Dios morada del alma.

Dios, en efecto, se ha reservado en el fondo del alma una morada en la cual ni siquiera la misma alma puede entrar sin un permiso especial suyo.

Y allí precisamente es donde se introduce entonces al alma, no ya para algunos instantes, sino para siempre, según ella cree, Dios le reveló primero la existencia de esta morada.

Despertó luego en ella un ardiente deseo de entrar allí. Este deseo creció. Y después de duras pruebas acaba de realizarse. El alma ha entrado por fin en la casa de su Padre. Tiene entonces la impresión de que va a habitar en ella para siempre.

Pero hay más. Porque la casa de Dios es el mismo Dios. Es, pues, en Él mismo en donde hace entrar a su hija. La frase de San Pablo se convierte entonces para el alma en una realidad tangible, cabría decir que vivida. En Él vivimos y nos movemos y existimos. Vivir en Dios es, desde ahora, su porción.

Así, pues, el descanso, el refresco, el alimento del alma es el mismo Dios. El alma siente que le acaban de dar nuevas fuerzas; que la vida, una vida divina, circula a oleadas en ella. Le parece, no sin razón, que su Dios le ha llevado hasta lo más íntimo de sí misma y que ella se ha apoderado de Él en ese misterioso paraje en donde se confunden lo finito y lo infinito, cuando Dios estaba totalmente ocupado, como la más tierna de las madres, en dar a su hija la vida, la fuerza, la paz y la alegría. Y entonces, felicísima, el alma exclama: El mismo Dios restaura mi alma.

 

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El amor expulsa el temor del alma

El amor expulsa el temor del alma. Desde que amé a Dios con todo mí ser, con toda la fuerza de mi corazón, desde entonces cedió el temor y aunque me digan no sé qué de su justicia, no le tengo miedo en absoluto, porque lo conocí bien: Dios es el Amor y su Espíritu es la paz. Y ahora veo que mis obras que surgieron del amor son más perfectas que las obras que cumplí por temor. He puesto mi confianza en Dios y no tengo miedo de nada, me he entregado totalmente a su santa voluntad; que haga de mi lo que quiera y yo, de todas maneras, Lo amaré siempre.

Diario de Santa María Faustina Kowalska, Nº589

EL PODER DE LA SANTA MISA

A la hora de tu muerte, tu mayor consolación te la darán las Misas que durante tu vida escuchaste.

Cada Misa que escuchaste te acompañará al Tribunal Divino y abogará por ti para que alcances el perdón.

Con cada Misa puedes disminuir el castigo temporal que debas pagar por tus pecados, en proporción al FERVOR con que la escuches.

Con la asistencia devota a la Santa Misa rindes el mayor homenaje a la Humanidad Santísima de Nuestro Señor. La Santa Misa, bien escuchada, suple tus mayores negligencias y omisiones.

Por una Santa Misa bien escuchada se te perdonan todos los pecados veniales que estás resuelto a evitar, y muchos otros de los que ni siquiera te acuerdas. Por ella pierde también el demonio su dominio sobre ti.

Además, con cada misa, ofreces el mayor consuelo a las almas benditas del Purgatorio.

Una Misa escuchada en vida te aprovechará mucho más que muchas de las que ofrezcan por ti, después de tu muerte.

Con cada misa te libras de muchos peligros y desgracias, en los cuales quizás caerías si no fuera por la Santa Misa.

Acuérdate también de que, con cada una de ellas, acortas tu purgatorio.

Con cada Misa aumentas tus grados de gloria en el Cielo. Porque en ella recibes la bendición del Sacerdote, que Dios ratifica en el cielo.

Durante la Misa te arrodillas en medio de una multitud de ángeles que asisten, invisiblemente, al Santo Sacrificio con suma reverencia.

Con cada misa Consigues bendiciones en tus negocios y asuntos temporales.

Cuando asistimos a la Misa en honor a algún Santo en Particular, dando gracias a Dios por los favores recibidos, por la intercesión de este Santo, nos ganamos su protección y amor especial.

Cada vez que asistamos a una Misa estaría bien que, además de las otras intenciones, tuviéramos la intención de honrar al Santo del día.

JUAN J. CLENNON
Arzobispo de St. Louis

San Benito abad, 11 de julio

San Benito nació de familia rica en Nursia, región de Umbría, Italia, en el año 480. Su hermana gemela, Escolástica, también alcanzó la santidad.

Después de haber recibido en Roma una adecuada formación, estudiando la retórica y la filosofía.

Se retiró de la ciudad a Enfide (la actual Affile), para dedicarse al estudio y practicar una vida de rigurosa disciplina ascética. No satisfecho de esa relativa soledad, a los 20 años se fue al monte Subiaco bajo la guía de un ermitaño y viviendo en una cueva.

Tres años después se fue con los monjes de Vicovaro. No duró allí mucho ya que lo eligieron prior pero después trataron de envenenarlo por la disciplina que les exigía.

Con un grupo de jóvenes, entre ellos Plácido y Mauro, fundó su primer monasterio en  la montaña de Cassino en 529 y escribió la Regla, cuya difusión le valió el título de patriarca del monaquismo occidental. Fundó numerosos monasterios, centros de formación y cultura capaces de propagar la fe en tiempos de crisis.

Vida de oración disciplina y trabajo

Se levantaba a las dos de la madrugada a rezar los salmos. Pasaba horas rezando y meditando. Hacia también horas de trabajo manual, imitando a Jesucristo. Veía el trabajo como algo honroso. Su dieta era vegetariana y ayunaba diariamente, sin comer nada hasta la tarde. Recibía a muchos para dirección espiritual. Algunas veces acudía a los pueblos con sus monjes a predicar. Era famoso por su trato amable con todos.

Su gran amor y su fuerza fueron la Santa Cruz con la que hizo muchos milagros. Fue un poderoso exorcista. Este don para someter a los espíritus malignos lo ejerció utilizando como sacramental la famosa Cruz de San Benito.

San Benito predijo el día de su propia muerte, que ocurrió el 21 de marzo del 547, pocos días después de la muerte de su hermana, santa Escolástica. Desde finales del siglo VIII muchos lugares comenzaron a celebrar su fiesta el 11 de julio.

 

LA SANTA REGLA

Inspirado por Dios, San Benito escribió un Reglamento para sus monjes que llamó “La Santa Regla” y que ha sido inspiración para los reglamentos de muchas comunidades religiosas monásticas. Muchos laicos también se comprometen a vivir los aspectos esenciales de esta regla, adaptada a las condiciones de la vocación laica.

La síntesis de la Regla es la frase “Ora et labora” (reza y trabaja), es decir, la vida del monje ha de ser de contemplación y de acción, como nos enseña el Evangelio.

Algunas recomendaciones de San Benito:

  • La primera virtud que necesita un religioso (después de la caridad) es la humildad.
  • La casa de Dios es para rezar y no para charlar.
  • Todo superior debe esforzarse por ser amable como un padre bondadoso.
  • El ecónomo o el que administra el dinero no debe humillar a nadie.
  • Cada uno debe esforzarse por ser exquisito y agradable en su trato
  • Cada comunidad debe ser como una buena familia donde todos se aman
  • Evite cada individuo todo lo que sea vulgar. Recuerde lo que decía San Ambrosio: “Portarse con nobleza es una gran virtud”.
  • El verdadero monje debía ser “no soberbio, no violento, no comilón, no dormilón, no perezoso, no murmurador, no denigrador… sino casto, manso, celoso, humilde, obediente”.

Prepararse para las cosas de Dios

“El Señor nos invita a adoptar una actitud de escucha humilde y de espera dócil”, afirma el Papa Francisco, quien comentó el Evangelio antes de la oración del Ángelus del mediodía, en la Plaza de San Pedro, este domingo 8 de julio de 2018.

Y esta docilidad permite estar atento y receptivo a las sorpresas de Dios: “Porque la gracia de Dios a menudo se nos presenta de una manera sorprendente, que no coincide con nuestras expectativas. Dios no se ajusta a los prejuicios. Debemos esforzarnos para abrir nuestros corazones y nuestras mentes, para acoger la realidad divina que viene a nuestro encuentro. Se trata de tener fe: la falta de fe es un obstáculo para la gracia de Dios”.

……….Jesús regresando a Nazaret, y en el día de reposo comienza a enseñar en la sinagoga. Desde que se fue y comenzó a predicar por las ciudades y pueblos cercanos, no había vuelto a poner un pie en su tierra natal.

la gente de Nazaret escucha primero y se queda asombrada; entonces se preguntan, perplejos: “¿De dónde vienen estas cosas”, esta sabiduría? y al final se escandaliza, reconociendo en él al carpintero, el hijo de María, a quien vieron crecer (vv 2-3). Por lo tanto, Jesús concluye con la expresión proverbial: “Nadie es profeta en su tierra” .

Nos preguntamos: ¿cómo los conciudadanos de Jesús pasan de la maravilla a la incredulidad? Ellos comparan el origen humilde de Jesús con sus habilidades actuales: él es carpintero, no estudió, pero predica mejor que los escribas y hace milagros. Y en lugar de abrirse a la realidad, se escandalizan. Según los habitantes de Nazaret, ¡Dios es demasiado grande para rebajarse a hablar a través de un hombre tan simple!  pero ojo…….El Hijo de Dios derroca cada esquema humano: no son los discípulos quienes lavaron los pies del Señor, sino el Señor que lavó sus pies a los discípulos (Jn 13, 1-20)

Dios no se ajusta a los prejuicios. Debemos esforzarnos para abrir nuestros corazones y nuestras mentes, para dar la bienvenida a la realidad divina que se nos presenta. Se trata de tener fe: la falta de fe es un obstáculo para la gracia de Dios. Muchos bautizados viven como si Cristo no existiera: repetimos gestos y señales de fe, pero sin corresponderles una verdadera adhesión a la persona de Jesús y su Evangelio. Por el contrario, cada cristiano, cada uno de nosotros, está llamado a profundizar en esta pertenencia fundamental, tratando de dar testimonio de ella mediante una actitud coherente de vida, cuyo hilo conductor siempre será la caridad.

Pidamos al Señor, por intercesión de la Virgen María, que ablande la dureza de los corazones y la estrechez de la mente, para que estemos abiertos a su gracia, a su verdad y a su misión de bondad y misericordia, que se da a todos, sin exclusión.

 fragmento de JULIO 08, 2018 16:08ANGELUS Y REGINA CAELI

 Un pan que nunca se termine y que alcance para todos

Nuestro deseo más hondo, la aspiración que sentimos es que todo el mundo pudiese tener siempre lo que necesita, lo que le hace feliz y pleno… Un pan que nunca se termine y que alcance para todos. “Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a Él”.

 La primera preocupación de Jesús es que nadie se muera de hambre. A Él lo inquieta el hambre del corazón humano que busca el pan del sentido de la vida misma…pero también el hambre material, que busca el pan de cebada para poder subsistir. La pregunta de Jesús al apóstol revela su preocupación: “¿dónde compraremos pan para darles de comer?”.

 Aprendamos la lección: Jesús no se escapa de la realidad y de las urgencias que son apremiantes. Se compromete y contagia a sus seguidores de esa compasión que Él siente por su pueblo.

Con cinco panes de cebada y dos pescados, si hay amor, lo poco se multiplica, y lo que era nada puede terminar siendo mucho. Otra lección: nunca digamos que ya nada hay por hacer, lo que se pone para compartir- aunque sea insignificante- que transformado y multiplicado por el amor.

Jesús frente a la realidad ora y reparte el pan. En esto se perfila la identidad del cristiano, es decir, en rezar y compartir. Si el cristiano sólo busca el compromiso social, la acción pragmática y operativa, el hacer…pero no alimenta su acción en la fuente de la plegaria constante, quedará vencido por el cansancio. Si un cristiano sólo prioriza el momento de la oración, del encuentro íntimo con su Señor, pero no es capaz de mirar por la ventana y salir a la calle para asistir al hermano necesitado, en él su oración quedará como vacía y seca de contenido.

Al final del relato, vemos que Jesús se separa de esa multitud que no lo busca sino por intereses demasiado personales, no buscan a Jesús buscan sus milagritos…Jesús se lo dirá con todas las palabras: “Ustedes me buscan porque han comido hasta saciarse. Trabajen no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la vida eterna…”

La gente sólo tiene ganas de comer, no quieren líos ni complicaciones…sin embargo, la propuesta de Jesús es que sólo fiándonos de su Persona –y eso es la fe—jamás tendremos ni hambre ni sed. “El que viene a mí…el que cree en mí…jamás tendrá hambre ni sed”, nos dirá Jesús.

Textos: Hechos 5, 34-42; Juan 6, 1-15

Padre Fundador Pbro, CLAUDIO BERT (1964/2017)

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Amar a Dios con un corazón humano.

“Sé que me has llamado, Padre, a vivir a solas contigo y aprender que, si yo no fuera un vulgar ser humano, capaz de todos los errores y de todo mal, capaz también de un frágil e inestable afecto humano por Ti, no podría ser tu hijo.

Tú deseas el amor de mi corazón porque tu Divino Hijo también te ama con un corazón humano.

Él se hizo hombre para que mi corazón y el suyo pudieran amarte con un solo amor, un amor humano engendrado y movido por tu Espíritu Santo.
Si no te amo con un amor humano, con sencillez humana y con la humildad de ser yo mismo, nunca degustaré toda la dulzura de tu paternal misericordia, y tu Hijo, por lo que a mi vida respecta, habrá muerto en vano”.

Thomas Merton.