24 de Mayo María Auxiliadora.

Una oración magnífica, María Auxiliadora, auxilio de los cristianos.!

 

Madre amable de mi vida auxilio de los cristianos, la pena que me atormenta, pongo en tus divinas manos.

Dios te salve María…

Tú que sabes mis congojas, pues todas te las confío, da la paz a los turbados y alivia el corazón mío.

Dios te salve María…

Y aunque tu amor no merezco, no recurriré a Ti en vano, pues eres madre de Dios y auxilio de los cristianos.

Dios te salve María…

Acuérdate, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección haya sido abandonado; animado con esta confianza, me presento a ti. ¡Oh Madre de Dios!, no desoigas mis súplicas; escúchalas y acógelas benignamente, ¡oh clemente, oh dulce Virgen María! (Pedir la gracia que se desea y rezar una Salve)

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Palabras de vida

Cuando san Antonio tuvo que buscar un hombre de oración mucho más santo que él, su ángel de la guarda no le envió a un monasterio o al obispo de Alejandría, donde, sin embargo, vivía el gran san Atanasio, sino a una calle insignificante de aquella gran ciudad de perdición, en la que los hombres no distinguían ya su mano derecha de la izquierda, y allí encontró a un humilde zapatero que le convirtió por completo (…)

Si deseas encontrar un auténtico hombre de oración, dirígete a los lugares en que permanecen ocultos, sobre todo en el corazón de las ciudades y de los grandes espacios desiertos.

Si vas a los monasterios, fíjate en hermanos conversos de edad o en monjes silenciosos.

Existen también lugares de gran soledad: los hospitales, las casas de personas ancianas. En ellos hay muchos hombres de oración; pero permanecen ocultos, invisibles.

Pide a tu ángel de la guarda que te los descubra. Te bastará verlos para entenderlo todo. Existe una misteriosa red de hombres de oración ocultos como las raíces en el fondo de la tierra, y Dios permite a veces que se encuentren y se descubran en el silencio. Estos se concede gratuitamente.”

Jean Lafrance

En el silencio, permanecer sin fin.



” En el silencio eucarístico de los siglos, Jesús permanece en medio de los hombres, porque esa es la esencia misma del amor : lo propio del don, es donarse ; el movimiento presuroso del amor es el quedarse siempre y sin apuros, sin otra razón que no sea la del Amor mismo “

PADRE Fundador CLAUDIO R. BERT

22 – O5 – 1964  –    22 – 05 – 2018

” Meditaciones sin apuro”  

Hoy día lunes  21 de mayo, a las 1930 hs,  se celebrará la Santa Misa por su eterno descanso en la Parroquia Nuestra Señora de Loreto. ( Av. Coronel Díaz y Juncal).

El agua viva del Espíritu Santo

El agua que yo le dé se convertirá en él en manantial de agua viva, que brota para comunicar vida eterna. Se nos habla aquí de un nuevo género de agua, un agua viva y que brota; pero que brota sólo sobre los que son dignos de ella. Mas, ¿por qué el Señor da el nombre de agua a la gracia del Espíritu? Porque el agua es condición necesaria para la pervivencia de todas las cosas, porque el agua es el origen de las plantas de los seres vivos, porque el agua de la lluvia baja del cielo, porque, deslizándose en un curso siempre igual, produce efectos diferentes. Diversa es, en efecto, su virtualidad en una palmera o en una vid, aunque en todos es ella quien lo hace todo; ella es siempre la misma, en cualquiera de sus manifestaciones, pues la lluvia, aunque cae siempre del mismo modo, se acomoda a la estructura de los seres que la reciben, dando a cada uno de ellos lo que necesitan.

De manera semejante, el Espíritu Santo, siendo uno solo y siempre el mismo e indivisible, reparte a cada uno sus gracias según su beneplácito. Y, del mismo modo que el árbol seco, al recibir el agua, germina, así también el alma pecadora, al recibir del Espíritu Santo el don del arrepentimiento, produce frutos de justicia. Siendo él, pues, siempre igual y el mismo, produce diversos efectos, según el beneplácito de Dios y en el nombre de Cristo.

En efecto, se sirve de la lengua de uno para comunicar la sabiduría; a otro le ilumina la mente con el don de profecía; a éste le da el poder de ahuyentar los demonios; a aquél le concede el don de interpretar las Escrituras. A uno lo confirma en la temperancia; a otro lo instruye en lo pertinente a la misericordia; a éste le enseña a ayunar y a soportar el esfuerzo de la vida ascética; a aquél a despreciar las cosas corporales; a otro más lo hace apto para el martirio. Así, se manifiesta diverso en cada uno, permaneciendo él siempre igual en sí mismo, tal como está escrito: A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad.

Su actuación en el alma es suave y apacible, su experiencia es agradable y placentera y su yugo es levísimo. Su venida va precedida de los rayos brillantes de su luz y de su ciencia. Viene con la bondad de genuino protector; pues viene a salvar, a curar, a enseñar, a aconsejar, a fortalecer, a consolar, a iluminar, en primer lugar, la mente del que lo recibe y, después, por las obras de éste, la mente de los demás.

Y, del mismo modo que el que se hallaba en tinieblas, al salir el sol, recibe su luz en los ojos del cuerpo y contempla con toda claridad lo que antes no veía, así también al que es hallado digno del don del Espíritu Santo se le ilumina el alma, y levantado por encima de su razón natural, ve lo que antes ignoraba.

(*) De las catequesis de San Cirilo de Jerusalén, obispo. Catequesis 16: Sobre el Espíritu Santo.

¿Qué significan estas palabras: «¿Me amas?», «Apacienta mis ovejas»?

¿Qué significan estas palabras: «¿Me amas?», «Apacienta mis ovejas»? Es como si, con ellas, dijera el Señor: «Si me amas, no pienses en apacentarte a ti mismo. Apacienta, más bien, a mis ovejas por ser mías, no como si fueran tuyas; busca apacentar mi gloria, no la tuya; busca establecer mi Reino, no el tuyo; preocúpate de mis intereses, no de los tuyos, si no quieres figurar entre los que, en estos tiempos difíciles, se aman a sí mismos y, por eso, caen en todos los otros pecados que de ese amor a sí mismos se derivan como de su principio».

No nos amemos, pues, a nosotros mismos, sino al Señor, y, al apacentar sus ovejas, busquemos su interés y no el nuestro. El amor a Cristo debe crecer en el que apacienta a sus ovejas hasta alcanzar un ardor espiritual que le haga vencer incluso ese temor natural a la muerte, de modo que sea capaz de morir precisamente porque quiere vivir en Cristo.

San Agustín, Comentario al evangelio de Juan, 123,5.

En torno a tres grandes verdades es necesario orar

En torno a tres grandes verdades es necesario orar de modo especial al Espíritu Paráclito para que nos ilumine, y son: que nos haga conocer cada vez mejor la excelencia de nuestra vocación cristiana. Ser preferidos, ser elegidos entre una muchedumbre, y saber que esta predilección, que esta elección, ha sido hecha por Dios, sin ningún mérito nuestro, desde la eternidad, «ante mundi constitutionem», con el único objetivo de que seamos suyos en el tiempo y en la eternidad, es un misterio tan grande, y al mismo tiempo tan dulce, que el alma, por poco que lo penetre, no puede sino derretirse toda en amor.
En segundo lugar, pidamos que nos ilumine cada vez más sobre la inmensidad del premio eterno al que la bondad del Padre celestial nos ha destinado. La penetración de nuestro espíritu en este misterio aleja al alma de los bienes terrenos y nos vuelve ansiosos por llegar a la patria celestial.
Oremos, por fin, al Padre de las luces que nos haga comprender cada vez más el misterio de nuestra justificación, que de miserables pecadores nos lleva a la salvación. Nuestra justificación es un milagro inmensamente grande que la sagrada escritura compara con la resurrección del divino Maestro.
San Pío de Pietrelcina, 23 de octubre de 1914, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 197
Gianluigi Pasquale, 365 días con el Padre Pío.

“La vida es tu navío, no tu morada”

 

Como cristianos sabemos que nuestra vida no termina aquí, aunque esto a veces no es fácil de asumir. Sabemos que Alguien nos espera en la vida eterna, pero eso no significa que podamos abandonarnos y no nos esforcemos en mantener limpio y ordenado nuestro navío, refiriéndonos a nuestra vida.

El reino de Dios puede estar en cada uno de nosotros, porque su mensaje se nos ha dado. Deberíamos entender que esforzarnos por llevar a buen puerto nuestra alma nos ayudaría a hacer de nuestra vida cotidiana algo precioso y distinto.

Muchas veces obviamos la importancia que tiene el tratar de hacer las cosas bien. Eso no significa que siempre las hagamos o nos salgan bien, aun siendo nuestro mayor deseo. Nuestra voluntad no siempre acompaña a nuestra manera de actuar, pero no por ello podemos desistir y darnos por vencidos. Con la Madre de Dios, nuestra Santísima Virgen María, todo es y será mucho mas fácil.

Cuando Jesús eligió a sus doce apóstoles, sabía que eran hombres con sus virtudes y sus defectos. Eran necesario para dejar y expandir su mensaje al mundo entero. Supongo que alguno de aquellos hombres se sentía superado por la elección del Maestro. Pedro le negó hasta tres veces en los momentos más difíciles y lo peor de todo es que Él ya le había avisado de que lo haría.

Creo que de alguna manera aquellos doce vivían la oración y  tomaban conciencia de que su vida era su navío y no su morada. Es importante, sí, pero sin perder la referencia de lo que realmente está más allá del final que todos conocemos.

Nos cuesta muchas veces no hacer las cosas bien . Me fortalece el hecho de que eso Dios ya lo sabe y no por ello pierde la fe en nosotros, sino que nos anima a seguir luchando estando a nuestro lado, sin cansarse.

Dios nos ama como somos; con nuestras bondades y  defectos. Dios ama nuestra vida. De nosotros depende sacar lo mejor que Él plantó en ella. De nosotros depende que pongamos a punto la vida de nuestro mayor y más importante viaje: el de nuestra morada.