En el día del amigo.

Cada año, el 20 de julio, afloran esos lindos sentimientos que nos ligan a algunas personas a la que nos honra llamar “amigos”. Hoy estamos en ese día. Celebremos el don de la amistad: cuidando a nuestros amigos y acercándoles el don de la amistad en Jesús. Si Jesús llamó a sus apóstoles con el título de amigos, ya no siervos… entiendo que Él nos ha distinguido aproximándonos a su Persona y comulgando con la integridad de nuestra existencia.

Les regalo este párrafo de Henri Nouwen que tanto bien nos puede dejar en el santuario del alma.

“Vivir una vida espiritual significa llevar todo mi ser a la morada que le pertenece. Mi tarea espiritual verdadera consiste en dejarme ser amado, plena y completamente y creer que en este amor llegaré al cumplimiento de mi vocación. Sigo intentando llevar mi ser errante, inquieto y ansioso a su hogar para que pueda descansar en el abrazo del Amor”.

Hoy miramos a Nuestra Señora del Carmen. Bibliografia

“Bien sabe su Majestad que sólo puedo presumir de su misericordia; y ya que no puedo dejar de ser la que he sido, no tengo otro remedio sino llegarme a ella y confiar en los méritos de su Hijo y de la Virgen, Madre suya, cuyo hábito indignamente traigo y traéis vosotras. Alabadle, hijas, que lo sois verdaderamente de esta Señora, y así no tendréis por qué afrentaros de que yo sea ruin. Pues tenéis tan buena madre, imitadla y considerad qué tal debe de ser la grandeza de esta Señora y el bien de tenerla por patrona, pues no han bastado mis pecados y ser la que soy, para deslustrar en nada esta sagrada Orden”

Santa Teresa de Jesús

San Buenaventura. 15 de Julio. Bibliografia

 

Del PRÓLOGO DEL ITINERARIO DEL ALMA A DIOS

“Quién quisiere, pues, subir a Dios, es necesario que evitada la culpa que deforma la naturaleza, ejercite las sobredichas potencias naturales en la gracia que reforma, y esto por la oración; en la justicia que purifica, y esto por la vida santa; en la ciencia que ilumina, y esto por la meditación; en la sabiduría que perfecciona, y esto por la contemplación. Porque así como nadie llega a la sabiduría sino por la gracia, justicia y ciencia, así tampoco se llega a la contemplación sino por la meditación perspicaz, vida santa y oración devota. Y así como la gracia es el fundamento de la rectitud de la voluntad y de la perspicua ilustración de la razón, así también primero debemos orar, luego subir santamente y, por último, concentrar la atención en los espectáculos de la verdad, y concentrándola en ellos subir gradualmente hasta el excelso monte donde se ve al Dios de los dioses en Sión”.

 

El Mensaje de Fátima.

 

El mensaje público de Fátima, esto es, el que nuestra Madre Celestial dirige a la Iglesia, confirma Su amor maternal y Su deseo ardiente de que todos Sus hijos se salven.

El cardenal Joseph Ratzinger (Papa Emérito Benedicto XVI) señaló que la clave de la aparición de Fátima es su llamado a la penitencia y a la conversión. En este centenario de las Apariciones, su mensaje sigue siendo más urgente que nunca.

No voy a referirme en esta reflexión a su dimensión profética, es decir, a su compromiso con la historia (no voy a hablar del contenido del famoso secreto revelado el 13 de julio de 1917), sino a su esfera mística (la que hace referencia a nuestra relación íntima con Dios). En este sentido, los mensajes de Fátima son un llamado apremiante:

  • a la conversión personal (a arrepentirnos de nuestros pecados y a enmendar nuestras vidas: “a no ofender más a Dios”);
  • a la oración (especialmente al rezo diario del santo Rosario);
  • a los sacrificios personales (ofrecidos por amor a Jesús, por la conversión de los pobres pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María);
  • a la Comunión Reparadora de los primeros sábados durante cinco meses consecutivos;
  • y, sobre todo, a la penitencia que es, a la vez, don y virtud. El Catecismo la define como “una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia” (1431). La penitencia fructifica en obras externas, poniendo en juego a la persona entera, cuerpo y alma. Sus formas principales son el ayuno, la oración y la limosna (cfr. Tb 12,8; Mt 6,1-18).

La Virgen nos recuerda la gravedad del pecado y sus consecuencias tanto para la vida temporal como la eterna: el castigo del infierno para los pecadores impenitentes y el castigo para el mundo por ofender a Dios. El mensaje mariano en Fátima confirma, de este modo, la teología de la Iglesia Católica en relación con los “novísimos” o “realidades últimas” (la escatología): purgatorio, cielo, infierno.

El mensaje de Fátima está formado por un conjunto de elementos que, principalmente, forman parte de doce apariciones sobrenaturales (nueve de ellas a tres pastorcitos de Aljustrel en Portugal: santa Jacinta y san Francisco Marto y su prima Lucía dos Santos, y las últimas tres a la mayor de ellos, la Sierva de Dios sor Lucía). En estas apariciones vieron a un Ángel; a la Santísima Madre de Dios (como Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora del Carmen, la Virgen de los Dolores y el Inmaculado Corazón de María); a san José y al Niño Jesús; a Nuestro Señor y una asombrosa teofanía Trinitaria. Y recibieron revelaciones y mensajes.

  • Las tres apariciones del Ángel (de la Paz; de Portugal) en primavera, verano y otoño de 1916 (en los alrededores de Aljustrel) que prepararon las del año siguiente de Nuestra Señora y en las que enseñó a los pastorcitos varias oraciones (v.gr., “Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman”). También les dijo: “¡Oren! ¡Recen mucho! De todo lo que puedan, ofrezcan un sacrificio en acto de reparación por los pecados con que Dios es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores. Sobre todo, acepten y soporten con sumisión el sufrimiento que el Señor les envíe”; “reparen los crímenes de los hombres ingratos y consuelen a su Dios”.
  • Las seis Apariciones de la Madre de Dios, la Santísima Virgen María, Nuestra Señora del Rosario, en Cova de Iría (Fátima), en 1917, a los tres pastorcitos: Lucía, Jacinta y Francisco. De entre los mensajes dados por Nuestra Señora de Fátima en aquel bendito lugar quisiera recordar los siguientes:
  • “¿Quieren ofrecer a Dios el soportar todos los sufrimientos que Él quisiera enviarles como reparación de los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?” (13 de Mayo, 1917).
  • “Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón” (13 de junio de 1917).
  • “¡Hagan sacrificios por los pecadores!” (13 de Julio de 1917).
  • “Han visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón” (13 de julio de 1917).
  • “(…) vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora de los primeros sábados. Si atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones de la Iglesia: los buenos serán martirizados; el Santo Padre tendrá que sufrir mucho; varias naciones serán aniquiladas. Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará” (13 de julio de 1917).
  • “Oren, oren mucho y hagan sacrificios por los pecadores. Son muchas almas que van al infierno porque no hay quien se sacrifique y ruegue por ellas” (19 de agosto de 1917).
  • “Continúen rezando el santo rosario todos los días. ¡No ofendan más a Nuestro Señor, que está ya muy ofendido!” (13 de octubre de 1917).
  • Finalmente, las tres Apariciones que siguieron en Galicia (España) a sor Lucía: el 10 de diciembre de 1925 y el 15 de febrero de 1926 en el convento de las Hermanas Doroteas de Pontevedra y el 13 de junio de 1929 en el convento de Tuy.

En efecto: cumpliendo su promesa del 13 de julio de 1917, años más tarde, en Pontevedra, Nuestra Señora se apareció con el Niño Jesús para pedir la devoción a Su Corazón Inmaculado y la comunión reparadora de los primeros sábados (cinco sábados seguidos) con una serie de prácticas (como actos de reparación por los pecados: confesarse, comulgar, rezar la tercera parte del Rosario y “acompañarla” quince minutos meditando en los misterios del Rosario, con el fin de desagraviarla).

Finalmente, la revelación de Tuy corona el ciclo de las apariciones de Fátima con una teofanía espectacular (el llamado “Icono de la Trinidad Redentora”) en la que sor Lucía tiene una “visión” en la que se le revela la Santísima Trinidad, junto a Nuestra Señora de Fátima que aparece con su Corazón Inmaculado “sin espada ni rosas sino con una corona de espinas y llamas”, y dos letras como si fueran de agua cristalina, que caen sobre el altar, formando estas palabras: Gracia y Misericordia. Nuestra Señora le dice: “Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga, en unión con todos los Obispos del mundo, la Consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón; prometiendo salvarla por este medio. Son tantas las almas que la Justicia de Dios condena por pecados cometidos contra Mí, que vengo a pedir reparación; sacrifícate por esta intención y reza”.

La Virgen María vino a Fátima y a Pontevedra para recordar a un mundo que caminaba hacia la apostasía la gravedad del pecado y sus consecuencias, el castigo del infierno para los pecadores impenitentes y el castigo para el mundo por ofender a Dios.

El mensaje profético de Fátima contiene las advertencias amorosas de la Santísima Virgen, Madre de Dios: sus pedidos son obligatorios y si no fuesen atendidos (la devoción a su Corazón Inmaculado, la Comunión Reparadora de los primeros sábados y la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón), se desataría la Segunda Guerra Mundial y el comunismo (Rusia) expandiría sus errores por todo el mundo, provocando guerras y persecuciones a la Iglesia. Por último, Ella prometió el triunfo de su Inmaculado Corazón, que sobrevendrá a la consagración y conversión de Rusia.

Por eso, el mensaje de Fátima no es sólo una invitación a la conversión, a la oración, al sacrificio y la penitencia, sino también una invitación a la esperanza, recordándonos la continua presencia de Dios y de Su Santísima Madre en medio de nosotros, aún en las horas más trágicas de la historia, en la que: “Al final, Mi Corazón Inmaculado triunfará”.

Autor: Padre Francisco José Cortes Blasco

Fuente: www.centromedjugorje.org

La inmortalidad del alma. Bibliografia

El alma esencialmente es vida; luego no puede carecer de ella.

                                                         San Agustin de Hipona

 Si alguien objeta que esa muerte por la que sucede que algo que fue no sea nada, no ha de ser temida por el alma, sino aquella otra por la cual llamamos cosas muertas a las que carecen de vida, tenga presente que ninguna cosa carece de su propio ser. Ahora bien, el alma es una especie de vida, por la cual todo lo que está animado, vive; mas todo lo que no está animado y que puede ser animado, se concibe como muerto, esto es, como privado de vida. Luego el alma no puede morir. Porque si pudiese carecer de vida no sería alma, sino algo animado; si esto es absurdo, mucho menos ha de temerse para el alma esta clase de muerte; puesto que, por cierto, no se la ha de temer para la vida. Porque justamente si muere el alma, entonces cuando la abandona aquella vida, esa misma vida que abandona a está, se la concibe mucho mejor como alma, de modo que ya no sea el alma algo que puede ser abandonado por la vida, sino aquella misma vida que es la que abandona.

Todo cuanto, pues, ha sido abandonado por la vida se llama muerto, y lo muerto se concibe como dejado por el alma; mas esta vida, que abandona a los seres que mueren, porque ella misma es el alma, no puede dejar su propio ser. Luego el alma no puede morir.

 

Detente!! Bibliografia

“El Sagrado Corazón de Jesús está conmigo”

¿Qué es el “Detente”?
El “Detente” es un pequeño emblema que se lleva sobre el pecho, con la imagen del Sagrado Corazón. Es propio de quien ama llevar consigo un signo de su amado, así el “Detente” es signo de nuestro amor al Sagrado Corazón de Jesús y de nuestra confianza en su protección contra las acechanzas del maligno. Le decimos “detente”, en nombre de Jesús, al demonio y a toda maldad.

El Detente, lejos de ser un talismán mágico, es un signo de nuestra confianza en el poder del Señor Jesús. Miramos su Divino Rostro, y nos sentimos apoyados por tan dulce mirada. Abrimos nuestro corazón delante de esos brazos que siempre están abiertos para recibirnos y perdonarnos.

El Detente se puede usar en la ropa o en el auto, no hace falta ninguna imposición especial, como en el caso de los escapularios. La confianza en el Sagrado Corazón de Jesús es suficiente para experimentar los efectos de su Divino Amor y protección.

Su origen…
Proviene de Santa Margarita María Alacoque, como lo atestigua una carta dirigida por ella a la Madre Saumaise el 2 de Marzo de 1686 en la que le dice: “Él (Jesús) desea que usted mande a hacer unas placas de cobre con la imagen de su Sagrado Corazón para que todos aquellos que quisieran ofrecerle un homenaje las pongan en sus casas, y unas pequeñas para llevarlas puestas.” (Vida y Obras, vol. II, p.306, nota). Ella misma llevaba una sobre su pecho, debajo del hábito e invitaba a sus novicias a hacer lo mismo. Hizo muchas de estas imágenes y recomendaba que su uso era muy agradable al Sagrado Corazón.

El Detente corresponde a una de las 12 Promesas que hizo Jesús a Santa Margarita María cuando le reveló su Sagrado Corazón: “Seré un refugio seguro durante la vida, y sobre todo en la hora de la muerte”. ¡Qué mejor refugio que el Corazón de Jesús! En ese Corazón se encuentran los divinos tesoros de la misericordia y el perdón de Dios Padre, que en Jesús reconcilia a toda la humanidad.

Esta práctica recomendada por Santa Margarita al principio sólo fue conocida en las comunidades de la Visitación. Fue la Venerable Ana Magdalena Rémuzat, salesa de Marsella, quien la hizo conocer fuera del claustro. Habiendo sabido por revelación hacia 1720, que iba a desencadenarse una gran peste en Marsella, por inspiración divina prometió que los atacados encontrarían auxilio prodigioso en esa devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

La santa religiosa, ayudada por su hermanas, preparó a mano millares de pequeñas imágenes de este Corazón con la inscripción “Detente, el Corazón de Jesús está aquí”. Desde entonces la práctica se extendió a muchos países. En 1748, el Papa Benedicto XIV, envió muchos de estos Detentes a la Reina de Francia. Y consta que en la revolución francesa, innumerables fieles se colocaron con el Detente bajo la protección del Corazón de Jesús.

El Beato Papa Pío IX y el Detente
En 1870, una dama romana, deseando saber la opinión del Sumo Pontífice Pío IX acerca del Detente del Sagrado Corazón de Jesús, le presentó uno. Conmovido a la vista de esta señal de salvación, el Papa concedió aprobación definitiva a tal devoción y dijo: “Esto, señora, es una inspiración del Cielo. Sí, del Cielo”. Y, después de un breve silencio añadió:

“Voy a bendecir este Corazón, y quiero que todos aquellos que fueren hechos según este modelo reciban esta misma bendición, sin que sea necesario que algún otro sacerdote la renueve. Además, quiero que Satanás de modo alguno pueda causar daño a aquellos que lleven consigo el Escudo, símbolo del Corazón adorable de Jesús”.

Para impulsar la piadosa costumbre de llevar consigo el Detente, el bienaventurado Pío IX concedió en 1872, cien días de indulgencia para todos los que, portando esta insignia, rezasen diariamente un Padrenuestro, una Avemaría y un Gloria.

Después de ello, el Santo Padre compuso esta bella oración:“¡Abridme vuestro Sagrado Corazón oh Jesús! …mostradme sus encantos, unidme a Él para siempre. Que todos los movimientos y latidos de mi corazón, incluso durante el sueño, os sean un testimonio de mi amor y os digan sin cesar: Sí, Señor Jesús, yo Os adoro… aceptad el poco bien que practico… hacedme la merced de reparar el mal cometido… para que os alabe en el tiempo y os bendiga durante toda la eternidad. Amén”

Cuando sentimos la presencia del enemigo nos refugiamos en el Sagrado Corazón de Jesús y con Él repetimos sus palabras: “¡Aléjate de mí, Satanás!” (Mt 16,23)

Cuando sentimos que nos hundimos como Pedro en el lago, miramos al Sagrado Corazón de Jesús y le decimos: “¡Señor, sálvame!” (Mt 14, 31)

Cuando sentimos que la tormenta nos puede hacer naufragar, miramos al Sagrado Corazón de Jesús y le decimos: “¡Sálvanos, Señor, que nos hundimos!” (Mt 8, 25)