El Sembrador. Bibliografia

“Este domingo el Señor de todos los descansos quiere serenarnos, pues ,aunque no se note, la semilla esta creciendo…Desde el bautismo las semillitas de la fe, la esperanza y del amor están en germinación constante. Por cierto que somos también corresponsales en el cuidado atento de esa vida embrionaria que Dios ha puesto en el surco del alma. El don de Dios, es decir, su gracia, se va convirtiendo lentamente en nosotros en ese manantial de agua viva, donde podemos abrevar muestra sed de eterna plenitud. Y esto es aunque persistan las dificultades, las tentaciones y problemas.”

Padre Fundador. Pbro.Claudio Bert. (Manantial de un corazón Sacerdotal).

 

Cuando rezo por los demás. Bibliografia

Muchas veces he dicho a la gente: rezaré por tí; pero ¿Cuántas veces he entrado de verdad en la realidad plena de lo que esto significa? Ahora ya sé que puedo entrar profundamente en el otro y rezarle a Dios desde su centro. Cuando verdaderamente llevo en lo más íntimo de mi ser a mis amigos y a todas las personas por las que rezo, y siento sus dolores, sus luchas, su llanto en mi propia alma; cuando salgo de mí mismo, por así decirlo, y me transformo en ellos, entonces es cuando siento compasión. La compasión está en el corazón de nuestra plegaria en favor de nuestros semejantes. Cuando rezo por el mundo, me convierto en el mundo; cuando rezo por las incontables necesidades de millones de seres, mi alma se ensancha y quiere abrazarlos a todos y llevarlos a la presencia de Dios.

Pero en medio de esta experiencia me doy cuenta de que la compasión no es mía, sino un don que Dios me ha dado. Yo no puedo abrazar al mundo, pero Dios sí. Yo no puedo rezar, pero Dios si puede rezar en mí. Cuando Dios se ha hecho uno de nosotros, es decir, cuando nos ha permitido a todos entrar en su vida íntima, nosotros hemos podido participar de su infinita compasión.

Cuando rezo por los demás, liberándome a mí mismo y convirtiéndome en el otro, me encuentro con el amor de Dios, que sostiene a toda la humanidad en un abrazo compasivo“.

 

Henri Nouwen, “Escritos esenciales”.

El Gran Amor de la Santísima Virgen María.


El amor de María no conoció límites y traspasó las fronteras de lo comprensible. Ella perdonó y olvidó las ofensas recibidas. Perdonó y olvidó la maldad y crueldad de Herodes que quiso dar muerte a su pequeño Hijo. Perdonó y olvidó las malas lenguas que la maldecían y calumniaban a causa de su Hijo. Perdonó y olvidó a los íntimos de Jesús cuando lo traicionaron. Perdonó y olvidó, en sintonía con el corazón de Jesús, a los que el viernes Santo crucificaron al que era el fruto de sus entrañas. Y también hoy sigue perdonando y olvidando a todos los que pecando continuamos ultrajando a su Divino Jesús.

¡Cuánto tenemos nosotros que imitar a nuestra Madre! Porque pensamos mucho más en nosotros mismos que en el vecino. A nosotros nos cuesta mucho estar atentos a las necesidades de los demás y echarles una mano para remediarlas. Nosotros no estamos siempre dispuestos a escuchar con paciencia a todo el que quiere decirnos y o pedirnos ayuda.

Son pocas las veces que  arrimamos el hombro para hacer más llevadera la carga de los que caminan a nuestro lado.

Nosotros en vez de amor, muchas veces irradiamos egoísmo. En vez de afecto y ternura traspiramos indiferencia y frialdad. En vez de comprensión y perdón, nuestros ojos y corazón despiden rencor y deseo de venganza. ¡Qué diferentes a veces de nuestra Madre del cielo!

Que María, la Virgen del amor, María del Buen Amor,  llene de ese Amor Verdadero nuestro corazón para que sea más semejante al suyo y al de su Hijo Jesucristo. 

En el último día del mes del Sagrado Corazón. Bibliografía

AMAME TAL COMO ERES

Conozco tu miseria, conozco los combates y tribulaciones de tu alma, la fragilidad y las enfermedades de tu cuerpo. Conozco tu cobardía, tus pecados, tus desfallecimientos. Pero a pesar de todo te digo: Dame tu corazón, ámame como eres.

Si esperaras ser un ángel para amar, no me amarías jamás. Aun cuando recayeres a menudo en las mismas faltas, que quisieras no haber cometido nunca, aun cuando fueras cobarde en la práctica de la virtud, no permito que me niegues tu amor.

Ámame como eres: a cada instante, y en cualquier situación en que te encuentres. En el fervor o en la aridez espiritual, en la fidelidad, y hasta en la misma infidelidad.

Ámame, tal como eres. Quiero el amor de tu corazón menesteroso. Si para amarme esperaras ser perfecto, nunca me amarías. ¿No podría Yo hacer de cada grano de arena un radiante serafín, lleno de pureza, de nobleza y de amor? ¿No podría Yo, con el menor designio de mi Voluntad, hacer surgir de la nada miríadas de santos, mil veces más perfectos y más encendidos en amor que los que he creado? ¿No soy Yo omnipotente? ¿Y si quisiera dejar para siempre en la nada a esos seres maravillosos, y preferir a ellos tu pobre amor?

Hijo mío, déjame que te ame. Quiero tu corazón. Quiero formarte. Pero mientras tanto, te amo como eres. Y anhelo que tú hagas lo mismo. Deseo ver desde el fondo de tu miseria, elevarse, crecer tu amor. Amo en ti hasta tu misma debilidad. Amo el amor de los imperfectos. Quiero que, desde tu indigencia, se eleve continuamente este grito: “Señor, te amo”. Es el canto de tu corazón que más me agrada. ¿Necesito, acaso, tu ciencia, tus talentos? No son tus virtudes lo que busco. Si te las concediera, tu amor propio pronto las debilita. Por ello no te inquietes.

Hubiera podido destinarte a grande cosas. Pero no: Tú serás el servidor inútil. Acepto de ti lo poco que tienes. Yo te he creado para  el amor. ¡Ama! El amor te impulsará a realizar lo que hayas de hacer, aun sin que lo pienses. No pretendas otra cosa sino llenar de amor el momento presente.

Hoy me tienes a la puerta de tu corazón como un mendigo, a Mí, el Señor de los señores.

Llamo y espero. Apresúrate a abrirme. No alegues tu miseria. Si conocieras plenamente tu indigencia, morirías de dolor. Lo único que puede herirme el corazón será verte dudar y carecer de confianza.

Quiero que pienses en Mí cada instante del día y de la noche. No hagas nada ni la acción más insignificante, si no es por amor.

Cuando tengas que sufrir Yo te daré mi gracia. Tú me has dado el amor. Yo te daré un amor tan grande como jamás podrías soñar. Pero no te olvides: Ámame tal como eres. Y no esperes ser santo para entregarte al Amor. De lo contrario, no amarás jamás.

La Oración…..El compromiso de la Obra……Bibliografia

 


“Las oraciones, en fin, además de la lectura, hacen el ánimo más joven y más maduro, ya que le mueven al deseo de poseer a Dios. Es bonita la oración que hace más presente a Dios en el alma. Precisamente en esto consiste la presencia de Dios: en tener a Dios dentro de sí mismo, reforzado por la memoria. De este modo nos convertimos en templo de Dios: cuando la continuidad del recuerdo no se ve interrumpida por preocupaciones terrenas, cuando la mente no es turbada por sentimientos fugaces, cuando el que ama al Señor está desprendido de todo y se refugia sólo en Dios, cuando rechaza todo lo que incita al mal y gasta su vida en el cumplimiento de obras virtuosas.”

San Basilio el Grande

En la sede de la Fundación los Servidores y Fieles se reunen a rezar, los días miércoles y Viernes a partir de las 1630hs. 

Martirio de los Apóstoles Pedro y Pablo. Bibliografia

Pedro“Tres cosas son pues, las que debemos considerar con diligencia en las festividades de los santos: el auxilio del santo, su ejemplo y nuestra confusión. El auxilio suyo, reflexionando que el que fue poderoso en la tierra es más poderoso en los cielos ante el rostro del Señor Dios suyo. Pues si cuando aun vivía en la tierra tuvo misericordia de los pecadores y oró por ellos, ahora, cuanto más verdaderamente conoce nuestras miserias, tanto con mayor interés ora por nosotros al Padre, porque aquella dichosa patria no inmutó su caridad, sino que la aumentó. Ni por haberse hecho enteramente incapaz de padecer, se ha incapaz de compadecerse, sino que ahora más bien se viste las entrañas de misericordia cuando asiste ante la fuente de la misericordia.

(…) Debemos atender también a su ejemplo, porque mientras moraron en la tierra y conversaron con los hombres, no declinaron a la diestra ni a la siniestra, sino que anduvieron siempre por el camino real hasta llegar al encuentro de aquel Señor que dice: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Mirad la humildad de sus obras y la autoridad de sus palabras, y entonces veréis cómo así con el ejemplo como con la palabra lucieron entre los hombres; veréis cuáles son las huellas que dejaron para que caminemos por ellas y no erremos. Verdaderamente, según el profeta: La senda del justo es recta, recta es la calle del justo para andar.

Pero también si con diligente atención miramos estas virtudes nos llenaremos de confusión, porque los santos fueron Pablohombres semejantes a nosotros, pasibles, formados del mismo barro de que nosotros somos formados. ¿En qué consiste, pues, que creemos no sólo difícil, sino imposible hacer las obras que ellos hicieron y seguir sus pisadas? Confundámonos, hermanos, y temblemos a vista de sus ejemplos, por si acaso esta confusión nos trae consigo la gloria, y este temor engendra en nosotros la gracia. Hombres fueron éstos que nos precedieron y que tan admirablemente procedieron por los caminos de la vida, que apenas acertamos a creer que fueron hombres. Así, pues, en la solemnidad de los santos debemos alegrarnos y confundirnos; alegrarnos, porque van delante de nosotros nuestros patronos; confundirnos, porque no sabemos imitarlos”

San Bernardo, Sermón en la Vigilia de los Santos apóstoles San Pedro y San Pablo

Todavía no me conocen?…Bibliografía

 “Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen?”- tal vez donde leemos “Felipe”, cada uno deba poner el nombre propio. Y entonces, la exclamación del Señor con tono interrogativo, nos llega como palabra llena de espíritu y de vida que nos hace caer en la cuenta de cuánto camino nos falta recorrer.

Quizá hemos acumulado un buen caudal de conocimientos sobre el fenómeno religioso, sobre cuestiones teológicas, y estemos actualizando constantemente nuestra base de datos. Pero la pregunta del Señor versa sobre ese conocer interno y experiencial; el conocimiento que no llega a base de libros ni de tesis doctorales; es el conocernos fruto de un encuentro que se profundiza con el tiempo, y nos aproxima vitalmente a Aquél que siempre es mayor que el pensar y nuestra conciencia.

En el “todavía” de Jesús se amalgama la pena de su Corazón que aún no ha sido descubierto por aquellos que le son tan familiares, y la seguridad de que llegará la luz necesaria, que despabilará nuestra mirada, para ver lo que nuestros ojos aún no se atreven a mirar. Se necesita una dosis de humildad para dejarnos interpelar por ese “todavía” de Jesús, y quedarnos en el silencio del que se inclina y reconoce la grandeza de su interlocutor.

 “Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré”. Sin vueltas ni rodeos de palabras, la sentencia de Cristo nos dilata nuestra capacidad de pedir, y nos otorga la garantía de que en Su Nombre- a su sola Firma- el pedido se convertirá en una acción Suya, que condesciende a nuestra frágil humanidad para levantarnos. “No a nosotros, Señor, sino a tu Nombre da lo gloria” (Salmo 113b), es decir, estamos en ese “yo lo haré” del evangelio. La fe es la seguridad de que Él lo hará en favor nuestro, como lo hizo en favor de tantos pequeños y de la gran pequeña María Santísima: “porque el Poderoso ha hecho grandes obras por mí…Él hace proezas con su brazo…” (cfr. Magníficat).

A quienes puedan y deseen participar de la gracia que nos hace el Señor Eucarístico,  los exhorto a que se acerquen con una fe en alza y atrevida, que siente en carne viva la carencia de lo que pide, y no pide por pedir. Los bendigo desde el Corazón de la Santísima Virgen,

 

Padre CLAUDIO BERT