Tú eres mi hijo amado, mi preferido

 

“Tú eres mi hijo amado, mi preferido” 
Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1,6b-11 

¡Dios está muy cerca de nosotros!, la voz de Dios Padre se hace sentir desde lo alto. “Tu eres mi Hijo amado: en ti me complazco”. Y al mismo tiempo el Espíritu Santo, en forma de paloma, se posa sobre Jesús que da públicamente inicio a su misión de salvación. Siervo humilde y manso, así es el estilo misionero de los discípulos de Cristo: anunciar el Evangelio con mansedumbre y firmeza, sin gritarle a nadie sino con mansedumbre y firmeza, sin arrogancia o imposición. La verdadera misión no es nunca proselitismo sino atracción hacia Cristo.

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MARÍA MADRE DE DIOS

Un nuevo año comienza y la Iglesia, cada 1 de enero, lo inicia celebrando la Solemnidad de “María, Madre de Dios” para pedir la protección de aquella que tuvo la dicha de concebir, dar a luz y criar al Salvador.

Para terminar, es importante recordar que María no es sólo Madre de Dios, sino también nuestra porque así lo quiso Jesucristo en la cruz. Por ello, al comenzar el nuevo año, pidámosle a María que nos ayude a ser cada vez más como su Hijo Jesús.

Día de los Santos Inocentes.

 

Quizá lo que más nos cuesta entender es que la Navidad del Señor no es un día del calendario sino una de las verdades sustantivas de nuestra fe, que tiene que ser expresada más allá de las palabras… Es decir, la confesión de fe traducida en un obrar de luz y de verdad.

Rezar en voz alta la afirmación del Credo: “nació de Santa María Virgen…” no nos ofrece demasiada dificultad, los problemas se despiertan cuando mi vida no se ajusta a la confesión de mis labios. Por eso la Oración Colecta de esta fiesta nos habla, precisamente, de esta cuestión: “…que podamos dar testimonio, con la vida, de la fe que confesamos con los labios…”

Si Dios es un misterio de Luz, como lo dice San Juan hoy en la primera lectura, recibir a este Dios que vino a poner su morada en medio nuestro, significa caminar en la luz y ahuyentar las tinieblas de la propia vida. Desde Belén de Judá el drama de la humanidad se juega en este acoger la luz o darle la espalda a la luz. Y la experiencia nos confirma aquella sentencia del evangelista en el Prólogo: “La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron”, “Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron”.

Estos días de Navidad la liturgia nos auxilia con los hermosos textos del gran teólogo de la Navidad que es San Juan. Sus escritos nos avecinan a la contemplación del Santo Pesebre que nos interpela a ajustar nuestra vida con el foco de luz que empezó a brillar en el centro de la historia. Cada día experimentamos- dentro y fuera de nosotros- esos restos de tinieblas que, si no se asumen, si se los esconde sin más, nos llevan al autoengaño de la mentira, de la hipocresía y por lo tanto nos privan de esa experiencia de rehabilitación que Dios nos trae, a condición de que nosotros asumamos que sigue habiendo oscuridad en algún rinconcito de mi vida… “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos y purificarnos de toda maldad” (San Juan).

El misterio de la Huida del Señor a Egipto y la ejecución de esos inocentes que decretó Herodes nos ayudan a tomar conciencia de cómo la Navidad se va convirtiendo en un camino de exigencias, un camino en el que asomarán las dificultades y el combate de las tinieblas que repudian la luz. Así vivieron la Santísima Virgen y San José el nacimiento del Niño. Una navidad que lleva el signo de la cruz en su misma entraña. Jesús fue perseguido desde la cuna y arrestado recién el Huerto de los Olivos. Su Madre y José cuidan la Navidad obedeciendo las indicaciones que el mismo Cielo les hace…

Mirando al José bueno que sale en la noche con el Niño y su Madre en el camino del exilio, aprendemos que todos debemos hacernos cargo de ese paso del Señor por nuestra vida. Al amor de Dios se le responde con el amor del compromiso y de la lucha. Es verdad que el amor de Dios se ha manifestado en Navidad. Pero el mal existe, y el desamor de los hombres ocasiona en la historia tragedias como ésta que nos relata el evangelio.

Padre Claudio Bert (1964/2017)

La procesión, acto de devoción a la Virgen Santísima

 

Las procesiones como rito religioso, es decir, como una manifestación de culto público a la divinidad, se encuentra en todos los pueblos y religiones.

Como acto de culto se celebraban también en el Antiguo Testamento. La Iglesia ha adaptado e incorporado esa tradición religiosa natural y espontánea al culto cristiano, depurándola y reservándola para algunas ocasiones especiales.

En el Código de Derecho canónico se encuentra una especie de definición: ‘Bajo el nombre de sagradas procesiones se da a entender las solemnes rogativas que hace el pueblo fiel, conducido por el clero, yendo ordenadamente da un lugar sagrado a otro lugar sagrado, para promover la devoción de los fieles, para conmemorar los beneficios de Dios y darle gracias por ello, o para implorar el auxilio divino’ (canon 1290,1)

En cuanto al sentido y valor de las procesiones hay que tener en cuenta que la Iglesia en esta tierra es un pueblo inmenso que avanza en procesión hacia la Ciudad Eterna, la Jerusalén celestial (Ap 7, 1 – 12). Así, pues, las procesiones tienen el alto significado de anticipar simbólicamente el misterio último de la Iglesia, que es la entrada en el Reino Celestial; las procesiones ponen de manifiesto el gran misterio de la Iglesia en constante peregrinación hacia el cielo.

Además de esto, son un acto de culto público a Dios, que al mismo tiempo lleva consigo un carácter de proclamación y manifestación externa y pública de la fe. Y con todo ello ayudan a la oración y a los deseos de ser e ir mejor.

Orar, rezar el Santo Rosario, ir a la Santa Misa, hacen que nuestra vida, tenga sentido, confianza y esperanza, sabiendo que Dios nos ama y hace maravillas con su Amor.

 

 

 

CELEBRAR A LA VIRGEN EN EL DÍA DE LA INMACULADA

María un misterio de silencio para engendrar a la Palabra.

Aparece en el tiempo …la que fue pensada, elegida y nombrada en el Corazón de Dios….

María tiene un nombre; María, pero cuando el Ángel se inclina delante de Ella la nombra como la “Llena de Gracia”, la Agraciada, la Amada de Dios, la Preferida……

Ante la grandeza del misterio que se le revela, la Santísima Virgen elige el camino de la alabanza agradecida. “El Magnificat”… Mi alma canta la grandeza del Señor y mi espíritu se gloria en Dios mi Salvador…..

Ella concibe la Palabra del Padre en el silencio de su corazón y luego en su vientre.

Transitará la lenta gestación de su Hijo en el silencio de una espera activa y llena de confianza….Dará a luz a la Palabra encarnada en el silencio del pesebre.

la forma en que la Santísima Virgen espero la navidad: son la oración del corazón, y con la mirada puesta en la necesidad del prójimo.

En este día de la Inmaculada Concepción celebremos a la Virgen e imitemos a la Madre de Dios en su Silencio, oración, espera, y gestos. 

RECORDAMOS EL ANIVERSARIO SACERDOTAL DEL PADRE FUNDADOR PBRO. CLAUDIO BERT

 

Lo más perfecto e individual en la vida de cada hombre es precisamente el elemento que no puede reducirse a una fórmula común. Y ese elemento sólo nos pertenece a nosotros  y a Dios. Se trata de nuestra vida propia, auténtica e incomunicable, la vida que ha sido planeada para nosotros en el seno de Dios.

Mi ordenación sacerdotal era el gran secreto para el que he nacido.

En primer lugar, lo más grande que sucede al ser ordenado sacerdote es lo más corriente. Y ello porque el acto de conferir las órdenes sagradas es el más sencillo de los sacramentos. El Obispo, sin pronunciar palabra, coloca las manos sobre la cabeza del ordenando. Luego murmura una plegaria y el nuevo sacerdote recibe la gracia y el carácter indeleble del sacerdocio. Se incorpora al máximo y único Sacerdote, al Verbo Encarnado, a Jesucristo. Es sacerdote para siempre.

Dios no hace nunca las cosas a medias. No nos santifica a retazos. No nos convierte en santos o en sacerdotes imponiendo sobre nuestra vida ordinaria otra extraordinaria. Lo que hace es tomar nuestra vida y todo nuestro ser, elevarlos a un nivel sobrenatural, transformándolos interiormente; pero en el exterior, dejándonos tan vulgares como antes éramos.

Así, la mayor gracia de mi vida – la del sacerdocio – no fue para mí un momentáneo vuelo sobre las áridas planicies de la existencia cotidiana, sino que transformó de manera permanente ese mi cotidiano vivir. Fue como una transfiguración de todas las cosas más sencillas y usuales, una elevación de los actos más corrientes y naturales hasta el nivel de los sublime. Entonces comprendí que la caridad de Dios era capaz de convertir la tierra en cielo. Porque Dios es caridad, y la caridad es el cielo.

Amar a Dios lo es todo. Y el amor basta. Nada tiene valor sino en la medida en que es transformado y realizado por la caridad de Cristo. La cosa más menuda, rozada por la caridad, se transfigura inmediatamente y se convierte en sublime”

ANIVERSARIO SACERDOTAL DEL PBRO. PADRE FUNDADOR, CLAUDIO BERT. 1964/2017

ADVIENTO: TIEMPO DE ESPERA Y CONVERSIÓN

El tiempo de Adviento es un tiempo de espera activa en búsqueda del encuentro definitivo con el Señor Jesús. Espera activa que implica tener deseos de cambiar, de prepararse; es por eso que en este tiempo estamos llamados a la exigencia radical, a la conversión, al cambio de vida, a volver nuestros pasos al camino de Dios; llamados a la conversión que debe abarcar todo nuestro ser y que debe llevarnos a cambiar nuestros pensamientos, sentimientos y acciones; poniéndolas en concordancia con la manera de pensar, sentir y actuar de Jesús.