El silencio Don de amor…..en el día del amigo 20 de julio

«El Señor hace salir de su silencio todo aquello que existe, pero este silencio no está vacío; es amor y cuando se ama, se dicen pocas palabras, ni siquiera se necesita… El lenguaje del amor es más silencio que palabras.

Cuando las personas humanamente se quieren mucho se dicen a menudo: “te quiero mucho”, no se quieren de verdad tanto. Cuando se quieren mucho, se miran, se miran en silencio y no tienen nada que decirse con las palabras.  Aquello que está dentro se dice dándose.

Porque el amor es don y el silencio es don al otro, uno se da al otro en silencio»

(Anna Maria Cànopi).

«Por encima de todo guarda tu corazón, porque de él brota la vida» (Prov 4, 23)

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Dios morada del alma.

Dios, en efecto, se ha reservado en el fondo del alma una morada en la cual ni siquiera la misma alma puede entrar sin un permiso especial suyo.

Y allí precisamente es donde se introduce entonces al alma, no ya para algunos instantes, sino para siempre, según ella cree, Dios le reveló primero la existencia de esta morada.

Despertó luego en ella un ardiente deseo de entrar allí. Este deseo creció. Y después de duras pruebas acaba de realizarse. El alma ha entrado por fin en la casa de su Padre. Tiene entonces la impresión de que va a habitar en ella para siempre.

Pero hay más. Porque la casa de Dios es el mismo Dios. Es, pues, en Él mismo en donde hace entrar a su hija. La frase de San Pablo se convierte entonces para el alma en una realidad tangible, cabría decir que vivida. En Él vivimos y nos movemos y existimos. Vivir en Dios es, desde ahora, su porción.

Así, pues, el descanso, el refresco, el alimento del alma es el mismo Dios. El alma siente que le acaban de dar nuevas fuerzas; que la vida, una vida divina, circula a oleadas en ella. Le parece, no sin razón, que su Dios le ha llevado hasta lo más íntimo de sí misma y que ella se ha apoderado de Él en ese misterioso paraje en donde se confunden lo finito y lo infinito, cuando Dios estaba totalmente ocupado, como la más tierna de las madres, en dar a su hija la vida, la fuerza, la paz y la alegría. Y entonces, felicísima, el alma exclama: El mismo Dios restaura mi alma.

 

«El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará» (Mt 10,39)

 

Parece duro y grave este precepto del Señor de negarse a sí mismo para seguirle. Pero no es ni duro ni grave lo que manda aquel que ayuda a realizar lo que ordena. Es verdad, en efecto, lo que se dice en el salmo: Según tus mandatos, yo me he mantenido en la senda penosa. Como también es cierto lo que él mismo afirma: Mi yugo es llevadero y mi carga ligera. El amor hace suave lo que hay de duro en el precepto.

Todos sabemos de qué no es capaz el amor. El amor es no pocas veces hasta réprobo y lascivo. ¡Cuántas cosas duras no tuvieron que tolerar los hombres, cuántas cosas indignas e intolerables no hubieron de soportar para lograr el objeto de su amor!

Pues bien, siendo en su mayoría los hombres cuales son sus amores, ni es preciso preocuparse tanto de cómo se vive cuanto de saber elegir lo que es digno de ser amado, ¿por qué te admiras de que quien ama a Cristo y quiere seguir a Cristo, amando se niegue a sí mismo? Pues si es verdad que el hombre se pierde amándose, no hay duda de que se encuentra negándose.

¿Quién no ha de querer seguir a Cristo, en quien reside la felicidad suma, la suma paz, la eterna seguridad? Bueno le es seguir a Cristo, pero conviene considerar el camino. Porque cuando el Señor Jesús pronunció estas palabras, todavía no había resucitado de entre los muertos. Todavía no había padecido, le esperaba la cruz, el deshonor, los ultrajes, la flagelación, las espinas, las heridas, los insultos, los oprobios, la muerte. Un camino casi desesperado; te acobarda; no quieres seguirlo. ¡Síguelo! Erizado es el camino que el hombre se ha construido, pero Cristo lo ha allanado recorriéndolo fatigosamente de retorno.

Pues ¿quién no desea caminar hacia la exaltación? A todo el mundo le deleita la grandeza: pues bien, la humildad es la escala para ascender a ella. ¿Por qué alzas el pie más allá de tus posibilidades? ¿Quieres caer en vez de ascender? Da un primer paso y ya has iniciado la ascensión. No querían respetar esta gradación de la humildad aquellos dos discípulos, que decían: Señor, concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.Aspiraban a la cima sin tener en cuenta las escalas intermedias. El Señor se las indicó. ¿Qué es lo que les respondió? ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? Vosotros que aspiráis a la cúpula de la grandeza, ¿sois capaces de beber el cáliz de la humildad? Por eso no se contentó con, decir: Que se niegue a sí mismo y me siga, sino que intercaló: Que cargue con su cruz y me siga.

¿Qué significa: Cargue con su cruz? Soporte cualquier molestia: y así que me siga. Bastará que se ponga a seguirme imitando mi vida y cumpliendo mis preceptos, para que al punto aparezcan muchos contradictores, muchos que intenten impedírselo, muchos que querrán disuadirle, y los encontrará incluso entre los seguidores de Cristo. A Cristo acompañaban aquellos que querían hacer callar a los ciegos. Si quieres seguirle, acepta como cruz las amenazas, las seducciones y los obstáculos de cualquier clase; soporta, aguanta, manténte firme. Estas palabras del Señor parecen una exhortación al martirio. Si arrecia la persecución, ¿no debe despreciarse todo por amor a Cristo?

San Agustín, Sermón 96, 1-4: PL 38, 584-586

Nada pedir, nada rehusar.

 

Tengo un gran deseo de grabar en vuestros corazones y en vuestras almas una máxima que es de una utilidad sin igual: Nada pedir, nada rehusar. Recibid lo que se os dé y no pidáis lo que no se os quiere dar. Practicando esto, encontraréis la paz de vuestras almas.

Sí, mis queridas Hermanas, mantened vuestros corazones en esa santa indiferencia de recibir todo lo que se os dé y no desear lo que no se os dé. En una palabra, os digo: no desead nada, sino dejaos a vosotras mismas y todos vuestros asuntos, plena y perfectamente, en manos y al cuidado de la divina providencia.

Dejadla hacer en vosotras igual que los niños se dejan hacer por quienes los cuidan; lo mismo si os llevan en el brazo derecho que en el izquierdo, dejaos hacer, la Providencia es buena madre y sabe mejor que vosotras lo que necesitáis.

San Francisco de Sales, De la esperanza, VI, 91

Ntra. Sra. Del Carmen. 16 de julio

“En todo tiempo el deudor canta al benefactor, el que es salvado reconoce la protección de su salvador, y si no puede testimoniarle su gratitud por medio de actos, procura al menos tributarle el homenaje de su palabra.

Por eso, me atrevo a cantar tus alabanzas, Madre de Dios, a quien la posesión de las más asombrosas maravillas coloca por encima de toda expresión, de toda inteligencia; también yo, en gozosa alabanza, audazmente te devuelvo tus mismas palabras: considera la pequeñez de tu servidor, exalta la boca del humilde, y a mí, que tengo hambre ardiente de alabarte, sáciame con tus beneficios, y que mi espíritu, guiado por ti, pueda glorificarte sin desfallecer, ¡oh Reina mía!. Te amo Santísima Madre mía!

Nuestro sostén es solo uno: la resurrección real

Nuestro sostén es solo uno: la resurrección real. Sabemos que la lucha entre el bien y el mal no se desarrolla solo en el alma y en la sociedad, sino también a mayor profundidad, en el mundo físico. Sabemos que ya ha habido una victoria del principio bueno de la vida a través de la resurrección personal y esperamos el futuro triunfo de la resurrección universal.

De este modo, también la existencia del mal tiene un sentido y una explicación definitiva, en cuanto que sirve a una victoria mayor, reforzando el bien y llevándole a su plena realización: si la muerte es más fuerte que la vida mortal, la resurrección a la vida eterna es más fuerte que ambas.

El Reino de Dios es el reino del triunfo de la vida a través de la resurrección: he aquí, pues, el bien concreto, realizado y definitivo en el que se encuentra toda la potencia de la obra de Cristo y se revela su amor real hacia nosotros y el nuestro hacia Él.

Vladimir Soloviev,

El mirar y el llamado de Dios Amor

La mirada de Jesús  se posa ante el mundo, pero mira  hacia tanta gente oprimida por condiciones de vida difíciles, enfermos y también gente desprovista de un sentido, de una meta y de vivir la vida misma.

Muchos hermanos se encuentran hundidos en la pobreza, buscando dónde comer, dormir y de que vivir,  como así también  los hombres y las mujeres insatisfechos, incluso enfermos de depresión que vemos crecer en las estadísticas rápidamente sin tener muchas veces una pronta solución a sus problemas.

Es difícil comprender que la mirada de Dios se posa sobre toda esa gente, más aún, sobre cada uno de sus hijos y que Él llama a todos y ama a todos por igual…. qué difícil es comprender !!!!

El verdadero cicatrizante para las heridas del hombre;  las materiales, como el hambre, las injusticias, y las otras como las enfermedades psicológicas y morales, se encuentra en el amor fraterno, que tiene su origen en el amor de Dios.

Por ésto es necesario abandonar el camino del orgullo, de la soberbia, del autoritarismo, del poder y rezar…..bajarse  y necesariamente rezar, buscar a Dios….buscarlo en una iglesia, en un sacerdote santo, en un hermano laico,  para que  ese amor de Dios que me ama tanto,  pueda cambiar mi corazón,  para que  yo pueda ser este hermano dador de ese amor de Dios y así también ser una fuente de sanación y luz para mis hermanos. (JL)

 

La más alta dignidad del hombre, su poder más importante y especial, el secreto más profundo de su humanidad, es su capacidad de amar. Esta habilidad en lo más profundo de su alma es prueba de que lleva dentro de sí la imagen y semejanza de Dios.

Thomas Merton