Somos milagros de Dios

Yo, Señor, soy un milagro de tu bondad, de tu sabiduría, de tu fuerza todopoderosa, pues tú me llamaste del no ser al ser; me has conservado hasta ahora en la existencia; pues, por tu misericordia y tu generosidad, por el amor con el que tu Hijo único nos amó, yo heredaré la vida eterna si soy fiel; porque, por este acto misericordioso en el que tú mismo te ofreces en sacrificio de tu Hijo, me levantas de la terrible caída y me rescatas de la perdición eterna. Glorifico tu bondad, tu poder infinito y tu sabiduría.

Lleva a término en mí, pobre pecador, este milagro de tu bondad, de tu fuerza todopoderosa y de tu sabiduría y, por los caminos que tú conoces, sálvame, a mí tu indigno siervo, y condúceme hasta tu Reino eterno, hazme digno de la vida que no envejece, del día que no tiene crepúsculo.

Juan de Cronstadt, Mi vida en Cristo.

Anuncios

Feliz día del niño

El niño es el tesoro más valioso de la vida. Es la esperanza de un mundo más humano, más justo, solidario y feliz.

Nuestro cuidado por un niño, hoy, se reflejará en el mundo de mañana.

Sin embargo la realidad de la niñez en nuestra sociedad es tan diversa, que va desde aquellos que viven en el seno de una familia bien integrada hasta los que en situación de calle tienen que enfrentar la adversidad.

El futuro de la niñez,  es cada día más incierto y se torna más terrible, basta ver la tv, los noticieros y los diarios.

La niñez en nuestros días es más vulnerable ante los embates de la sociedad que le llevan a sufrir por la violencia psicológica y física y hasta la económica ya que muchos no tienen para comer y sus padres no tienen trabajo.

Nuestra Sociedad y el mundo necesitan familias transmisoras de valores que les permitan aprender y reflejar el hombre y mujer que serán el día de mañana junto a un estado más presente,  real y concreto, en la necesidad y en el acompañamiento.

Los católicos tenemos una misión fundamental, estamos llamados  a revelar el legado de Cristo, que ha querido poner al niño en el centro del Reino de Dios: “Dejad que los niños vengan a mi, ….que de ellos es el reino de los cielos” (Mt 19, 14).

San Juan Pablo II, el Papa de la familia, decía que se les debe reservar una atención especialísima, de ser acogidos, amados, respetados y atendidos.

“Que el respeto al niño sea una urgencia singular, aún más, cuando el niño es pequeño y necesita de todo, está enfermo, delicado o vive con alguna discapacidad” (cf FC 26).

 Que nuestros niños crezcan  con alegría y aprendan el sentido de la vida y que les ayudemos  a crecer sanamente y santamente, infundiendoles buenos valores  y  así un día se conviertan  en adultos con metas y sueños, capaces de encarnar la solidaridad y la generosidad de Jesús para con los más pequeños.

feliz día del niño.!!! (JL)

 

 

Coronación de la Santísima Virgen Maria

María es la Reina del cielo y de la tierra, por gracia, como Cristo es su Rey por naturaleza y por conquista.

Ahora bien, así como el reino de Jesucristo consiste principalmente en el corazón o interior del hombre, según estas palabras: “El reino de Dios está en medio de ustedes”, del mismo modo, el reino de la Virgen María está principalmente en el interior del hombre, es decir, en su alma.

Ella es glorificada sobre todo en las almas juntamente con su Hijo más que en todas las creaturas visibles, de modo que podemos llamarla con los Santos: Reina de los corazones.

amemos y la Santísima Virgen María, y recibamos de sus manos las tantas gracias que Dios tiene para nosotros.

Si queremos realmente orar, debemos hacernos tiempo

Si realmente queremos orar, tenemos que darnos tiempo. Debemos adoptar un tempo humano, y empezaremos a tener tiempo para escuchar. Y tan pronto como escuchemos lo que pasa, las cosas empezarán a tomar forma por sí mismas.

Pero para esto tenemos que experimentar el tiempo de un modo nuevo… La razón por la que no nos tomamos un tiempo es la sensación de que tenemos que mantenernos en movimiento. Esto es una auténtica enfermedad. Hoy el tiempo es una mercancía, y para cada uno de nosotros es tiempo es una hipoteca… Debemos acercarnos a la idea del tiempo de un modo nuevo.

Vivimos en la plenitud del tiempo. Cada momento es un momento justo para Dios. Su kairos.

Todo se reduce a darnos a nosotros mismos en oración una oportunidad de darnos cuenta de que ya tenemos lo que buscamos.

No debemos correr detrás de ello. Siempre está allí, y si le damos tiempo se nos dará a conocer por sí mismo”

Thomas Merton

San Cayetano

Celebrar a San Cayetano (7 de agosto) es traer a la memoria y al corazón la realidad de un Dios Padre que quiere para nosotros el pan de cada día, como se lo pedimos en la conocida oración del Padre nuestro.

“Pan y trabajo” es el reclamo que nos atrevemos a poner en las manos de San Cayetano: “pan”, para que sosteniéndonos en esta vida nos dé la fortaleza para el trabajo; y el “trabajo humano” que nos haga experimentar que nuestra dignidad sigue intacta, y con el cual podamos amasar el pan para nuestro hogar.

Cuando entre nosotros queremos hacer mención de la bondad exquisita de alguien, solemos decir: “es un pan de Dios” o bien “es bueno como el pan”.

Bendecimos el pan antes de consumirlo para que ese pan, acariciado con la gracia de Dios, nos enseñe a ser pan bueno que esté siempre al alcance de quien más nos necesite. Si a nadie se le niega un trozo de pan, a nadie le escondemos la mano de nuestra ayuda generosa.

Pidamos, por la intercesión de San Cayetano, que no se ponga viejo el pan de nuestra vida, para que la frescura de lo que somos, alegre el corazón de Dios y a nuestro pueblo.

Bibliografía del Padre Claudio Bert (1964-2017)

 Un pan que nunca se termine y que alcance para todos

Nuestro deseo más hondo, la aspiración que sentimos es que todo el mundo pudiese tener siempre lo que necesita, lo que le hace feliz y pleno… Un pan que nunca se termine y que alcance para todos. “Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a Él”.

 La primera preocupación de Jesús es que nadie se muera de hambre. A Él lo inquieta el hambre del corazón humano que busca el pan del sentido de la vida misma…pero también el hambre material, que busca el pan de cebada para poder subsistir. La pregunta de Jesús al apóstol revela su preocupación: “¿dónde compraremos pan para darles de comer?”.

 Aprendamos la lección: Jesús no se escapa de la realidad y de las urgencias que son apremiantes. Se compromete y contagia a sus seguidores de esa compasión que Él siente por su pueblo.

Con cinco panes de cebada y dos pescados, si hay amor, lo poco se multiplica, y lo que era nada puede terminar siendo mucho. Otra lección: nunca digamos que ya nada hay por hacer, lo que se pone para compartir- aunque sea insignificante- que transformado y multiplicado por el amor.

Jesús frente a la realidad ora y reparte el pan. En esto se perfila la identidad del cristiano, es decir, en rezar y compartir. Si el cristiano sólo busca el compromiso social, la acción pragmática y operativa, el hacer…pero no alimenta su acción en la fuente de la plegaria constante, quedará vencido por el cansancio. Si un cristiano sólo prioriza el momento de la oración, del encuentro íntimo con su Señor, pero no es capaz de mirar por la ventana y salir a la calle para asistir al hermano necesitado, en él su oración quedará como vacía y seca de contenido.

Al final del relato, vemos que Jesús se separa de esa multitud que no lo busca sino por intereses demasiado personales, no buscan a Jesús buscan sus milagritos…Jesús se lo dirá con todas las palabras: “Ustedes me buscan porque han comido hasta saciarse. Trabajen no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la vida eterna…”

La gente sólo tiene ganas de comer, no quieren líos ni complicaciones…sin embargo, la propuesta de Jesús es que sólo fiándonos de su Persona –y eso es la fe—jamás tendremos ni hambre ni sed. “El que viene a mí…el que cree en mí…jamás tendrá hambre ni sed”, nos dirá Jesús.

Textos: Hechos 5, 34-42; Juan 6, 1-15

Padre Fundador Pbro, CLAUDIO BERT (1964/2017)

/

 

Si sufrís como conviene

 

Si sufrís como conviene, la cruz se os hará un yugo muy suave (Mt 11,30), que Jesucristo llevará con vosotros. Vendrá a ser las dos alas del alma que se eleva al cielo; el mástil de la nave que os llevará al puerto de la salvación feliz y fácilmente.

Llevad, pues, vuestra cruz con paciencia, y por esta cruz bien llevada, os veréis iluminados en vuestras tinieblas espirituales, pues quien no ha sido probado por la tentación, nada sabe (Sir 34,9).

Llevad vuestra cruz con alegría, y os veréis abrasados en el amor divino, pues «sin cruces ni dolor, no se vive en el amor» [Imitación de Cristo III,5,7].

Sólamente se recogen rosas entre las espinas. Y sólo la cruz enciende el amor de Dios, como la leña el fuego. Recordad aquella hermosa sentencia de la Imitación: «cuanta violencia os hiciéreis sufriendo con paciencia, tanto creceréis» en el amor divino [I,25,3].

Llevad vuestra cruz alegremente: encontraréis en ella una fuerza victoriosa a la que ningún enemigo vuestro podrá resistir (+Lc 21,15), y gozaréis de una dulzura encantadora, con la que nada puede compararse.

Sí, Hermanos míos, sabed que el verdadero paraíso terrestre está en sufrir algo por Jesucristo (+Hch 5,41). Preguntad, si no, a todos los santos: os dirán que nunca gozaron en su espíritu de tan grandes delicias como en medio de los mayores tormentos. «¡Vengan sobre mí todos los tormentos del demonio!», decía San Ignacio mártir [Romanos 5]. «O morir o padecer», decía Santa Teresa [Vida 40,20]. «No morir, sino sufrir», decía Santa Magdalena de Pazzi. Y San Juan de la Cruz: «padecer por Vos y que yo sea menospreciado» [decl. de su hno. Francisco]. Y tantos otros hablaron este mismo lenguaje, como leemos en sus vidas.

Creed a Dios, queridos Hermanos míos: cuando se sufre por Dios alegremente, dice el Espíritu Santo, la cruz es causa de toda clase de alegrías para toda clase de personas (+Sant 1,2).

¿no es la cruz la que dio a Jesucristo «un nombre sobre todo nombre, a fin de que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los infiernos» (Flp 2,9)?

La gloria de la persona que sufre bien es tan grande, que el cielo, los ángeles y los hombres, y el mismo Dios del cielo lo contemplan con gozo, como el espectáculo más glorioso. Y si los santos tuvieran algún deseo, sería el de volver a la tierra para llevar alguna cruz.

San Luis María Grignion de Montfort, Carta a los Amigos de la Cruz, 34.