La Santidad

“Conténtate de no ser todavía santo, aunque te percates de que la única cosa por la cual vale la pena vivir es la santidad.

Así estarás satisfecho dejando que Dios te guíe hacia la santidad por caminos que no puedes comprender.

Pasarás por una oscuridad en que ya no te preocuparás por ti mismo ni te compararás con los demás.

Los que han seguido este camino hallaron finalmente que la santidad está en todo y que Dios los rodea por todas partes.

Después de abandonar todo deseo de competir con los demás, se despiertan de pronto y descubren que el gozo de Dios está en todas partes y pueden regocijarse por las virtudes y bondad de su prójimo más que no habrían podido hacerlo por las suyas propias.

Están tan deslumbrados por el reflejo de Dios en las almas de los hombres con quienes viven, que ya son incapaces de condenar lo que ven en el otro. Aun en los mayores pecados pueden ellos ver bondad y virtudes que nadie más puede ver.

En cuanto a sí mismos, si todavía se consideran, ya no se atreven a compararse con otros. Esa idea se hizo ya impensable. Pero ya no es fuente de gran sufrimiento y lamentación: han alcanzado finalmente un punto en que dan su propia insignificancia por supuesta y ya no se interesan en sí mismos”.

  Thomas Merthon

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Gracias!

Todos tenemos un Dios grande y maravilloso, un Dios bueno y poderoso, como siempre digo, dueño de nuestra vida y que nos colma de favores y misericordias cada día, todos los días, un Dios amoroso, por tanto tenemos muchas grandes razones y motivos por los cuales estar y ser agradecidos con nuestro buen Dios y Padre celestial.

El dar gracias es el volverse (entonces uno de ellos viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz ) o devolverse con expresiones o acciones hacia quien nos ha hecho un favor, o nos ha brindado ayuda o nos ha hecho bien; cuando alguien nos obsequia algo, nos dirigimos hacia él con una sonrisa o un abrazo o con palabras de agradecimiento y entre mas valioso es el obsequio, el favor o la ayuda que recibimos, mas grande es nuestro agradecimiento para quien nos lo da. Y son esas acciones y expresiones que damos o hacemos cuando reconocemos el gesto y la amabilidad de alguien para con nosotros, las que nos hacen ser agradecidos.

Ahora bien el dar gracias a Dios es la respuesta de un corazón humilde, de un corazón que no olvida y que reconoce las bendiciones maravillosas que Dios le da.

El dar o el decir gracias es parte de una educación, pero para nosotros el dar Gracias a Dios debe de ser una devoción.

Todo hijo de Dios debe de ser agradecido, debemos expresar con nuestros labios gratitud a Dios, debemos de bendecir su nombre y darle acciones de Gracias. (Bendice, alma mía al Señor  y bendiga todo mi ser su santo nombre. )

Queridos amigos y hermanos procuremos que toda nuestra vida  sea una acción de gracias a Dios, no olvidemos de que tenemos muchas razones por las cuales dar gracias siempre y en cada momento.jl

 

Dar una bendición

 

Son muchos los que buscan y desean copiosas bendiciones del Cielo, algunos se animan a  pedirlas, otros están como a la espera… con las manos abiertas para recibirlas cuando lleguen…

Hay una fe sentida en lo más hondo del alma que nos confirma, tantas veces, de que en Dios está la fuente de toda bendición y que Él la derrama generoso sobre aquellos que la invocan.

Pero los hombres recibimos estas bendiciones no como destellos de luz que nos llegan en la virtualidad del espacio satelital, sino como gracias que nos acarician el corazón desde esa inmediata percepción de unas manos que se levantan sobre nosotros trazando la señal de la cruz, o signando nuestra frente, o imponiendo las palmas abiertas sobre nuestras cabezas…

Pedir ser bendecido es una muestra contundente de esa insuficiencia que todos tenemos y la esperanza de ser llenados y abrazados por la protección sagrada de Dios.

Es un signo positivo que todavía nos pidan bendiciones, señal por la cual el hombre expresa su contingencia y se inclina ante la mano bondadosa del Padre eterno que es bendición sobre toda bendición para sus hijos…

Padre Claudio Bert (1964/2017)

El “testamento” que Sor Faustina le dejó a su confesor el Padre Miguel Sopocko

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El padre Sopocko, hoy beato, recordaba el último encuentro, el del día del adió con la religiosa un mes antes de su muerte y los deseos e indicaciones que ella le dejó. La religiosa le reveló tres grandes cosas. Él lo anotó de esta manera.

1) “No debes interrumpir la difusión del culto a la Divina Misericordia y sobre todo tendrás que insistir en la institución de la fiesta, que deberá ser el primer domingo después de Pascua. Nunca habrás de pensar que has hecho suficiente, ni siquiera ante las dificultades más grandes, aun si pudiera parecerte que no le agradase al mismo Dios, no deberás abandonar jamás. Aunque la decisión de la Iglesia en este sentido fuese negativa, no deberás ceder. Tampoco si te faltase fuerza física o moral no debes renunciar.

2) La infinidad de la Divina Misericordia no tiene límites. Y no alcanza nuestra vida para celebrarla. El mundo no existirá por mucho tiempo y Dios quiere y Dios quiere concederle la Gracia a todos antes del fin para que durante el Juicio nadie pueda negar haber conocido la bondad divina y no haber escuchado hablar de la Misericordia. No será por lo tanto importante para la Congregación que comience a dedicarse a cosas pequeñas y banales y las iniciativas que procedan de otros… Dios mismo mandará una persona en el mundo, que portará signos ciertos para poder reconocerlo.

3) Tener siempre buenas intenciones en toda la misión y las actividades. No buscarse a sí mismo, sino solamente la gloria de Dios y la salvación del prójimo. Cuando quieras decir algo piensa si es para lo gloria de Dios; de lo contrario es mejor guardar silencio. No exponerse a primeros puestos. Si debe nacer una congregación, es mejor dejarle el gobierno a otros. Estar preparado para las dificultades más grandes, el abandono, decepciones, ingratitudes y persecuciones, aunque fuese  de fracaso en fracaso, amargura, tristeza y abandono de todos. Cuando me dirija a Dios en la oración y no encuentre consolación sino solo vacío en el alma y el silencio  así hasta la muerte. Y bien! Entonces tener en lo más profundo del alma a Dios y consolarse (…) Sentía que esta nuestra conversación era la última en esta vida, ella de hecho me pide le conceda la bendición Divina. A mi pedido me auguró todas las gracias de Dios y me saludó prometiéndome sus oraciones aquí y después de su muerte. (…) Sentí gran dolor en el alma y una profunda tristeza al tener que decirle adió a una creatura tan excepcional y que ahora que ella me faltaría estaré abandonado de todos. Pero comprendí que era yo quien debía, antes que nada, confiar en la Divina Misericordia. Dios olvidaría todo aquello que había pasado. Dios me perdonaría todas las infidelidades porque es bueno. Por eso debía sacudirme de toda cobardía y tener confianza en Él, confiar y solamente confiar”

                           Foto del Padre Claudio Bert, celebrando la Santa Misa en el Santuario de la Divina Misericordia en el Estado del Vaticano. Roma. Año 2014
Foto del Padre Claudio Bert, imponiendo sus manos a fieles que se le acercaban en el Santuario de la Divina Misericordia en el Estado del Vaticano Roma año 2014

Almas sin confianza, ¿por qué dudamos?

 

Es interesante comprobar que las últimas devociones que Dios ha revelado son justamente la del Sagrado Corazón de Jesús y la Divina Misericordia, y en ambas se nos pide confianza en Jesús, pues sus jaculatorias son:

“Sagrado Corazón de Jesús en Vos confío” y “Jesús en Vos confío”

Es que en estos tiempos calamitosos la confianza en Dios es duramente puesta a prueba. Estamos en el medio de la tormenta como los apóstoles en el lago, y tememos por nosotros, por los nuestros y por el mundo entero.

¿Pero acaso no existe Dios? ¿Y qué es lo que puede suceder sin que Dios lo quiera o al menos lo permita? ¿Podemos creer que el mal y las criaturas pueden hacer algún mal que no esté bajo el control de Dios?

Hagamos el propósito de que cuando llegue la próxima prueba, en nuestra familia o en nuestra vida, confiaremos ciegamente en Dios. Hagamos un pacto con Él, diciéndole: “Señor, yo me ocuparé de tu honra y de tus cosas, y Tú ocúpate de mí y de las mías”.

A partir de ese momento solo ocupémonos y preocupémonos por la gloria de Dios y la salvación de las almas, para que venga el Reino de Dios sobre la tierra, y dejemos que Dios acomode las cosas de nuestra vida, absolutamente TODO lo nuestro, a su gusto. Saldremos favorecidos infinitamente.

 

Solo Dios y yo.

Silencio en los labios, cantares en el corazón; alma que vive de amores, de sueños y de esperanzas…, alma que vive de Dios. Alma que mira a lo lejos…, lejos, muy lejos del mundo, pasando la vida en silencio…, cantando en el corazón.

Sólo Dios y yo.

Pasan rápidos los días, en ellos se va la vida…, soñamos con lo pasado, esperamos lo que ha de llegar… El alma mira a lo lejos buscando la única vida, que mira en un mar de esperanzas, y que la espera sea mejor.

Cantares a Dios. ¿Qué importa lo que nos rodea? Todo es nada, y la nada no merece nuestra atención.

Busca el alma lo que aquí no encuentra…

Pasan serenos los días, en la dulce calma del amor que espera. El alma comprende, que nada en el mundo la puede llenar… La tierra es de barro, los hombres son pobres, la vida muy corta, todo es muy pequeño, frágil y caduco…, y el alma está ansiosa de verse en el cielo, mirando a la Virgen, contemplando a Dios.

Casas, familias, amigos…, aves de paso, que vuelan cantando. Flores y espinas. Llantos y cruces. Vientos y hielos. Himnos de alegría. Momentos de angustia. Campanas, incienso… Todo lo que vibra, todo al alma en la vida rodea…, todo es flor de un día, que ahora viene y luego se va. Nada la interesa que no sea Cristo, nada la conmueve que no sea Dios, y esconde muy hondo, sus ansias, sus penas, sus cruces, su amor.

Ya todo la cansa; no busca en los hombres lo que jamás podrán dar. Sólo tiene el alma una ocupación que llena su vida entera…, un ansia grande de cielo, y un Dios a quien adorar.

Sólo Dios y yo. jl