Elegir es una bendición en la Vida

 

Debe sonar extraño decir que la alegría es fruto de nuestra elección. Con frecuencia nos imaginamos que hay personas más afortunadas que otras y que su alegría o su tristeza depende de las circunstancias de la vida, las cuales quedan fuera de nuestro control.

Y, sin embargo, elegimos; no tanto las circunstancias de nuestra vida cuanto la manera de responder a estas circunstancias. Dos personas pueden ser víctimas de un mismo accidente. Para uno, este se convierte en fuente de resentimiento; para otro, en fuente de agradecimiento. Las circunstancias externas son las mismas, pero la elección de la respuesta es completamente distinta. Hay gente a la que se le agria el carácter cuando se van haciendo mayores. Otros, en cambio, envejecen con gozo. Esto no significa que la vida de aquellos cuyo carácter se va amargando haya sido más dura que la vida de los que viven contentos. Significa que se han hecho opciones diferente, opciones íntimas, opciones del corazón”.

Henri J. M. Nouwen

María embellece el Cielo.

“En todo tiempo el deudor canta a su benefactor, el que es salvado reconoce la protección de su salvador, y si no puede testimoniarle su gratitud por medio de actos, procura al menos tributarle el homenaje de su palabra. Por eso, me atrevo a cantar tus alabanzas, Madre de Dios, a quien la posesión de las más asombrosas maravillas coloca por encima de toda expresión, de toda inteligencia; también yo, en gozosa alabanza, audazmente te devuelvo tus mismas palabras: considera la pequeñez de tu servidor, exalta la boca del humilde, y a mí, que tengo hambre ardiente de alabarte, sáciame con tus beneficios, y que mi espíritu, guiado por ti, pueda glorificarte sin desfallecer, ¡oh Reina mía!

Tuviste razón de decir que todas las generaciones te proclamarán feliz a ti, a quien nadie puede alabar como corresponde, tú que siempre te apiadas de la debilidad, de la miseria de los que cantan tus alabanzas, postrados a tus pies. ¿Por dónde debo comenzar? ¿Qué debo reservar para más adelante? ¿Cantaré primero las alabanzas de tu vida corporal entre nosotros, aplaudiré la gloria de tu paso espiritual a la Vida en el sueño de no la muerte? Ambas llenan de temor, cada una de ellas hace temblar.

Cuando dejaste la tierra, evidentemente subiste al cielo; pero debe decir que antes no estabas excluida de los cielos, y que después, al elevarte por encima de los coros celestiales, mostrándote muy superior a las criaturas terrestres, no dejaste la tierra; en verdad, al mismo tiempo embelleciste los cielos e iluminaste la tierra con una gran claridad, ¡oh Madre de Dios! Tu vida en este mundo no se tornó extraña a la vida celestial; tu tránsito tampoco ha modificado tus relaciones espirituales con los hombres. Te has manifestado como el cielo, capaz de contener al Dios altísimo, ya que pudiste ofrecerle tu seno para llevarlo. Más aún, tomaste el nombre de tierra espiritual de Dios, puesto que tu carne ha colaborado en esta inhabitación”.

San Germán de Constantinopla (ss. VII- VIII), de la Hom.II sobre la Dormición de la santa Madre de Dios.

 

A María del Buen Amor

A Tí, Nuestra Santísima Virgen, María del Buen Amor,

dirigimos nuestras plegarias en las horas felices y tristes de Nuestra Vida, 

en tu rostro de Madre y tu mirada llena de compasión, 

encontramos la caricia bendita del Padre De los Cielos,

Tú estas siempre con nosotros en companía de tu Amoroso Hijo, 

confiamos en tu intersección, todopooderosa, ante el Trono de la Gracia, 

te rogamos nos dispenses tus bendiciones para el alma y el cuerpo

hasta que alcancemos la perfecta comunión, 

contigo en el Buen amor de Cielo. 

Amén.

Padre Fundador Pbro. Claudio Bert

Asunción de la Virgen María.

La Asunción de María es la enseñanza que:

La Inmaculada Madre de Dios, la siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial [Pío XII, Munificentissimus Deus]:

“Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia.

Para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte.

Para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia.

Con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra.

Pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo”.

 

 

Asunción de la Santísima Virgen María. Bibliografía

 

María no fue una rosa en la cual la divinidad reposó por algún tiempo; ella fue el canal a través del cual Dios vino a nosotros. María no podía vivir mucho tiempo separada del sueño que trajo al mundo, el sueño no podía vivir sin ella, en cuerpo y alma. Su amor a Dios le abrió paso hacia arriba; el amor por su Madre elevó a ésta hacia arriba. Nuestro Señor no podía olvidar la cuna en la que había estado. En la Anunciación, el ángel le dijo: “El Señor está contigo”. En la Asunción: “María está con el Señor”. Su Asunción es la garantía de que todas las plegarias a ella serán respondidas. El Hijo está la derecha del Padre; la Madre está a la derecha del Hijo” (Fulton J. Sheen)

San Maximiliano kolbe.

 

“Ella es Madre, nuestra y…de Dios. Ella penetra nuestra alma y dirige sus facultades con un poder sin límites. Nosotros le pertenecemos de verdad a Ella, por eso, estamos con Ella siempre y en todas partes. Queridísimos hijos míos en la Inmaculada, les deseo que sean alimentados por Ella misma con la leche de sus gracias, acariciados por Ella, educados por Ella como lo fue Jesús, nuestro Hermano mayor, para que el Esposo divino de las almas reconozca cada vez más en nosotros aquellas mismas facciones que Él mismo recibió de su Madre, la Inmaculada”.

 

“Ella es sólo Madre de Misericordia, por ende, se apresura a acudir, aunque no sea de ninguna manera invocada, allí donde se manifiesta de manera más grave la miseria de las almas”

 

“Dejémonos conducir por Ella, sea a lo largo de una calle bien asfaltada y cómoda, o sea por otra escabrosa y difícil. Es suficiente un solo acto de amor –amor que procede no del sentimiento, sino de la voluntad, es decir, como acto de obediencia religiosa- para que una caída se transforme en un beneficio aún mayor. Las caídas nos enseñan a no confiar en nosotros mismos, sino a poner toda nuestra confianza en el amor de Dios, en manos de la Inmaculada, Mediadora de todas las gracias”