ESCUCHEMOS A LA MADRE DE DIOS!

 DIOS busca a vuestra alma amada en el silencio y en la soledad.

DIOS la desea y la quiere en exclusividad, y ustedes no tienen presente realmente lo que es vuestra alma.

DIOS siempre espera a vuestra  alma en la intimidad de la oración, en el silencio del recogimiento, en el gusto de la meditación y la adoración.

 Cuántos buscan a DIOS sinceramente, pero no lo encuentran!

Van de aquí para allá, y nadie les enseña, nadie los educa, y en verdad deben saber que no han de moverse, sólo han de estar quietos, silenciar su corazón y esperar. Deben silenciar  tanto ruido de la vida cotidiana.

Lo importante es el deseo de amar a Dios, apasionadamente, dispuesto a cualquier querer, gusto, ilusión, cruz.

Pero estén atentos  y sean astutos, porque Satanás está siempre deseoso de mostrarles el ruido y las apetencias  mundanas,  para que los arrastre, para que no amen con toda el alma Mi Hijo, para que se pierdan en este camino de perfección y salvación.

Vivan dando gracias a DIOS por su amor.

El solo hecho de nacer es ya un motivo grande de alabanza y agradecimiento al Dueño de vuestras vidas.

Oren y mediten. Es vuestro alimento cotidiano para esta vida y para la vida eterna.

Los sacramentos y la Santa Misa junto a la exigencia de ser buenos de corazón los perfeccionará en este caminar junto a la Gracia que los llevará al Reino de los cielos donde todos están invitados a vivir .

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MEDITAR LA PALABRA DE DIOS.

“Cuando dice Jesús: ‘El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán’ nos muestra el camino directo hacia la vida eterna.
Las palabras de Jesús tienen la capacidad de transformar nuestros corazones y nuestras mentes y nos llevan al Reino de Dios. ‘Las palabras que os he hablado -dice Jesús- son espíritu y son vida’
(Juan 6, 63).
Mediante la meditación podemos dejar que las palabras de Jesús lleguen de nuestras mentes a nuestros corazones y creen en ellos un espacio para que more el Espíritu.
Hagamos lo que hagamos y vayamos adonde vayamos, mantengámosnos cerca de las palabras de Jesús.
Son palabras de vida eterna.”

NUESTRO CENTRO DEBE SER EL AMOR

“Siempre que alguien nos hiere, ofende, ignora o rechaza, se produce en nosotros una profunda protesta interior.
Puede tratarse de furia o depresión, de deseo de venganza o incluso del impulso de causarnos daño nosotros mismos.
Podemos sentir una profunda urgencia de vengar nuestra herida, o bien refugiarnos en un sentimiento suicida de autodesprecio.
Aunque estas reacciones extremas puedan parecer excepcionales, nunca son ajenas a nuestros corazones.
Durante largas noches le damos vueltas a menudo a las palabras o acciones con que hubiéramos podido responder a lo que nos dijeron o hicieron otros.
Justo en ese momento es cuando hemos de desenterrar nuestros recursos espirituales y encontrar el centro en nuestro interior, ese centro que está mucho más allá de nuestra necesidad de herir a otros o herirnos a nosotros mismos, ……..el centro donde somos libres para perdonar y amar.”

LA MEDITACIÓN.

La oración mental o meditación es, más que conveniente, necesaria para el progreso de la vida espiritual. Ya decía San Alfonso María de Ligorio que “el pecado puede existir en nosotros junto a otros ejercicios de piedad, pero no pueden cohabitar la meditación y el pecado: o el alma deja la meditación o deja el pecado”.

El amigo busca al amigo. Nuestra relación con Dios se establece por el ejercicio de las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Son ellas las que deben establecer esa divina comunicación “con quien sabemos que nos ama” (Santa Teresa). Por ello la meditación no exige técnicas depuradas, aun cuando éstas nos puedan ayudar. “Si amáramos a Dios, la oración nos sería tan natural como la respiración” (San Juan María Vianney). Los antiguos monjes se unían a Dios por la repetición afectuosa de jaculatorias.

La esencia, el alma de la oración o meditación es el trato de amistad con Dios, es decir, el mutuo conocerse y contemplarse y el mutuo amarse. Así precisamente la definió Santa Teresa: “Es tratar de amistad con aquél que nos ama”.

El lenguaje de la meditación es el lenguaje del corazón. Si se deben usar palabras es porque ellas disponen el alma.

“Para mí la oración es un impulso del corazón, una simple mirada dirigida al cielo, un grito de gratitud y de amor, tanto en medio de la tribulación como en medio de la alegría” (Santa Teresa del Niño Jesús).

 

EL PASO DEL TIEMPO

 

Queridos hermanos, qué importante es considerar al paso del tiempo en nuestras vidas.

Qué afortunado es aquel que sabe aprovecharse del tiempo, porque sus días estarán llenos de  Dios, y no sentirá el pesar del paso del tiempo.

Nuestros días pasan rápido…. están contados, y nuestro tiempo no se nos da sino para una sola cosa: gestionarlos para nuestra salvación.

No te prives de un buen día; y del buen don no dejes perder ninguna parte (Ecle. 14, 14).

Que nuestra vida esté llena de días empleados en nuestra salvación, que el tiempo de vida que nos queda lo emplemos en servir a Dios, adquirir las virtudes que nos faltan, y en merecer el premio que nos tiene preparado en las moradas eternas.

la inocencia, el mayor adorno del alma

 

Queridos hermanos, la inocencia es el mayor adorno del alma, su vestidura más hermosa y valorada; las galas más valiosas de las que se puede proveer el alma santa, y la que quiere firmemente serlo.

Dios se complace en los corazones puros y en las almas inocentes. La inocencia arrebata para sí el  Sacratísimo Corazón de Jesús.

Bienaventurados los limpios de corazón, nos dice nuestro Salvador, porque ellos verán a Dios. Sólo los limpios de corazón, los puros, los inocentes verán a Dios; nadie manchado con el pecado podrá  verlo, ni acercarse a Él, que es la infinita pureza e inocencia. Lo saben en el Cielo, y lo saben en la tierra las almas castas a las que se comunica Dios, dándoles inteligencia de los más sublimes misterios y de lo oculto que hay en la divinidad.

Los puros, los castos, los inocentes, son amados por Dios especialmente, porque se esfuerzan en vivir unidos  a Él, renunciando a todo lo que les aparte de la Ley divina; se sacrifican lo que fuere necesario por ser fieles a la pureza. La fe siendo oscura, es luz para ellos, pues está iluminada por las gracias especiales de Dios.

Pero para quien es verdaderamente oscura, de forma especial, es para los corazones impuros y corrompidos por la lujuria y por la maldad; para esas almas sepultadas en el lodo, por esas almas que solo hacen mal, envidian, corrompen, y no poseen otro deseo que el mal…

Qué gran testimonio de fe se puede dar con la pureza de nuestras costumbres, aun sin decir nada, sin hablar, dando testimonio con nuestra modestia, silencio y andar. 

ALZAR LOS CÁLICES DE NUESTRA VIDA

 

 “Si sostenemos firmemente el cáliz de nuestra vida, aceptando todas sus penas y alegrías, también seremos capaces de alzar nuestros cálices en solidaridad humana.

Alzar nuestros cálices significa que no nos avergonzamos de lo que vivimos, y este gesto estimula a los demás a reconciliarse con su propia verdad tal como nosotros tratamos de hacerlo.

Si alzamos nuestro cáliz y les decimos a los demás: “Brindemos por la vida” o “A tu salud” proclamamos que estamos dispuestos a mirar sinceramente nuestra vida, sin mentirnos.

Es así como podemos convertirnos en una comunidad de personas que se animan mutuamente a apurar hasta la última gota el cáliz que hemos recibido, convencidos de que nos conducirá a la verdadera realización”

“Beber nuestro cáliz es seguir de forma generosa y valiente las llamadas de Dios y permanecer de buen grado en el camino que Él ha trazado para nosotros. Así es como el cáliz de nuestra vida se convierte en cáliz de salvación. Cuando lo hallamos bebido hasta la última gota, Dios volverá a llenarlo con “agua” para la vida eterna”.