Seremos salvos, seremos libres, seremos uno.

“La esencia de estar a solas, a solas consigo mismo, no está en huir de todas las personas de este mundo. Esto no tiene ningún sentido. No se trata de huir de la gente ni de correr a buscarla. Estar solo es simplemente otra forma de estar con ellos.

El estar físicamente presente para todos es casi siempre más o menos irrelevante. Se está o no se está. Y eso no tiene en realidad tanta importancia, puesto que estamos unidos en el Espíritu. Y así es como será en el cielo. En el cielo hay una verdadera vida comunitaria, sin pequeñeces ni trivialidades. Allí, no nos preocupamos por nuestra propia identidad y nuestra individualidad, y todas esas minucias.

En el cielo, todas las cosas serán como cuando son mejores que nunca para nosotros aquí en la tierra, y mucho mejores. En otras palabras, allí seremos realmente uno. Este es el propósito de nuestra vida, lo que buscamos y anhelamos, y lo que vamos a tener. Seremos salvos, seremos libres, seremos uno.

No tenemos que preocuparnos por el hecho de que las cosas sean ahora imperfectas. El tiempo se avecina, y será mucho mejor de todo cuanto podamos pensar o imaginar. Y así será porque seremos uno. Así, cuando estamos juntos, enriquecemos nuestra eternidad.

Esto es lo que significa ser cristianos. Así es como obra Dios. Y lo que hace que le estemos tan agradecidos. Sabemos que no es nuestra misión hacer que las cosas “funcionen”, ni satisfacer ninguna clase de precondiciones, ni “enderezar” todas las cosas”.

 

Thomas Merton.
Los Manantiales de la Contemplación.

Anuncios

En adviento, vayamos a la Santa Misa

En Adviento se pueden hacer muchas cosas buenas: rezar el Rosario cada día; o, si ya tenemos la costumbre de rezarlo, tal vez rezar un Rosario meditando un paso de las Escrituras con cada Avemaría; leer un buen libro de meditaciones; rezar alguna parte del Oficio Divino o de la Liturgia de las Horas;  obras de caridad, visitar enfermos, etc

 

dice San Juan María Vianney:

Todas las buenas obras del mundo sumadas no pueden equipararse al Santo Sacrificio de la Misa, porque son obras humanas, en tanto que la Misa es obra de Dios. En comparación con ella, el martirio no es nada, porque es el sacrificio que ofrece un hombre a Dios; en cambio, la Misa es el sacrificio que ofrece Dios para el hombre.

 

San Juan De la Cruz

 

San Juan de la Cruz es un escritor notablemente lúcido y sencillo.

Si algunos lo encuentran difícil por cierto ello no se debe a que sea oscuro.

Es casi brutalmente claro. Y en eso consiste el problema. Su sencillez es demasiado radical. Jamás pierde tiempo en buscar componenda alguna”

Todo y Nada. Estas dos palabras contienen la teología de san Juan de la Cruz. Todo es Dios, quien contiene en Sí mismo eminentemente las perfecciones de todas las cosas. Pero a fin de poseerlo a Él, que lo es todo, debemos renunciar a la posesión de todo lo que sea menos que Dios”.

“Lejos de tratar de privar al alma de placer, conocimiento y todo lo demás, san Juan de la Cruz quiere que alcancemos el más puro de los placeres y el más elevado de los conocimientos: el gustarlo todo, el saberlo todo, el poseerlo todo”.

“La nada de san Juan de la Cruz es simplemente una aplicación drásticamente literal del Evangelio”.

“San Juan de la Cruz resulta tan drástico que mucha se gente se convence de que está predicando una especie de dualismo maniqueísta, como si la naturaleza fuese maligna en sí misma, como si las criaturas no fuesen más que obstáculos en la unión con Dios… Pero, lejos de enseñarnos a detestar este mundo, Juan de la Cruz nos indica la manera de amarlo y comprenderlo”.

“Fuera de su nativa España, San Juan de la Cruz nunca fue un santo muy popular.

Su doctrina es considerada como “difícil”, y le exige a los demás la misma austeridad intransigente que él practicó durante su vida entera.

Sin embargo, un estudio más ceñido de su doctrina, probaría que san Juan de la Cruz poseía todo el equilibrio, la prudencia y la “discreción” que caracteriza a la más elevada santidad.

Su único propósito consiste en situar al hombre entero, cuerpo y alma, bajo la guía del Espíritu de Dios.

En la práctica, san Juan de la Cruz se opuso inexorablemente al formalismo y la inhumanidad de quienes comparaba con “herreros espirituales” que martillaban violentamente las almas de sus víctimas para hacerlas calzar en algún modelo convencional de perfección ascética. Sabía muy bien que este tipo de ascetismo era uno de los más defectuosos, porque a menudo era una manifestación de incorregible orgullo espiritual.

La claridad y la lógica de este carmelita español, sumada a su insuperable y experimentado conocimiento de las cosas de Dios, lo sitúan de lejos como uno de los más grandes y más confiables de todos los teólogos místicos”

Thomas MERTON, “Ascenso a la verdad”

 

Nuestra Señora nos pide que hagamos, pero no cualquier cosa……

 

                                                                                       Nuestra Señora nos pide que hagamos, pero no cualquier cosa, sino lo que a Él nos diga.

Antes de hacer, pues, es necesario escuchar y enterarse, pues, de  lo contrario no sabremos qué es aquello que hemos de hacer.

Pero no se trata de escuchar a cualquiera, sino a su Hijo, al Enviado del Padre, pues Él sólo es quien tiene algo que decir.

Él habló, y además se preocupó de que las cosas que dijo, más las que más nos interesan, fueran transmitidas, recogidas y escritas para que nosotros, a dos mil años de distancia en el tiempo, y pudiéramos conocerlas, para que le siguiéramos oyendo.

¿Es esto, realmente, muy poco?

El posible que lo parezca a aquellos para quienes el Evangelio no sea sino un conjunto de frases sabidas y repetidas que no les digan nada; para aquellos que, por falta de meditación, carezcan de profundidad y hayan convertido en tópico – en fórmula vacía de contenido- la palabra de Dios. Porque la realidad es que la breve recomendación que nos dejó la Virgen vale por todo un tratado.

La Virgen era demasiado discreta y humilde para aventurar opiniones  o consejos, ni tenía nada que revelar. De ahí que en la única oportunidad que tuvo de dirigirse a nosotros lo hiciera con la misma discreción y certeza con que todo lo hizo: “Haced lo que Él os diga”.

Que más? En las apariciones de todo el mundo, la Santísima Virgen nos pide que obedezcamos a Jesús. Que lo miremos y que vivamos siempre junto a El. No no separemos del Hijo de la Virgen, Él nos dirá lo que debemos hacer!. jl

Mirad, hijos míos, el tesoro de un cristiano no está en este mundo sino en el cielo (Mt 6,20).

Mirad, hijos míos, el tesoro de un cristiano no está en este mundo sino en el cielo (Mt 6,20).

Así pues, nuestro pensamiento tiene que encaminarse hacia donde está nuestro tesoro.

La persona humana tiene una tarea muy bella, la de orar y la de amar. Vosotros oráis, vosotros amáis: he aquí la felicidad de la persona en este mundo.
La oración no es otra cosa que la unión con Dios.

Cuando el corazón es puro y está unido a Dios, uno percibe en su interior un bálsamo, una dulzura que embriaga, una luz que deslumbra.

En esta íntima unión Dios y el alma son como dos trozos de cirio fundidos en uno; ya no se pueden separar. ¡Qué hermosa es esta unión de Dios con su pequeña criatura! Es una felicidad que sobrepasa toda comprensión.

Habíamos merecido no saber orar; pero Dios, en su bondad, nos permite hablarle. Nuestra oración es incienso que él recibe con infinita benevolencia.

Hijos míos, tenéis un corazón pequeño, pero la oración lo ensancha y lo capacita para amar a Dios.

La oración es una pregustación del cielo, un derivado del paraíso. Nunca nos deja sin dulzura. Es como la miel que desciende al alma y lo suaviza todo.

Las penas se deshacen en la oración bien hecha, como la nieve bajo el sol.

San Juan María Vianney, Catecismo sobre la oración.

Cuando una persona alza su mirada hacia Él

“Cuando una persona alza su mirada hacia Él, Hacia Jesucristo, le sobreviene una transformación, en comparación con la cual la mayor revolución es una nimiedad.

Consiste, sencillamente, en que quien alza la mirada hacia Él, cree en Él, puede llamarse y ser aquí en la tierra hijo de Dios.

Es ésta una transformación interior que, sin embargo, resulta imposible que se quede en algo puramente interior. Por el contrario, cuando se produce, se abre paso con fuerza hacia fuera.

A esa persona le amanece una gran luz, intensa y constante. Y precisamente esa luz se refleja en su rostro, en sus ojos, en su conducta, en sus palabras y en su manera de comportarse.

A una persona así, incluso en medio de sus preocupaciones y sufrimientos, pese a todos sus suspiros y gruñidos, se le causa una alegría: no una alegría gratuita y superficial, sino profunda; no pasajera, sino permanente.

Y precisamente esa alegría lo convierte, aun cuando esté triste y sus circunstancias sean igualmente tristes, en una persona alegre.

Digámoslo con franqueza: ha recibido algo por lo que reír, y no puede reprimir esa risa ni siquiera cuando, por lo demás, no tiene nada de qué reír. No se trata de una risa malvada, sino bondadosa; ni de una risa sarcástica, sino amable y consoladora; tampoco es una risa diplomática, como se ha hecho habitual en el ámbito político, sino una risa sincera, procedente de lo más profundo del corazón”.

Kart Barth

Oración a la Santísima Virgen María del Buen Amor

A Ti, nuestra Santísima Madre, María del Buen Amor

dirigimos nuestras plegarias, en las horas felices y tristes de nuestra vida.

En tu rostro de Madre y tu mirada llena de compasión

encontramos la caricia bendita del Padre de los cielos.

Tú estás siempre con nosotros, en compañía de tu amoroso Hijo.

Confiamos en tu intercesión todopoderosa ante el trono de la gracia.

Te rogamos nos dispenses tus bendiciones para el alma y el cuerpo,

hasta que alcancemos la perfecta comunión contigo en el buen amor del Cielo.

Amén.

P. Fundador Pbro. Claudio Bert (1964/2017)