Poner la vida en las manos del Padre.

 

Poner la vida en las manos del Padre es poner la vida propia como la ajena bajo la guarda y amorosa conducción del Dios Bondadoso. Es ponerse no al resguardo de los peligros y tormentas que arreciarán llevarse lo mejor de nuestras siembras, sino ponerse en ese hogar de amor y de gracia que es el Corazón de Dios, que nos desinflamará las heridas del alma inflamándonos con la brisa de su ternura.

Mientras el hombre busca la autogestión constante y cabal de sus asuntos, el salmista nos invita a dejarnos conducir por Otro que sabe más y mejor. Poner la vida en Dios para que sea Él quien nos sorprenda en una agenda que nosotros hemos dejado en blanco para que El escriba lo importante, la cita impostergable, la tarea que no puede ser aplazada. El sabe más y mejor.

Entonces, recién entonces, sobrevendrá la paz que exorcizará los malos espíritus de la incertidumbre, de la turbación, de la ansiedad controladora de todo y de todos. La paz es la fragancia que exhalan las heridas gloriosas de Cristo, las llagas de sus Manos, y que se abren para que en ellas nos escondamos: “dentro de tus llagas, escóndenos”.

 

No perdamos la conciencia de que al ponernos en las Manos de Dios nos ponemos en las mejores manos, esas Manos de las que nadie nos arrebatará, porque son las manos más fuertes que sostienen la tierra y el cielo: “El Padre, que me las ha da dado [a las ovejas], es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre” (Jn 10,29)

Padre Fundador Pbro. Claudio Bert(1964-2017)

 

 

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A María del Buen Amor

A Tí, Nuestra Santísima Virgen, María del Buen Amor,

dirigimos nuestras plegarias en las horas felices y tristes de Nuestra Vida, 

en tu rostro de Madre y tu mirada llena de compasión, 

encontramos la caricia bendita del Padre De los Cielos,

Tú estas siempre con nosotros en companía de tu Amoroso Hijo, 

confiamos en tu intersección, todopooderosa, ante el Trono de la Gracia, 

te rogamos nos dispenses tus bendiciones para el alma y el cuerpo

hasta que alcancemos la perfecta comunión, 

contigo en el Buen amor de Cielo. 

Amén.

Padre Fundador Pbro. Claudio Bert

Asunción de la Santísima Virgen María. Bibliografía

 

María no fue una rosa en la cual la divinidad reposó por algún tiempo; ella fue el canal a través del cual Dios vino a nosotros. María no podía vivir mucho tiempo separada del sueño que trajo al mundo, el sueño no podía vivir sin ella, en cuerpo y alma. Su amor a Dios le abrió paso hacia arriba; el amor por su Madre elevó a ésta hacia arriba. Nuestro Señor no podía olvidar la cuna en la que había estado. En la Anunciación, el ángel le dijo: “El Señor está contigo”. En la Asunción: “María está con el Señor”. Su Asunción es la garantía de que todas las plegarias a ella serán respondidas. El Hijo está la derecha del Padre; la Madre está a la derecha del Hijo” (Fulton J. Sheen)

María y Marta….la mejor escucha Es la palabra del Señor

 

“Marta y María son dos hermanas; tienen también un hermano, Lázaro, quien en este caso no aparece. Jesús pasa por su pueblo y —dice el texto— Marta le recibió (cf. 10, 38). Este detalle da a entender que, de las dos, Marta es la mayor, quien gobierna la casa. De hecho, después de que Jesús entró, María se sentó a sus pies a escucharle, mientras Marta está completamente ocupada en muchos servicios, debidos ciertamente al Huésped excepcional. Nos parece ver la escena: una hermana se mueve atareada y la otra como arrebatada por la presencia del Maestro y sus palabras. Poco después, Marta, evidentemente molesta, ya no aguanta y protesta, sintiéndose incluso con el derecho de criticar a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Marta quería incluso dar lecciones al Maestro. En cambio Jesús, con gran calma, responde: «Marta, Marta —y este nombre repetido expresa el afecto—, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada» (Lc 10, 41-42). La palabra de Cristo es clarísima: ningún desprecio por la vida activa, ni mucho menos por la generosa hospitalidad; sino una llamada clara al hecho de que lo único verdaderamente necesario es otra cosa: escuchar la Palabra del Señor; y el Señor en aquel momento está allí, ¡presente en la Persona de Jesús! Todo lo demás pasará y se nos quitará, pero la Palabra de Dios es eterna y da sentido a nuestra actividad cotidiana”.

Papa Benedicto XVI, Angelus 18 de julio 2010

Santa Marta de Betania. Bibliografía

Memoria de santa Marta, que recibió en su casa de Betania, cerca de Jerusalén, a Jesús, el Señor, y muerto su hermano Lázaro, proclamó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que has venido al mundo».

Hermana de Lázaro y María. La primera vez que aparece en el Evangelio parece una mujer decidida. Algunos historiadores piensan que era la mayor de los tres hermanos, sencillamente porque san Lucas dice que “por el camino entró Jesús en una aldea, y una mujer de nombre Marta lo recibió en su casa”. En esta ocasión Marta se convertirá en el símbolo de la persona que se atarea en las cosas. “Señor, ¿no te importa nada que mi hermana me deje sola para hacer todo? ¿Por qué no le dices que me ayude?…”. “Marta, Marta, te inquietas y te agitas por mucho, por demasiadas cosas. Sólo una tiene valor, María ha elegido la parte mejor, que no le será quitada”.

La segunda vez es cuando había muerto Lázaro y le pidió a Jesús que resucitase a su hermano (Lc 10,38, Jn 11,2). Ante la incredulidad de Marta de que Jesús pueda resucitar a su hermano, Jesús le dijo: “¿No te he dicho que si crees, verás?”. Y del corazón de Marta brotó una profunda confesión de fe: “Si, Señor; yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir al mundo”.

La tercera vez aparece de nuevo sirviendo. Dice san Juan que “seis días antes de la Pascua fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quién había resucitado de la muerte. Le ofrecieron allí una cena. Marta servía”. La tradición dice que se fue a Marsella, con sus hermanos y santa María Magdalena, y terminó en Provenza, donde se creyó que su cuerpo fue encontrado en Tarascón y de aquí surgió la leyenda. Patrona de Tarascón. MEMORIA OBLIGATORIA.

 

Oración litúrgica en la memoria de Santa Marta

“Dios todopoderoso y eterno, cuyo Hijo quiso aceptar la hospitalidad que santa Marta le ofreció en su casa, haz que nosotros, por intercesión de esta santa, estemos siempre dispuestos a servirte en cada uno de nuestros hermanos y así merezcamos ser recibidos por ti en las moradas eternas, al final de nuestra vida. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén”.

 

Del evangelio de este domingo.

 

Sospechando que estaba creciendo plantas de cizañas en medio al trigo los empleados querían pronto empezar a quitarles, limpiando ya al inicio la plantación. Sin embargo, no es muy sencillo descubrir cuales son cizañas y cuales son trigo, pues cuando estas plantas están creciendo, son muy semejantes unas con las otras. Ciertamente al buscar hacer la limpieza, ellos muchas veces se equivocarían, quitando algunas plantas de trigo como si fueran cizaña, y también podrían dejar algunas de cizañas pensando que fueran trigo. O sea, hacer este trabajo cuando aún no se tiene la absoluta certeza, es una operación muy arriesgada, e indudablemente será ocasión de injusticia. Por eso el Señor pide a sus empleados que sean pacientes. Él no quiere perder a ninguno de aquellos que son buenos. En su prudente sabiduría aconseja a los suyos a esperar el tiempo de la cosecha, pues allí se tendrá la certeza de cuales eran trigos y cuales eran cizañas.

Esta parábola nos habla sin dudas del misterio de la Iglesia en el mundo. Dios, como el agricultor, ha plantado una buena semilla. Todas las plantas en los campos de la Iglesia deberían ser buenas, pero el enemigo, con sus engaños y tentaciones, esparció también semillas malas. Por eso, en todas las partes, en todos los grupos, en todas las comunidades, existen siempre muchas personas buenas y también algunas personas que a veces crean confusión, desunión e intrigas.

Muchas veces, llenos de buena voluntad, también nosotros queremos por nuestra cuenta empezar a hacer la limpieza. Queremos expulsar, arrancar, echar a todos aquellos que nos parecen cizañas. Sin embargo, también a nosotros el Señor nos pide tener paciencia, no ser precipitados, y dejar este trabajo a los ángeles al final de la historia.

De hecho: ¿cuántas veces, nosotros ya nos equivocamos con nuestros juicios? ¿Cuántas veces ya herimos injustamente a una persona, porque no tuvimos la paciencia de esperar para conocerla mejor? ¿Cuántas veces ya nos decepcionamos, porque creíamos muy buenos a algunos, y después descubrimos que eran todo lo contrario? A veces, en nuestras inseguridades vemos cosas que no existen en los demás, miramos sospechosamente, creamos barreras, y sin dudas les hacemos sufrir. Otras veces, proyectamos en los otros nuestros miedos, frustraciones y también les creamos muchas dificultades.

Ciertamente lo mejor que tenemos que hacer es, envés de juzgar a los demás, buscar conocernos mejor a nosotros mismos. Descubrir si en este campo de Dios yo estoy creciendo como un trigo, esto es, estoy produciendo buen fruto, o estoy solo ocupando espacio, solo consumiendo energías, sin estar buscando producir nada. Y si alguien se descubre siendo como una cizaña, pero quiere cambiar, tengo certeza que con placer el Señor será capaz de hacer hasta esto.

En cuanto a los demás, lo mejor que podemos hacer es amarlos con mucha paciencia, especialmente a aquellos que a veces creemos que son cizaña, pues quien ama jamás se equivoca.-

El Sembrador. Bibliografia

“Este domingo el Señor de todos los descansos quiere serenarnos, pues ,aunque no se note, la semilla esta creciendo…Desde el bautismo las semillitas de la fe, la esperanza y del amor están en germinación constante. Por cierto que somos también corresponsales en el cuidado atento de esa vida embrionaria que Dios ha puesto en el surco del alma. El don de Dios, es decir, su gracia, se va convirtiendo lentamente en nosotros en ese manantial de agua viva, donde podemos abrevar muestra sed de eterna plenitud. Y esto es aunque persistan las dificultades, las tentaciones y problemas.”

Padre Fundador. Pbro.Claudio Bert. (Manantial de un corazón Sacerdotal).