los ángeles lo saben perfectamente y vienen en multitudes para adorar a Dios y hacer sus peticiones en esta hora de la misericordia

En las revelaciones de Santa Brígida dice:

“Un día, cuando estaba asistiendo al Santo Sacrificio, vi un inmenso número de los Santos Ángeles desciendo y congregándose alrededor del altar, contemplando el cura.

Cantaban cánticos celestiales que me robaban el corazón, el cielo mismo parecía estar contemplando el gran sacrificio.

Y sin embargo nosotros, pobres criaturas, ciegas y miserables asistíamos a la misa con muy poco amor, pasión y respeto.

Oh, Dios abre nuestros ojos, que no vemos las maravillas”.

Cuando el Beato Enrique Suso, el Dominicano, estaba diciendo misa, los ángeles en forma visible se reunían en torno al altar, y algunos se acercaban a él en éxtasis de amor.

Esto es lo que se lleva a cabo en cada misa, aunque nosotros no lo vemos.

¿Nosotros, como católicos nunca pensamos en esta sorprendente verdad?

En la misa que estamos orando en medio de miles de ángeles de Dios.

 

En la Santa Misa los Ángeles rodean al sacerdote. Todo el santuario y el espacio que circunda al altar están ocupados por las potencias celestes para honrar al que está presente en el altar.

San Juan Crisóstomo
Doctor de la Iglesia

 

Carta del Santo Padre Pío

“No anticipes los problemas de esta vida angustiándote, sino más bien con una perfecta esperanza de que Dios, a quien perteneces, te librará de ellos en el momento oportuno. Él te ha defendido hasta ahora. Simplemente aférrate con fuerza de la mano de su divina providencia y te ayudará en todas las situaciones, y cuando no puedas seguir adelante, Él te guiará.

¿Por qué temes? Si tú perteneces a este Dios que con fuerza te asegura: “Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman” (Rm 8, 28)

No pienses en lo que sucederá mañana, porque el mismo Padre del cielo que te cuida hoy también lo hará mañana y siempre.

Vive tranquilamente, quita de tu imaginación aquello que la inquieta y dile con frecuencia al Señor: Tú eres mi Dios y confiaré en Ti. Tú me asistirás y serás mi refugio, y así nada temeré; porque no sólo tú estás con Él, sino que tú estás en Él y Él está en ti.

¿Qué puede temer un niño cuando está en brazos de su Padre?”

(*) Carta escrita a Erminia Gargani el 23 de abril de 1918.