24 de Mayo María Auxiliadora.

Una oración magnífica, María Auxiliadora, auxilio de los cristianos.!

 

Madre amable de mi vida auxilio de los cristianos, la pena que me atormenta, pongo en tus divinas manos.

Dios te salve María…

Tú que sabes mis congojas, pues todas te las confío, da la paz a los turbados y alivia el corazón mío.

Dios te salve María…

Y aunque tu amor no merezco, no recurriré a Ti en vano, pues eres madre de Dios y auxilio de los cristianos.

Dios te salve María…

Acuérdate, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección haya sido abandonado; animado con esta confianza, me presento a ti. ¡Oh Madre de Dios!, no desoigas mis súplicas; escúchalas y acógelas benignamente, ¡oh clemente, oh dulce Virgen María! (Pedir la gracia que se desea y rezar una Salve)

Anuncios

En el silencio, permanecer sin fin.



” En el silencio eucarístico de los siglos, Jesús permanece en medio de los hombres, porque esa es la esencia misma del amor : lo propio del don, es donarse ; el movimiento presuroso del amor es el quedarse siempre y sin apuros, sin otra razón que no sea la del Amor mismo “

PADRE Fundador CLAUDIO R. BERT

22 – O5 – 1964  –    22 – 05 – 2018

” Meditaciones sin apuro”  

Hoy día lunes  21 de mayo, a las 1930 hs,  se celebrará la Santa Misa por su eterno descanso en la Parroquia Nuestra Señora de Loreto. ( Av. Coronel Díaz y Juncal).

El agua viva del Espíritu Santo

El agua que yo le dé se convertirá en él en manantial de agua viva, que brota para comunicar vida eterna. Se nos habla aquí de un nuevo género de agua, un agua viva y que brota; pero que brota sólo sobre los que son dignos de ella. Mas, ¿por qué el Señor da el nombre de agua a la gracia del Espíritu? Porque el agua es condición necesaria para la pervivencia de todas las cosas, porque el agua es el origen de las plantas de los seres vivos, porque el agua de la lluvia baja del cielo, porque, deslizándose en un curso siempre igual, produce efectos diferentes. Diversa es, en efecto, su virtualidad en una palmera o en una vid, aunque en todos es ella quien lo hace todo; ella es siempre la misma, en cualquiera de sus manifestaciones, pues la lluvia, aunque cae siempre del mismo modo, se acomoda a la estructura de los seres que la reciben, dando a cada uno de ellos lo que necesitan.

De manera semejante, el Espíritu Santo, siendo uno solo y siempre el mismo e indivisible, reparte a cada uno sus gracias según su beneplácito. Y, del mismo modo que el árbol seco, al recibir el agua, germina, así también el alma pecadora, al recibir del Espíritu Santo el don del arrepentimiento, produce frutos de justicia. Siendo él, pues, siempre igual y el mismo, produce diversos efectos, según el beneplácito de Dios y en el nombre de Cristo.

En efecto, se sirve de la lengua de uno para comunicar la sabiduría; a otro le ilumina la mente con el don de profecía; a éste le da el poder de ahuyentar los demonios; a aquél le concede el don de interpretar las Escrituras. A uno lo confirma en la temperancia; a otro lo instruye en lo pertinente a la misericordia; a éste le enseña a ayunar y a soportar el esfuerzo de la vida ascética; a aquél a despreciar las cosas corporales; a otro más lo hace apto para el martirio. Así, se manifiesta diverso en cada uno, permaneciendo él siempre igual en sí mismo, tal como está escrito: A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad.

Su actuación en el alma es suave y apacible, su experiencia es agradable y placentera y su yugo es levísimo. Su venida va precedida de los rayos brillantes de su luz y de su ciencia. Viene con la bondad de genuino protector; pues viene a salvar, a curar, a enseñar, a aconsejar, a fortalecer, a consolar, a iluminar, en primer lugar, la mente del que lo recibe y, después, por las obras de éste, la mente de los demás.

Y, del mismo modo que el que se hallaba en tinieblas, al salir el sol, recibe su luz en los ojos del cuerpo y contempla con toda claridad lo que antes no veía, así también al que es hallado digno del don del Espíritu Santo se le ilumina el alma, y levantado por encima de su razón natural, ve lo que antes ignoraba.

(*) De las catequesis de San Cirilo de Jerusalén, obispo. Catequesis 16: Sobre el Espíritu Santo.

En torno a tres grandes verdades es necesario orar

En torno a tres grandes verdades es necesario orar de modo especial al Espíritu Paráclito para que nos ilumine, y son: que nos haga conocer cada vez mejor la excelencia de nuestra vocación cristiana. Ser preferidos, ser elegidos entre una muchedumbre, y saber que esta predilección, que esta elección, ha sido hecha por Dios, sin ningún mérito nuestro, desde la eternidad, «ante mundi constitutionem», con el único objetivo de que seamos suyos en el tiempo y en la eternidad, es un misterio tan grande, y al mismo tiempo tan dulce, que el alma, por poco que lo penetre, no puede sino derretirse toda en amor.
En segundo lugar, pidamos que nos ilumine cada vez más sobre la inmensidad del premio eterno al que la bondad del Padre celestial nos ha destinado. La penetración de nuestro espíritu en este misterio aleja al alma de los bienes terrenos y nos vuelve ansiosos por llegar a la patria celestial.
Oremos, por fin, al Padre de las luces que nos haga comprender cada vez más el misterio de nuestra justificación, que de miserables pecadores nos lleva a la salvación. Nuestra justificación es un milagro inmensamente grande que la sagrada escritura compara con la resurrección del divino Maestro.
San Pío de Pietrelcina, 23 de octubre de 1914, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 197
Gianluigi Pasquale, 365 días con el Padre Pío.

Tú sabes, Dios mío, que yo nunca he deseado otra cosa que amarte

 

Tú sabes, Dios mío, que yo nunca he deseado otra cosa que amarte. No ambiciono otra gloria.

El amor llama al amor.

Por eso, Jesús mío, mi amor se lanza hacia ti y quisiera colmar el abismo que lo atrae. Pero, ¡ay!, no es ni siquiera una gota de rocío perdida en el océano…

Para amarme como tú me amas, necesito pedirte prestado tu propio amor. Sólo entonces encontraré reposo.

Jesús mío, tal vez sea una ilusión, pero creo que no podrás colmar a un alma de más amor del que has colmado la mía.

Por eso me atrevo a pedirte que ames a los que me has dado como me has amado a mí.

Si un día en el cielo descubro que los amas más que a mí, me alegraré, pues desde ahora mismo reconozco que esas almas merecen mucho más amor que la mía.

Pero aquí abajo no puedo concebir una mayor inmensidad de amor del que te has dignado prodigarme a mí gratuitamente y sin mérito alguno de mi parte.

 

Teresa de Lisieux, Historia de un alma. Burgos: Editorial Monte Carmelo, 1998. Manuscrito “C”. Cap. XI.

¿Entre todas las virtudes cuál exige mayor esfuerzo?

 (Le preguntaron los hermanos al abba Agatón Padre del desierto) «¿Entre todas las virtudes cuál exige mayor esfuerzo?».

 

Les dijo: «Perdónenme, creo que no hay trabajo igual al de orar a Dios. Cada vez que el hombre quiere orar, los enemigos se esfuerzan por impedírselo, porque saben que sólo los detiene la oración a Dios. En toda obra buena que emprenda el hombre, llegará al descanso si persevera en ella, pero en la oración se necesita combatir hasta el último suspiro»

 

(…..los padres del desierto, son hombres que vivieron en las soledades para encontrarse con Dios en el silencio).

abba Agatón durante tres años llevó una pequeña piedra en la boca hasta que aprendió a estar en silencio”…….

No lo sabes, pero ya estás

 

La vida que Jesús nos regala es así. Porque nunca acertaremos con nuestro mayor deseo. Sólo Él lo conoce y sólo Él puede y quiere darse a nosotros en modo inefable.

No dudes, acude. No importa que te demores un tanto: simplemente persevera y confía. No temas y deja que tus ángeles te acompañen siempre… 
 Las sombras de este mundo pasan o pasaron ya. Quizá no tengas las comodidades o las seguridades que quieren los hombres. No te detengas ni te atasques en pequeños engaños. Nada de eso. Persevera sin temor y con confianza. Lo tienes todo, aunque los necios no vean nada ni reconozcan nada.

Tu obra es Él; no las ocurrencias de virtuales analfabetos… Tus obras son, pues las Suyas. No te confundas, tienes más o más haces y no lo sabes… Tu Morada es el Corazón de Dios…

Alberto E. Justo