San Antonio María Claret, memoria litúrgica 24 de octubre

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“Ni en mi vida personal, ni en mis andanzas misioneras podía olvidarme de la figura maternal de María. Ella es todo corazón y toda amor. Siempre la he visto como Madre del Hijo amado y esto la hace Madre mía, Madre de la Iglesia, Madre de todos. Mi relación con María siempre ha sido muy íntima y a la vez cercana y familiar, de gran confianza. Yo me siento formado y modelado en la fragua de su amor de Madre, de su Corazón lleno de ternura y amor. Por eso me siento un instrumento de su maternidad divina. Ella está siempre presente en mi vida y en mi predicación misionera. Para mí, María, su Corazón Inmaculado, ha sido siempre y es mi fuerza, mi guía, mi consuelo, mi modelo, mi Maestra, mi todo después de Jesús”.

“Debemos amar a María y ser sus verdaderos devotos, porque la devoción a María Santísima es un medio poderosísimo para alcanzar la salvación. Es la razón porque María puede salvar a sus verdaderos devotos, porque quiere y porque lo hace. María puede, porque es puerta del cielo; María quiere, porque es la Madre de misericordia, María lo hace, porque ella es la que obtiene la gracia justificante a los pecadores, el fervor a los justos y la perseverancia a fervorosos; por esto, los Santos Padres la llaman la rescatadora de los cautivos, el canal de la gracia y la dispensadora de las misericordias. Por esto se ha dicho que el ser devoto de María es una señal de predestinación, así como es una marca de reprobación el no ser devoto o adverso de María”

San Antonio María Claret, carta a un devoto del Corazón de María

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Máximas de San Pablo de la Cruz. 19 de octubre

Que la voluntad de Dios sea nuestro alimento, nuestro centro, nuestro reposo: entonces gustaremos un dulce y tranquilo sueño; ningún acontecimiento podrá inquietarnos. Dejemos que Dios haga y disponga según mejor le agrade: que el Señor sea bendito para siempre. No quiero sino no que Dios quiere. Lo que Él quiere, yo lo quiero también en el tiempo y en la eternidad”

“Vuestros deseos por grandes y santos que sean, debéis dejarlos morir en el fuego del amor de Dios, de donde proceden, y esperar el tiempo en que Dios quiere que se cumplan. Entre tanto, cultivad un solo deseo, el más perfecto de todos, el de agradar a Dios y alimentaros de su santa voluntad”

“Alimentaos de la santa voluntad de Dios, bebed el cáliz de Jesús con los ojos cerrados, sin querer ver lo que hay dentro; os basta saber que es Jesucristo que os lo presenta. Repetid con frecuencia: “¡Querida Voluntad! ¡Oh voluntad de mi Padre y de mi Dios! Yo os amo. Sed siempre bendita”. El alimento de mi Jesús era hacer la voluntad del Padre eterno; mi alimento será hacer siempre su santísima voluntad”

“Desde la eternidad el Señor ha determinado y juzgado bueno lo que tenéis que sufrir. Esas penas corporales, esas persecuciones del demonio y de los hombres estaban decretados en los eternos consejos de Dios. Miradlos con los ojos de la fe, y acariciad la voluntad de Dios con oraciones, jaculatorias y exclamaciones del corazón”

Nuestra Señora del Rosario.

Memoria de la santísima Virgen María del Rosario. En este día se pide la ayuda de la santa Madre de Dios por medio del Rosario o corona mariana, meditando los misterios de Cristo bajo la guía de aquélla que estuvo especialmente unida a la encarnación, pasión y resurrección del Hijo de Dios.

Orada paso a paso suavemente,
con alma y corazón de amor saciados,
la vida de Jesús, del Evangelio,
trenzada rosa a rosa es el Rosario.

Corona de homenajes y de súplicas,
salterio de sencillos en las manos,
canción que suena a júbilo y a pena,
rumor de fe, murmullo sosegado.

La Madre Iglesia, virgen recogida,
alaba a su Señor con dulces labios,
y junto a Él contempla a la Agraciada,
al tiempo que va amores desgranando.

La historia da principio en Nazaret
y estalla con la muerte en el Calvario,
mas fue la gloria hermosa tras la herida,
el Cuerpo y el Espíritu y el canto.

Oh Virgen de los ojos amorosos,
que baña de oración al pueblo santo,
adéntranos muy hondo en la espesura
y dale a nuestra fe tu recio pasmo.

¡Beata Trinidad, a ti la gloria,
oh Dios amorosísimo y cercano,
a ti la excelsa gloria por la Madre,
que a ser Madre de Dios la has destinado! Amén.

P. Rufino M. Grández

Memoria de Santa Faustina, apóstol de la Misericordia Divina.

Faustina Kolwalska

Sor Faustina, apóstol de la Divina Misericordia, figura hoy entre los santos de la Iglesia más conocidos. A través de ella el Señor Jesús comunicó al mundo el gran mensaje de la misericordia Divina y mostró el modelo de la perfección cristiana basada en la confianza en Dios y la actitud de misericordia hacia el prójimo.

Nació el 25 de agosto de 1905 como la tercera hija entre diez hermanos de la familia de Marianna y Stanislaw Kowalki, campesinos de la aldea de Glogowiec. En el bautizo se le impuso en nombre de Elena. Desde pequeña se destacó por el amor de la oración, la laboriosidad, la obediencia y por una gran sensibilidad ante la pobreza humana. Su educación escolar duró apenas tres años. Pronto abandonó la casa familiar para, trabajando como sirvienta en casas de acomodadas familias de Aleksanddrow, Lódz y Ostrówek, ganarse la vida y ayudar a los padres.

Ya desde los siete años sintió en su alma la voz de la vocación, pero ante la negativa de los padres para su entrada en el convento, intentó apagar dentro de sí el llamado de Dios. Sin embargo, apresurada por la visión de Cristo sufriente viajó a Varsovia donde el 1 de agosto de 1925 entró en la congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia. En el convento – vivió 13 años cumpliendo los deberes de cocinera, jardinera y portera en distintas casas de la Congregación. Los períodos más largos los pasó en Cracovia, Vilna y Plock.

Nada en su comportamiento exterior delataba su singular rica vida mística. Su vida, aparentemente ordinaria, monótona y gris, se caracterizó por la extraordinaria profundidad de la unión con Dios.

Su espiritualidad se basa en el misterio de la misericordia Divina que ella consideraba en la palabra de Dios y contemplaba en lo cotidiano de la vida. El conocimiento y la contemplación del misterio de la misericordia Divina impulsaban el desarrollo de su actitud de confianza de niña en Dios y de misericordia ante el prójimo. “Oh Jesús mío – escribió – cada uno de tus santos refleja en sí una de tus virtudes, yo deseo reflejar tu Corazón compasivo y lleno de misericordia, deseo glorificarlo. Que tu misericordia, oh Jesús, quede impresa sobre mi corazón y mi alma como un sello y éste será mi signo distintivo en esta vida y en la otra” (Diario 1242).

Sor Faustina era una hija fiel de la Iglesia a la que amaba como a la Madre y en cuanto Cuerpo Místico de Jesucristo. Consciente de su papel en la Iglesia cooperó con la misericordia de Dios en la obra de salvar las almas perdidas. Cumpliendo el deseo del Señor Jesús y siguiendo su ejemplo se ofreció como víctima por los pecadores. Su vida espiritual se caracterizó por el amor de la Eucaristía y por una profunda devoción a la Madre de la Divina Misericordia.

Los años de su vida en el convento abundaron en gracias extraordinarias: revelaciones, visiones, estigmas ocultos, la participación en la Pasión del Señor, los dones de bilocación, de leer en las almas humanas, de profecía y también el poco frecuente don de promesas y desposorios místicos. El vivo contacto con Dios, con la Santísima Virgen, los ángeles, los santos y las almas del Purgatorio – todo el mundo extraordinario no era para ella menos real que el que percibía a través de los sentidos. Colmada de tantas gracias extraordinarias sabía, sin embargo, que no son ellas las que  deciden de la esencia de la santidad. Escribió en el Diario: “Ni gracias, ni revelaciones, ni éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hace perfecta, sino la comunión interior de mi alma con Dios. Estos dones son solamente un adorno del alma, pero no constituyen ni la sustancia ni la perfección. Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios” (Diario 1107).

El Señor Jesús escogió a Sor Faustina como secretaria y apóstol de su misericordia para a través de ella transmitir al mundo un gran mensaje. “En el Antiguo Testamento – le dijo – enviaba a los profetas con truenos a mi pueblo. Hoy te envío a ti a toda la humanidad con mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla a mi Corazón misericordioso” (Diario 1588)

Sor Faustina manifestó su misión en el Diario que escribió por el mandato de Jesús y de los confesores. Registró en él con fidelidad todas las palabras de Jesús y describió los encuentros de su alma con Él. “Secretaria de mi más profundo misterio, -le dijo el Señor Jesús – tu misión es la de escribir todo lo que te hago conocer sobre mi misericordia para el provecho de aquellos que leyendo estos escritos, encontrarán en sus almas consuelo y adquirirán valor para acercarse a mí” (Diario 1693). Esta obra acerca el misterio de la misericordia de Dios de modo extraordinario. Atrae tanto a personas sencillas como a científicos que descubren en ella una fuente más para las investigaciones teológicas.

Tránsito de San Francisco

Tránsito de san Francisco

Porziuncola chiesa

La muerte de San Francisco, al atardecer del 3 de octubre de 1226 no llamamos Muerte, sino Tránsito, y la familia franciscana en la víspera de la fiesta de san Francisco celebra El Tránsito de San Francisco.

He aquí algunos retazos tomado de la Vida de san Francisco, escrita por San Buenaventura:

El vigésimo año de su conversión Francisco pidió ser trasladado a Santa María de la Porciúncula para exhalar el último aliento de su vida allí donde había recibido el espíritu de gracia.

Habiendo llegado a este lugar…, llevado del fervor de su espíritu, se postró totalmente desnudo sobre la desnuda tierra …

(…) Postrado así en tierra… les dijo: “Por mi parte he cumplido lo que me incumbía; que Cristo os enseñe a vosotros lo que debéis hacer”.

(…) Sentados a su alrededor todos los hermanos, extendió sobre ellos las manos, poniendo los brazos en forma de cruz… bendijo a todos los hermanos tanto presentes como ausentes.

(…) mandó el varón muy querido de Dios se le trajera el libro de los evangelios y suplicó le fuera leído aquel pasaje del evangelio de San Juan que comienza así: Antes de la fiesta de Pascua. Después de esto entonó él, como pudo, este salmo: A voz en grito clamo al Señor, a voz en grito suplico al Señor, y lo recitó hasta el fin, diciendo: Los justos me están aguardando hasta que me des la recompensa.

Cumplidos, por fin, en Francisco todos los misterios, liberada su alma santísima de las ataduras de la carne y sumergida en el abismo de la divina claridad, se durmió en el Señor este varón bienaventurado.

(…) Las alondras, amantes de la luz y enemigas de las tinieblas crepusculares, a la hora misma del tránsito del santo varón, …llegaron en una gran bandada por encima del techo de la casa y, revoloteando largo rato con insólita manifestación de alegría, rendían un testimonio tan jubiloso como evidente de la gloria del Santo, que tantas veces las había solido invitar al canto de las alabanzas divinas.

La paz se ha derramado suavemente
desde Jesús sobre el llagado cuerpo;
Francisco dice adiós a sus hermanos,
los ángeles le salen al encuentro.

Todo está consumado. La fatiga
es ahora el cantar del gavillero;
la pobreza, la esposa engalanada,
heredera feliz del reino eterno.

Viene la muerte en ademán de hermana,
la recibe con cantos y con besos;
y a Cristo entona el salmo vespertino
con un coro de alondras sobre el cielo.

Se han abierto las puertas de la gloria,
se apresuran celestes mensajeros;
“¡Francisco, ven, hermano con nosotros,
junto al Señor guardado está tu puesto!”

Llegó la noche plácida a la tierra,
mientras Francisco amaneció en el cielo;
era por fuera el muerto del Calvario,
era por dentro el que surgió en el Huerto.

¡Oh Padre, cuyo pecho es nuestro hogar,
hoy arriba Francisco del destierro;
a tu divino pecho llamaremos
cuando un día nosotros arribemos! Amén.

             Fr. Rufino M Grández, ofm. cap.

Mensaje del 2 de octubre de 2017 en Medjugorje, Bosnia-Herzegovina

“Queridos hijos, como Madre yo les hablo con palabras simples, pero llenas de amor y de solicitud por mis hijos que, por medio de mi Hijo, me han sido confiados. Mi Hijo, que es del eterno presente, les habla con palabras de vida y siembra amor en los corazones abiertos. Por eso les pido, apóstoles de mi amor: tengan corazones abiertos, siempre dispuestos a la misericordia y al perdón. Por mi Hijo, perdonen siempre al prójimo, porque así la paz estará en ustedes. Hijos míos, preocúpense por su alma, porque es lo único que en realidad les pertenece. Se olvidan de la importancia de la familia. La familia no debería ser lugar de sufrimiento y dolor, sino lugar de comprensión y ternura. Las familias que intentan vivir según mi Hijo viven en amor recíproco. Desde que mi Hijo era pequeño, me decía que para Él todos los hombres son sus hermanos. Por eso recuerden, apóstoles de mi amor, que todos los hombres que encuentran, son familia para ustedes; hermanos según mi Hijo. Hijos míos, no pierdan el tiempo pensando en el futuro con preocupación. Que su única preocupación sea, cómo vivir bien cada momento según mi Hijo: he ahí la paz. Hijos míos, no olviden nunca orar por sus pastores. Oren para que puedan acoger a todos los hombres como hijos suyos y sean para ellos padres espirituales según mi Hijo. ¡Les doy las gracias!”.