La Providencia divina. A Ella me he abandonado.

La divina providencia consiste en las disposiciones por las que Dios conduce con sabiduría y amor todas las criaturas hasta su fin último. CIC 321

La solemne declaración dogmática del Concilio Vaticano dice:

“Todo lo que Dios creó, lo conserva y gobierna con su Providencia, alcanzando de un confín a otro poderosamente y disponiéndolo todo sabiamente (cf. Sb. 8, 1). Porque “todo está desnudo y patente ante sus ojos” (Hb. 4, 13), aún lo que ha de acontecer por libre acción de las criaturas” (Denz. 1784).

Cristo nos invita al abandono filial en la providencia de nuestro Padre celestial (cf Mt 6, 26-34) y el apóstol S. Pedro insiste: “Confiadle todas vuestras preocupaciones pues él cuida de vosotros” (I P 5, 7; cf Sal 55, 23). CIC 322

Dios, por supuesto, conoce todas nuestras necesidades mejor que nosotros mismos y se ocupará de ellas si se las dejamos a Él. Bien nos lo dice Jesucristo:

“No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimento? ¿qué beberemos?, o ¿tendremos ropas para vestirnos? Los que no conocen a Dios se afanan por eso, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso”. (Mt. 6, 31-32)

“Fíjense en las aves del cielo, que no siembran, ni cosechan, no guardan alimentos en graneros. Sin embargo, el Padre del Cielo, el Padre de ustedes, las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que las aves? (Mt. 6, 26)

Tenemos la seguridad de que Dios conoce nuestras necesidades y que nos da cada cosa a su tiempo:

“Todas esas criaturas de Ti esperan que les des a su tiempo el alimento. Apenas se lo das, ellos lo toman, abres tu mano y se sacian de bienes” (Sal. 104, 27-28).

Esta atención amorosa de Dios y el gobierno y la dirección que Dios ejerce en el universo es lo que se denomina “Divina Providencia”. “Providencia” viene del verbo latino “providére” que significa “proveer”.

El Señor nos pide que confiemos en su Divina Providencia, pues El está pendiente de todo:

No anden preocupados por su vida con problemas de alimentos, ni por su cuerpo con problemas de ropa. ¿No es más importante la vida que el alimento y más valioso el cuerpo que la ropa?” (Mt. 6, 25)

Dios nos pide que seamos instrumentos de su Misericordia cuando nos pone frente a miserias que podemos reconocer y que llaman a nuestra «hambre y sed de Justicia» ¡Aquí tenemos que confiar en que si Dios nos puso el desafío, seguramente nos pondrá los medios para conseguirlo!

 Siempre recemos a la Divina Providencia, nunca el Cielo nos abandona.

Quien soy yo? Bibliografia

Yo soy una persona a la que Dios CONOCE perfectamente; yo mismo no sé a veces quién soy, pero me queda el consuelo de saber que Dios sí lo sabe, lo sabe de una manera única, conoce cada rincón de mi ser, cada luz y cada oscuridad de mi vida. Y lo mejor es que, conociéndome como me conoce, soy también una persona AMADA por Dios.
Soy además una persona LLAMADA por Dios; llamada desde la eternidad y para la eternidad. Es evidente que a ese llamamiento respondo mal y que a ese amor que Él me da soy muy a menudo infiel. Por eso soy también una persona PERDONADA por Dios. NO debemos vivir con sentimientos de culpa, pues vivimos bajo el signo del perdón, bajo el signo de la Gracia.
Soy una persona ENRIQUECIDA por Dios: por todo lo que la naturaleza me ha dado, por la Gracia de Dios que me acompaña siempre, por los dones y la fuerza del Espíritu, que habita en mí. Puedo decir aquello de San Juan de la Cruz: “Todo es mío, porque Cristo es mío y todo para mí”.
Soy una persona ENVIADA por Dios a vivir en la luz de su Gracia, a anunciar su Reino, a dar el fruto de su Espíritu; enviada a la región de la paz, de la alegría y del amor.
Soy, definitivamente, una persona BENDECIDA por Dios.

Todavía no me conocen?…Bibliografía

 “Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen?”- tal vez donde leemos “Felipe”, cada uno deba poner el nombre propio. Y entonces, la exclamación del Señor con tono interrogativo, nos llega como palabra llena de espíritu y de vida que nos hace caer en la cuenta de cuánto camino nos falta recorrer.

Quizá hemos acumulado un buen caudal de conocimientos sobre el fenómeno religioso, sobre cuestiones teológicas, y estemos actualizando constantemente nuestra base de datos. Pero la pregunta del Señor versa sobre ese conocer interno y experiencial; el conocimiento que no llega a base de libros ni de tesis doctorales; es el conocernos fruto de un encuentro que se profundiza con el tiempo, y nos aproxima vitalmente a Aquél que siempre es mayor que el pensar y nuestra conciencia.

En el “todavía” de Jesús se amalgama la pena de su Corazón que aún no ha sido descubierto por aquellos que le son tan familiares, y la seguridad de que llegará la luz necesaria, que despabilará nuestra mirada, para ver lo que nuestros ojos aún no se atreven a mirar. Se necesita una dosis de humildad para dejarnos interpelar por ese “todavía” de Jesús, y quedarnos en el silencio del que se inclina y reconoce la grandeza de su interlocutor.

 “Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré”. Sin vueltas ni rodeos de palabras, la sentencia de Cristo nos dilata nuestra capacidad de pedir, y nos otorga la garantía de que en Su Nombre- a su sola Firma- el pedido se convertirá en una acción Suya, que condesciende a nuestra frágil humanidad para levantarnos. “No a nosotros, Señor, sino a tu Nombre da lo gloria” (Salmo 113b), es decir, estamos en ese “yo lo haré” del evangelio. La fe es la seguridad de que Él lo hará en favor nuestro, como lo hizo en favor de tantos pequeños y de la gran pequeña María Santísima: “porque el Poderoso ha hecho grandes obras por mí…Él hace proezas con su brazo…” (cfr. Magníficat).

A quienes puedan y deseen participar de la gracia que nos hace el Señor Eucarístico,  los exhorto a que se acerquen con una fe en alza y atrevida, que siente en carne viva la carencia de lo que pide, y no pide por pedir. Los bendigo desde el Corazón de la Santísima Virgen,

 

Padre CLAUDIO BERT

 

 

 

 

 

 

Invitación a la Oración. Bibliografia

La invitación a una vida de oración es la invitación a vivir en medio de este mundo sin quedar atrapados en la red de sus heridas y necesidades. La palabra oración indica una interrupción radical de la obsesiva cadena de dependencias que conduce a la violencia y a la guerra. Representa una entrada en una morada completamente nueva. Apunta a una nueva forma de hablar, de respirar, de estar juntos, de conocer… En definitiva, a una forma completamente nueva de vivir.

No es fácil expresar el cambio radical que representa la oración, ya que para muchos la palabra oración está asociada con piedad, hablar a Dios, pensar sobre Dios, realizar prácticas piadosas, asistir a la liturgia dominical y otras muchas cosas. Todo ello tiene algo que ver con la oración; pero, cuando hablo de la oración como la base del pacifismo, me refiero ante todo al abandono del “lugar donde viven los que odian la paz” para entrar en la casa de Dios. La oración es el centro de la vida cristiana. Es la única cosa necesaria. Es vivir con Dios, aquí y ahora”.

“El trabajo por la paz”
Henri Nouwen
Sal Terrae, 2005

La Oración: El desierto real. Bibliografia

 

El desierto real es este:
hacer frente a las limitaciones reales de la propia existencia y conocimiento y
no tratar de manipularlas o rechazarlas con repugnancia. No embellecerlas con
posibilidades. No pretender otras posibilidades más que aquellas que son
realmente posibles en el momento concreto, aquí y ahora. Y, entonces, elegir o
rechazar, según uno quiera, sabiendo que esa elección no es una solución para
algo, sino meramente un paso más hacia un contexto ligeramente modificado de
otras posibilidades, muy pocas, verdaderamente limitadas, muy insignificantes y
muy concretas. Darse cuenta de que toda la vida de uno, de cada uno, es
precisamente esto. Cuando se vive en sociedad las posibilidades parecen
ilimitadas. Uno está en contacto con otras gentes, con otras libertades, otras
elecciones; y quién sabe lo que todos los demás pueden elegir en un momento
determinado… Todo son posibilidades… Pero cuando se está en soledad, y
cuando se ven y se aceptan las limitaciones reales, entonces esas limitaciones se
desvanecen, y se abren nuevas posibilidades ante uno. El presente está ahí,
contundente, ilimitado. El único modo de aferrarlo en toda su extensión es
despejar las limitaciones que nosotros colocamos en él mediante futuras
expectativas, esperanzas y planes, o conjeturas, o lamentos sobre el pasado, o
intentos de explicaciones de algo que hemos vivido y con lo que deseamos
seguir viviendo. ¿Vivir con ello? Vivir con algo que hemos experimentado en el
pasado es poner limitaciones al presente. Así y todo, el pasado entra en nuestro
presente: es la limitación contra la que debemos hacer valer nuestra
desventaja”.

(THOMAS MERTON, Learning to Love. Exploring solitude and freedom, Journals (VI (1966-67), editado por Christine M. Bochen, HarperSan Francisco, 1997, XXIV+367 págs. más 9 de índices, pág. 309-311.

San Juan Bautista. Bibliografía

Voz más rica que un concierto
y que sube hasta el Jordán
es la voz, a campo abierto,
del que clama en el desierto,
y que lo llamaron Juan.

Vio cómo el cielo se abría
sobre el Cordero de Dios,
y su voz le anunciaría.
¡Oh radiante profecía
que por siempre unió a los dos!

Más aún, en su presencia,
con humilde sumisión,
pide el que es de Dios por esencia
bautismo de penitencia
para empezar su misión.

Juan bautiza al Deseado,
¡doble abismo de humildad!:
ante el Hijo muy amado,
por el Padre proclamado,
se rindió su caridad.

¡Oh sin par doxología!:
voz del Padre en el Jordán,
el Hijo que la acogía
y la Paloma que ardía
sobre Jesús y san Juan. Amén

 

Himno del Oficio de Lecturas de la memoria del Juan el Bautisma.

Conocemos el refrán de que “todo niño viene con un pan bajo el brazo”. Hoy se me ocurre pensar en que todo niño viene con una misión bajo el brazo. La misión tiene una historia que empieza en la elección divina. No hablo aquí de mis elecciones, sino de Aquél que nos ha elegido antes de que los mundos fueran hechos. Nuestra mayor dignidad nos viene de ese haber sido elegidos por el Creador, es decir, una elección que se resuelve sólo en el amor y desde el amor descomunal de este Dios que nos amó primero, como nos lo dice la misma Escritura Santa. Deseo que hoy, además de honrar este nacimiento prodigioso del Bautista, nos hagamos un espacio para adentrarnos en este misterio de elección que somos cada uno de los que existimos. Y a la par, reflexionemos sobre la responsabilidad – que tiene que ver con la respuesta – personal y libre que vamos dando frente a la misión para la cual se nos ha constituido.

. Padre CLAUDIO BERT

En el día del Inmaculado Corazón de María…..Bibliografía

Mientras que el   pecado divide, nos separa unos de otros, la pureza de María la hace   infinitamente cercana a nuestros corazones, atenta a cada uno de nosotros y   deseosa de nuestro verdadero bien. Estáis viendo, aquí, en Lourdes, como en   todos los santuarios marianos, que multitudes inmensas llegan a los pies de   María para confiarle lo que cada uno tiene en lo más íntimo, lo que lleva   especialmente en su corazón.
 
  Lo que por pudor muchos no se atreven a veces a confiar siquiera a los que   tienen más cerca, lo confían a Aquella que es toda pura, a su Corazón   Inmaculado: con sencillez, sin fingimiento, con verdad. Ante María,   precisamente por su pureza, el hombre no vacila a mostrarse en su fragilidad,   a plantear sus preguntas y sus dudas, a formular sus esperanzas y sus deseos   más secretos. El amor maternal de la Virgen María desarma cualquier orgullo;   hace al hombre capaz de verse tal como es y le inspira el deseo de   convertirse para dar gloria a Dios.
 
  María nos muestra de este modo la manera adecuada de acercarnos al Señor.   Ella nos enseña a acercarnos a Él con sinceridad y sencillez. Gracias a Ella,   descubrimos que la fe cristiana no es un fardo, sino que es como un ala que   nos permite volar más alto para refugiarnos en los brazos de Dios”

Benedicto XVI, Angelus del domingo 14 de septiembre 2008
Lourdes