¿me amas más que éstos…?

¿me amas más que éstos…?”.

Pregunta primordial, la pregunta de todas las preguntas que será la del final de la vida, como lo dice Juan de la Cruz:

“En el atardecer de la vida seremos juzgados en el amor”.

Durante el tiempo pascual que ha llegado a su fin, hemos meditado sobre esa imagen que Jesús nos ofrece de sí cuando habla del Buen Pastor.

Un buen Pastor que sólo sabe dar la vida y que elige a algunos hombres para asumirlos y conformarlos a imagen de su corazón de Pastor.

Hacer del seguimiento a Jesús una tarea diaria es asumir que la fe es una praxis, y que la única condición que Jesús pide a quienes le siguen es que no tengan condiciones, es decir, un seguimiento con todo lo que somos, virtudes, defectos, debilidades y pecados.

Pero la cuestión es no dejar de seguir detrás del Pastor. Ese Pastor Amoroso, Misericordioso, acompañante, y Presente siempre.

Podemos decir también…. “Señor, tú lo sabes todo, sabes que te quiero”. Ciertamente que Jesús sabe todo, y ve todo, hasta lo que ocultamos en el corazón!

El peligro aparece cuando hacemos de ese saber del Señor un punto de apoyo para permanecer enquistados en situaciones y conductas o formas de ser que no agradan a Dios, más allá de que sean conocidas por él.

Agradar y amar a Dios es una tarea de todos los días,   del Padre Claudio Bert. (1964/2017)

 

 

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Solemnidad de San Juan Bautista El Precursor

Aparte de la sagrada Natividad del Señor, no leemos que se celebre el nacimiento de ningún otro sino sólo el del bienaventurado Juan Bautista.

Se celebra, según sabemos, de los santos y elegidos el día en que, consumados sus labores y habiendo vencido el mundo con su triunfo, nacieron a nueva vida para obtener la eternidad.

En los otros celebramos los méritos de sus últimos días, pero en Juan Bautista  queda consagrado el inicio mismo de la vida, en razón sin duda de haber sido
enviado a fin de que el advenimiento de Cristo, gracias a su testimonio, no sorprendiera a los hombres súbita e inesperadamente. Juan Bautista encarnaba el Antiguo Testamento y en sí mismo adelantó la Ley preanunciando al
Salvador, como la Ley vino antes de la Gracia.

San Agustín de Hipona, Sermón XX de los Santos, en la fiesta del nacimiento de San Juan Bautista

Convertirnos en Cuerpo de Cristo

La eucaristía es el sacramento por medio del cual llegamos a ser un cuerpo. Convertirse en un cuerpo no es llegar a ser un equipo, un grupo, si siquiera una confraternidad.
Convertirse en un cuerpo es llegar a ser el Cuerpo de Cristo. Es llegar a ser el Señor viviente, visiblemente presente en el mundo.
Es, tal como se ha dicho con frecuencia, llegar a ser el cuerpo místico de Cristo. Pero en el ámbito de lo espiritual, místico y real significan lo mismo.

Henri Nowen

El Don

 

Es necesario, queridísimos míos, exponer ahora el milagro de los misterios eucarísticos, diciendo qué son, qué dan y para qué sirven. Formamos un solo
cuerpo (1 Corintios 10:7): somos miembros de Su carne y de Sus huesos (Efesios 5:30).

Los iniciados en los sacramentos lo entenderán. Para que esta unión se produzca no sólo por amor sino en toda realidad, es menester que mezclemos Su carne con la nuestra, lo cual sucede al comer

Su carne que nos ha dado para manifestar el beneplácito que nos tiene. Para eso Se
mezcló a Sí mismo con nosotros e introdujo Su cuerpo en nosotros a fin de que juntos seamos uno solo como una sola cosa son el cuerpo y la cabeza de un hombre.

Esta es la unión que anhelan cuantos aman con ardor.

Debemos retirarnos saciados de Su mesa como leones que arrojan fuego, de aspecto terrible a ojos del diablo, con el alma centrada en Quien es nuestra cabeza y prendados de la caridad que ha tenido con nosotros.

Hay algunos padres que hacen que otros alimenten a sus hijos. Yo no –dice Él–; Yo os alimento con Mi propia carne y Me uno a vosotros a fin de que poseáis ahora una noble sangre y luego la noble esperanza de lo que llegaréis a ser un día. Quise hacerme hermano.

Pongamos atención, porque son grandes estos bienes que poseemos, y si alguna palabra impropia viene a nuestros labios o nos vemos dominados por la ira o
cualquier otro vicio, recordemos de qué hemos sido hechos dignos y que esa memoria por sí misma nos sirva de corrección.

Cada vez que participemos del cuerpo de Cristo y gustemos de Su sangre, pensemos
que saboreamos a Aquel mismo que está sentado en las alturas, adorado por los ángeles incorruptibles junto a las virtudes celestiales.

Ay de mí, que camino de salvación se ha abierto para nosotros: Él nos hizo
Suyos y nos da Su cuerpo, y todavía todo ello no nos ha apartado del mal.

De los Sermones de San Juan Crisóstomo

Nunca callaré Madre mía!

“¡Ah! No es posible callar, Madre mía.

No callaré aunque supiese que de mí han de hacer pedazos, no quiero callar; llamaré, gritaré, daré voces al cielo y a la tierra, a fin de que se remedie tan gran mal. No callaré…

Y si de tanto gritar se vuelven roncas o mudas mis fauces, levantaré las manos al cielo, se espeluznarán mis cabellos, y los golpes que con los pies daré en el suelo, suplirán la falta de mi lengua…

Tal vez me diréis que ellos, como enfermos frenéticos, no querrán escuchar al que les quiere curar; antes bien me despreciarán y perseguirán de muerte. ¡No importa!”.

San Antonio María Claret

En el desánimo….ora!!

 

Decía el abad Evagrio: «Si estás desanimado, ora. Ora con temor y temblor, con ardor, sobriedad y vigilancia. Así es preciso orar, especialmente a causa de nuestros enemigos invisibles, que son malos y se aplican a todo mal, pues sobre todo en este punto de la oración se esfuerzan en ponernos dificultades».

Sentencia de los Padres del desierto.