“Ya se acerca el fin de todas las cosas: por eso, tengan la moderación y la sobriedad necesarias para poder orar”

“Ya se acerca el fin de todas las cosas: por eso, tengan la moderación y la sobriedad necesarias para poder orar”.

Esa mirada lúcida del fin de todo, que tiene el apóstol San Pedro, es lo que le hace descubrir la manera cómo debe el creyente aproximarse a la realidad material, al mundo de las cosas… La sobriedad como la moderación nos hablan de ese peligro que acecha al hombre – en todos los tiempos –  de quedar como  atrapado por la abrillantada seducción de lo que pasa, de lo efímero, de lo transitorio. El espíritu del mundo es precisamente aquel que nos pone ese virus del consumo compulsivo, de la búsqueda de nuevas y extrañas sensaciones, donde el único móvil que nos mueve es el procurarnos bienestar. El peligro es la intoxicación y la indigestión.

Cuando el hombre está saturado de cosas, y entra en la espiral del tener, y del tener más, entonces, sobreviene ese estado de insatisfacción profunda, de no saciedad; porque la raíz profunda de lo humano necesita de otro manantial de vida, de luz, de gracia, que le aporte los nutrientes necesarios para permanecer con vida. Y ese manantial se llama Dios. Si estamos “hartos de todo y llenos de nada”, difícilmente, encontremos algún rinconcito para dar cabida a esta Presencia amorosa de Dios que nos reclamará – en un in crescendo – todos los espacios de nuestra vida, a fin de reinar definitivamente en y con nosotros.

La experiencia nos muestra que cuando una persona ha comido o bebido en exceso, sin medidas, fácilmente sucumbe en un estado de sopor que la coloca en otra dimensión de reacción ante las cosas, las personas y el mundo circundante. Análogamente, cuando el hombre se  interna en la desmesura de dar satisfacción constante a todas sus tendencias y apetitos, sin filtros de ninguna clase, sin esa luz que la razón humana nos aporta en tanto que somos hombres, entonces, sumergidos en el embotamiento del espíritu, vamos perdiendo esa sensibilidad para registrar otras señales y otros signos que nos hablan del Misterio de Dios, de su transcendencia y de nuestra vocación divina, donde se halla la razón más alta de nuestra dignidad humana.

Padre Claudio Bert (1964-2016)

 

 

Anuncios

Hablamos de apostasía?

La crisis en el mundo hace 100 años cuando Nuestra Señora apareció en Fátima continúa hoy y también ha infectado no solo el mundo sino también  la vida de la Iglesia. Solo basta mirar.

Creo que nosotros los fieles debemos ser realistas acerca de los grandes males que asolan al mundo y a la Iglesia, pero que también debemos estar llenos de esperanza en la victoria del Sagrado Corazón de Jesús a través del Inmaculado Corazón de María.

«La realidad de la apostasía de la fe en nuestro tiempo nos asusta profundamente y con razón»,  «Nuestro amor a Cristo y a  su cuerpo místico, la Iglesia, nos deja claro la gravedad del mal que busca robarnos nuestra salvación eterna en Cristo».

«Pero no dejemos lugar al desaliento». «Mejor recuerden que el Corazón Inmaculado de la Santísima Virgen María, asumido en la gloria, nunca deja de latir de amor por nosotros, los hijos que su Hijo Divino le entregó cuando moría en la cruz».

Nosotros los católicos debemos estar preparados -con la ayuda de la Virgen Madre de Dios- para aceptar cualquier sacrificio que la Virgen nos pida para ser fieles soldados de Cristo. Esto significa tomar el camino de la oración, la penitencia y la reparación según lo enseñado por Nuestra Señora de Fátima.

Recurriendo en gran medida a la sabiduría y los escritos del Papa San Juan Pablo II, junto con otros padres de la Iglesia, y de algunos sacerdotes santos, podemos  decir  sobre la apostasía de la fe, que son los «frutos venenosos del fracaso de los pastores de la Iglesia», Ellos los pastores,  que tienen la obligación y que Dios mismo les ha confiado el cuidado de todas las almas…;

Gran pena la de la Virgen Santísima, ver a tantos hijos, jóvenes y no tantos, perdidos y no consolados, sino auyentados por los mismos pastores y vigilas del rebaño.

Siempre hablamos de la apostasía de los fieles laicos…..y de la apostasía del clero? de los religiosos/as? Ellos también apostatan.

La apostasía se define como el abandono de la fe.

«La naturaleza fundamental de la apostasía es el alejamiento de la gracia divina, que primero había sido dada por Dios y recibida por el hombre»  «Como la apostasía es cometida por un hombre que ha recibido el don de la fe, ha conocido a Dios y su ley divina, es un pecado contra la religión, un acto de injusticia ante Dios».

La apostasía puede ser explícita o implícita en su naturaleza.

«La fe en Dios necesariamente se expresa en el amor de Dios»

«Está claro que la apostasía, ya sea explícita o implícita, aleja a los corazones del Inmaculado Corazón de María», «y también del Sagrado Corazón de Jesús, la única fuente de nuestra salvación».

«En ese sentido, como lo pone de manifiesto el mensaje de Fátima, los pastores de la Iglesia que cooperan de alguna manera con la apostasía, también por su silencio, y tienen una pesada carga de responsabilidad».

El tercer secreto de Fátima no se trata de una guerra nuclear o del fin del mundo, sino que el secreto se refiere más bien a la fe católica misma. .

Está claro que solo la fe puede salvar al hombre de los castigos espirituales que trae la rebelión contra Dios,  y el clero tiene una responsabilidad particular en este sentido.

«La enseñanza de la fe en su integridad y con coraje es el corazón del oficio de los pastores de la Iglesia, el pontífice romano, los obispos en comunión con la Sede de Pedro y sus principales compañeros de trabajo, los sacerdotes “. «Por esa razón, el tercer secreto está dirigido con particular fuerza a quienes ejercen el oficio pastoral en su iglesia».

Además: «Su fracaso en enseñar la fe en la fidelidad a la doctrina y práctica constantes de la Iglesia, ya sea mediante declaraciones y acciones explícitas, o mediante un enfoque superficial, confuso o incluso mundano, o por medio de su silencio, pone en peligro mortalmente la vida espiritual de aquellos que debían cuidar espiritualmente».

«Creo que en nuestro tiempo hay apostasía en la práctica de los católicos que apoyan y promueven programas y leyes que son contrarias a la ley moral o que son silenciosos e inactivos respecto de ellos»,

«Pienso en la confusión y el error cada vez más difusos en la Iglesia sobre los fundamentos de la fe, sobre la Santa Eucaristía, sobre los sacramentos y sobre las Sagradas Escrituras.

Debemos estar preocupados y ocupados por nuestra vida y por la de nuestra iglesia. Recemos por nuestros pastores, sacerdotes y por nosotros,  que todos pertenecemos a esta iglesia de Cristo que nos reúne bajo mismo  Amor.

«Tengamos la seguridad de Nuestra Señora de que su corazón inmaculado triunfará»,

«que la verdad y el amor de su Hijo divino triunfarán, y estamos llamados a ser agentes de su triunfo por nuestra obediencia a su consejo maternal».

Somos milagros de Dios

Yo, Señor, soy un milagro de tu bondad, de tu sabiduría, de tu fuerza todopoderosa, pues tú me llamaste del no ser al ser; me has conservado hasta ahora en la existencia; pues, por tu misericordia y tu generosidad, por el amor con el que tu Hijo único nos amó, yo heredaré la vida eterna si soy fiel; porque, por este acto misericordioso en el que tú mismo te ofreces en sacrificio de tu Hijo, me levantas de la terrible caída y me rescatas de la perdición eterna. Glorifico tu bondad, tu poder infinito y tu sabiduría.

Lleva a término en mí, pobre pecador, este milagro de tu bondad, de tu fuerza todopoderosa y de tu sabiduría y, por los caminos que tú conoces, sálvame, a mí tu indigno siervo, y condúceme hasta tu Reino eterno, hazme digno de la vida que no envejece, del día que no tiene crepúsculo.

Juan de Cronstadt, Mi vida en Cristo.

Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

Este instrumento de tortura, diseñado para degradar el peor de los criminales, se convirtió en el árbol que da vida,  que invierte el pecado original de Adán y Eva cuando comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal en el Jardín del Edén.

Nosotros recordamos y veneramos la Santa Cruz porque en ella murió nuestro Redentor Jesucristo, y con las cinco heridas que allí padeció pagó Cristo nuestras inmensas deudas con Dios y nos consiguió la salvación.

 

“En la cruz está la salud,
en la cruz está la vida,
en la cruz está la defensa de los enemigos,
en la cruz está la infusión de la suavidad soberana,
en la cruz está la fortaleza del corazón,
en la cruz está el gozo del espíritu,
en la cruz está la suma virtud,
en la cruz está la perfección de la santidad.
No está la salud del alma
y la esperanza de la vida eterna sino en la cruz.
Toma, pues, tu cruz, y sigue a Jesús”

                                                             (Tomás de Kempis, Imitación de Cristo 2, 12)

Dulce nombre de María

Ha sido Lucas en su evangelio quien nos ha dicho el nombre de la doncella que va a ser la Madre de Dios: “Y su nombre era María“.

 

En la Historia de la Salvación es Dios quien impone o cambia el nombre a los personajes a quienes destina a una misión importante.

A Simón, Jesús le dice: “Tú te llamas Simón. En adelante te llamarás Kefá, Pedro, piedra, roca, porque sobre esta roca edificaré mi Iglesia”.

María venía al mundo con la misión más alta, ser Madre de Dios, y, sin embargo, no le cambia el nombre. Se llamará, simplemente, MARIA, el nombre que tenía, y cumple todos esos significados, pues como Reina y Señora la llamarán todas las generaciones.

María, joven, mujer, virgen, ciudadana de su pueblo, esposa y madre, esclava del Señor. Dulce mujer que recibe a su niño en las condiciones más pobres, pero que con su calor lo envuelve en pañales y lo acuna.

María valiente que no teme huir a Egipto para salvar a su hijo. Compañera del camino, firme en interceder ante su hijo cuando ve el apuro de los novios en Caná, mujer fuerte con el corazón traspasado por la espada del dolor de la Cruz de su Hijo y recibiendo en sus brazos su Cuerpo muerto.

Sostén de la Iglesia en sus primeros pasos con su maternidad abierta a toda la humanidad.

María, humana. María, decidida y generosa. María, fiel y amiga. María fuerte y confiada. María, Inmaculada, Madre, Estrella de la Evangelización.

Amemos y hagamos amar a  la Santísima Virgen María, Ella siempre nos conducirá al cielo.

Recordamos al Padre Claudio Bert

 

Es muy importante recordar a quienes nos han querido y a aquellos a quienes hemos querido nosotros.

Recordarles significa permitir que sus espíritus nos sigan acompañando en nuestra vida diaria.

Pueden convertirse en partes de nuestra comunidad espiritual y ayudarnos amablemente cuando tomamos decisiones en nuestro vida. En ocasiones pueden llegar a ser incluso más íntimos nuestros después de su muerte, que en vida.

Recordar a los muertos es elegir su permanente compañía.

“Muchos acudían a escuchar la Palabra, pero también a estar en presencia del resplandor que parecía difundir este hombre. Acudían porque esperaban recibir, en medio de sus sombras de duda, desesperación y desesperanza, un poco de la luz que él reflejaba. Y quizá para descubrir la suya propia. Acudían porque les parecía que este hombre, más que cualquier otro de los que conocían, no sólo proclamaba la Palabra, sino que en realidad se convertía en ella.”

Descansa en paz. Siempre te recordaremos.

Postrémonos ante Dios!

 

El hombre que se postra ante Dios de todo corazón buscando que únicamente se haga la voluntad de Dios, empieza a ver que sus propias faltas son numerosas como las arenas del mar.

Tal es el origen de la iluminación del alma, y tal es el signo de que empieza a sanarse.

A partir de entonces, simplemente, el alma se siente quebrantada y el corazón humillado y uno mismo se considera el último de todos» (Pedro Damasceno)